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Soñemos que Pablo regresa

Miguel Ángel Castiñeira

¿Será posible que justamente en 2021, cuando se cumplen 120 años del natalicio de nuestro Pablo de la Torriente Brau, aparezcan sus restos mortales en España, sus restos desoldado-no-tan-desconocido que cayó en el frente a poco de llegar de Nueva York a reportar, primero, y a apoyar a las Tropas Republicanas, después, en una Guerra Civil que mantuvo en vilo al mundo entre los años 1936 y 1939?

Algunos dicen que sí. Algunos esperan ese milagro no exento de coincidencias, que puede traernos al periodista bajo la forma de buena noticia.

Porque Pablo fue —y es preciso recordarlo— gran periodista. De ello da cuenta su Realengo 18, además de la enorme cantidad de excelentes reportajes que publicó tanto en Cuba como fuera de Cuba. Porque Pablo fue—y es preciso recordarlo— un verdadero Revolucionario. No en el sentido de arrastrar cualquier cosa hacia cualquier parte, sino de entregar “todo su fuego” a la más justa de las causas: la de cambiar todo lo que debe ser cambiado de la manera en que debe ser cambiado.

Por eso y porque, además, es preciso recordarlo, así, a secas, hay quien espera la llegada de sus restos a Cuba este año, cuando se cumplen 120 de su natalicio.

Y no es para menos: “después de seis décadas de sostenido batallar para recuperar a Pablo—escribió Esther Barroso Sosa—, nunca se estuvo tan cerca de lograrlo como en estos días. Justo desde el 28 de abril de 2021, una vez que la excavadora rompió el primer trozo de pavimento en el cementerio catalán (Montjuïc), el sueño de las hermanas del héroe y del intelectual y diplomático Raúl Roa García pareció sacudirse de sus innumerables obstáculos y volverse voluntad cumplida”.

El mismo día 28 de abril, El País de Catalunya anunció la noticia de la excavación, y recordó que Pablo “murió en combate en la conocida como batalla de la niebla, en Majadahonda (Madrid)”. Que “fue enterrado primero en el cementerio de Chamartín de la Rosa pero sus familiares querían trasladar el cuerpo a Cuba (…). La única opción que tuvieron fue la de embalsamar el cuerpo y trasladarlo a Barcelona con la intención de repatriar el cadáver en un barco”.

Como la guerra complicó el operativo—continúa el artículo de El País de Catalunya—, Pablo “fue enterrado provisionalmente, el 13 de junio de 1937, en el nicho 3.772 de la vía de Sant Oleguer”. Sin embargo, la victoria de Franco impidió el regreso y sus restos terminaron en una fosa común que, hasta el día de hoy, nadie sabe a ciencia cierta en qué lugar del cementerio se encuentra.

Aunque el convenio suscrito por el Consulado de Cuba, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitad, incluye declaraciones de testigos que aseguran que los restos pueden encontrarse en un patio adyacente, a unos metros de la misma hilera de nichos, el comisionado de programas de memoria del Ayuntamiento, Ricard Vinyas, advirtió que esa zona del cementerio en la que se suponía estuvieran los restos de Pablo sufrió “cambios y movimientos de tierra entre los años cincuenta y sesenta”, y así lo comentó Silvia Angulo en un texto publicado en La Vanguardia, Barcelona.

Hace apenas unos días, la certeza de que la búsqueda había fracasado hizo recordar a más de uno las palabras de Pablo a Miguel Hernández cuando en plena Guerra Civil Española le dijo, como quien lanza una profecía: “Me quedaré en España, compañero”.Todavía se piensa que las actividades de excavación podrían continuar, con todo y que las expectativas del regreso hayan disminuido considerablemente y que el pasado 12 de mayo la Consejería de Justicia de Cataluña haya declarado, como recuerda Esther Barroso, “que no se llevará a cabo una nueva perforación porque no existen otras hipótesis sobre el lugar de entierro de los restos del intelectual”.

No obstante, algunos soñadores se empeñan en creer que sí. Que sí regresará. Algunos soñadores que quieren que Pablo de la Torriente vuelva, justamente este año, a 120 de su natalicio.

Soñadores que esperan un milagro no exento de coincidencias, que puede traernos al periodista, finalmente, bajo la forma de una buena noticia.

(Tomado de www.centropablo.cult.cu)

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