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PERIODISMO DEPORTIVO

Darcourt, no descanses en paz

Tuve el honor de despedir el duelo de José Modesto Darcourt a pedidos de su familia y de destacados hombres del béisbol, Pedro Chávez y Rodolfo Puente, entre otros. Antes, en la capilla del Cementerio de Colón, el cura demostró saber quién era el recién fallecido. Incluso, antes de lo inherente a lo sacerdotal, contó algunas anécdotas referentes al pelotero e hizo hincapié en aquella ocasión en que uno de nuestros más brillantes zurdos exigió lanzarle a Kindelán en situación complicada, y lo dominó. Eso sí: no me gustó que el religioso pidiera que descansara en paz.

Al iniciar mis palabras dije: “Chiqui, no descanses en paz. Nos haces falta. Tienes mucho que hacer todavía. Ni siquiera el dolor físico evitó que enseñaras los secretos del box, casi hasta tus últimos momentos, a niños, adolescentes y jóvenes de La Habana del Este esperanzado en que dieran también lo mejor de ellos en las aulas, en el barrio, en el hogar. Lógico en ti, José Modesto: amor, voluntad, entrega vencían el desasosiego, las lesiones- no solo las del cuerpo-, sin que el rencor te invadiera”. Por ahí continué. Sus actitudes óptimas hacían falta. No debía llevárselas. Debían mantenerse vivas.

Me alimentaba aquella entrevista realizada por Reinaldo Wossaert publicada por Tribuna de La Habana el 26 de febrero de 2006 en la que el atleta expresara: “Por aquella época podíamos ser del Cuba pero no dejábamos de jugar en la provincial… Nos entregábamos por completo. Defender la camiseta del territorio o el organismo que representábamos, era como estarlo con el Cuba, de ahí la calidad y el espectáculo que se brindaba”.

Alguien había comentado en los salones de la funeraria: “Un conjunto de las Grandes Ligas intentó contratarlo y él, sin mucho lío, dijo no. Ya tú ves, hubo individuos que lo trataron mal, hasta sospecharon…”. Esclarecí: “Nunca confundió a esos tipos con la patria; hubo quien prefirió emborracharse de tequila, todo un alcohólico emigrante; otro se rajó cuando parecía un zar de la pelota; de extremo rojo pasó a rosadito hasta que perdió todo el color. ¡Infames! ¿Cómo iban a forjar a sus pupilos?

En una conversación te califican como un quinto hombre en el cuadro, el uno entre los lanzadores fildeando. El pítcher aclaraba: “…nunca lo hice por sobresalir. Ese es mi temperamento”. De fuerte personalidad, rompía esquemas. No era perfecto: cará, ¿quién lo es? Muchas veces quien gruñe furibundo por tanta perfección, posee más defectos que los atosigados.  Si Darcourt se pasó alguna vez,  jamás abrazó una indisciplina antihumana. Era leal, decente, patriota.

Las opiniones sobre su depurada defensa me importaron menos, a pesar de su objetividad, que lo sucedido después. Ayudé a una anciana a acercarse al ataúd. Con un bastón apoyaba su andar cansino. ¿Cómo habrá podido subir las escaleras de la funeraria de Calzada y K? A mi pregunta de ¿cómo se ha arriesgado usted a llegar hasta aquí?, mientras la sentaba en uno de los butacones, respondió: “No soy industrialista, nací en Santiago y ese es mi equipo. Pero, tenía que venir a decirle adiós a un rival muy digno, a un pelotero de vergüenza. ¡Ay, Darcourt…!” Y hubo lágrimas.

Estuvieron, junto a su familia, entre tantos que le quieren, Ramiro, su entrenador inicial; el valor hecho pelotero: Pedro Chávez, su primer manager en el mayor nivel, cuando alineaba con Constructores; Puente, Padilla, Antonio González, Valle, Verde, Anglada, Javier, Reinoso,… Aurelio Prieto Alemán llegó al alma del pueblo desde la TV con su crónica sobre él.

De nuevo  rememoro el diálogo tribunero. Acerca de su mayor amargura en el deporte confesó: “...fue durante la temporada de 1982, cuando gané 12 partidos y perdí dos, y no hice el Cuba. Tras los hechos ocurridos con mi equipo del 81, pusieron en dudas mis condiciones revolucionarias, deportivas. Y eso me afectó tanto que nunca más logré integrar el equipo grande”.

Entonces, hablo con Chiqui. Observa a esta viejecita de vestimenta sencilla. Ya está a tu lado. “Quiero a la pelota y a los azules con el alma. Y él me dio tantas alegrías;  muy valiente, muy bueno. Si todos fueran así, sobre todo, ahora, cuando sufro mucho por las cosas feas que pasan en nuestros estadios”.

Jamás podrán despertar estos sentimientos lo señorones de la doble moral, los entrenadores que sitúan lo atlético por encima de la virtud, ni aquellos que sucumben ante Don Dinero y aunque el gran pecado lo poseen los gringos, porque pagan por pecar, los rajados son pecadores también aunque pecan por la paga. Fidel lo señaló: “El atleta que abandona a su delegación es como el soldado que abandona a sus compañeros en medio del combate”. (7 de agosto de 2007)

Acompáñanos en la batalla contra los que quieren destrozar nuestra identidad, las raíces verdaderas y los retoños auténticos; contra los fortalecedores de discriminaciones, gente que divide o se aferra a dogmas desde la malignidad o de una ignorancia que la ayuda, están los que se venden.

José Modesto Darcourt, aquí nunca le daremos cuatro malas a la maldad: lanzaremos con esa inteligencia y ese coraje tuyos.  El equipo va a responder. ¿Cómo no hacerlo si en este juego nos va la libertad? Con el recuerdo de lo mejor de ti nos tienes que fortalecer.  No, no puedes descansar.

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