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Memoria

Astrid Barnet: amor al arte escondido en letras y palabras

Hay personas que al verlas impactan por la positividad que irradian y se proyectan como si fuesen amigos entrañables que han dejado de verse durante un largo tiempo. Esa fue la sensación que recibí al encontrarme por primera vez con Astrid Barnet, hace algunos años, en la casa central de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), en el Vedado capitalino.

Fue reconocida por su labor como reportera en diferentes medios y muy particularmente su trabajo en Cubarte, el portal de la cultura cubana, además de su colaboración en publicaciones en temas de índole económicos, políticos, culturales, científicos o de la solidaridad. Siempre obtuvo en sus líneas una alta calidad profesional lograda por sus estudios en la Academia y la práctica en la vida.

Para la avezada reportera las 24 horas del día eran insuficientes para cumplir con su agenda, siempre cargada.
Era presencia cotidiana en actividades o eventos en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) , el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos ( ICAP), en el Centro de Estudios Martianos, en Casa de las Américas, en las coberturas de prensa en la Feria Internacional del Libro (FIHAV). Ella era experta en escudriñar la información de mayor interés para los lectores.

Astrid tenía un “ángel” como suelen describir algunas personas al referirse a otras que poseen un encanto especial.

Su trato afable, su actuar educado, su amor por Cuba y por la Revolución, estarán siempre presentes en todos aquellos que tuvimos el privilegio de conocerla. Siempre recordaremos su actitud consecuente al abrazar el periodismo, del que nunca se desligó, incluso enferma, pues amó el arte escondido en letras y palabras hasta su último suspiro.

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