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José Mayo y sus libros escritos desde la combatividad

El periodista e historiador José Manuel Mayo, autor del libro testimonial Los Niños Héroes de Playa Girón, lo vivió primero: fue uno de aquellos adolescentes y jóvenes convertidos en artilleros contra los invasores en abril de 1961. La amistad -la hermandad realmente- que nos une comenzó en la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, donde era secretario general de mi comité de base de la UJC, y el instructor político en el curso militar que pasamos durante la carrera.

La combatividad no la limitó al enfrentamiento a los mercenarios. Ganó mi admiración y aprecio por su ejemplaridad como estudiante, reflejado en las notas y sus intervenciones en las clases y otras actividades docentes. Sobresalió en las prácticas en El Mundo, entregado al centro con ese objetivo. El diario resultó confeccionado por los pichones de periodistas durante once meses, hasta que elementos contrarrevolucionarios incendiaron su local en Virtudes y Águila, rescatado posteriormente. No se pudo salvar su archivo fotográfico con tanto de historia y de arte.

Mayito estuvo en la vanguardia de la lucha contra la mala actitud ante el estudio y el quehacer en el periódico. Fustigó el florecimiento del individualismo por encima del apoyo a quienes presentaban más problemas, el soslayamiento de los equipos, la flojedad en el trabajo voluntario y las actividades en la que nuestra Facultad, la de Letras, usaba parte de las vacaciones, incluso con misiones en lugares intrincados del país, adonde llevamos actuaciones teatrales, conferencias, apoyo a su prensa y las instituciones artísticas.

Su verbo era contundente contra la blandenguería ideológica en una fase donde existían individuos en la propia Facultad, opuestos a la lucha armada y al Che, llegaban a acusarlos de ser los motivadores de la tercera guerra mundial y hasta se ponían a favor de los conceptos de algunos visitantes e intentaban contrarrestar nuestras respuestas, en medio de la propia conferencia revisionista que nos sonaban dichos personajes. Hubo quien nos censuró por haberles faltado el respeto a los invitados. La mayoría de aquellos flojos terminó en sitios infestos, aunque ya tenían el corazón allá.

Después de graduado, mi colega creció en sus textos y en la vida. Seguía siendo un luchador  de primera línea contra el quehacer enemigo, fuera directo o indirecto, sin tardar en darle contestación. Ni hablar de comulgar con la maldad. Ah, no es un hombre perfecto. ¿Quién lo es? A veces, abrazado de la pasión, cayó en lo intáctico, se le fue la mano. Pero el contenido casi siempre partía de verdades.

En una oportunidad quisieron sancionarlo por liarse a golpes con un descarado que denostaba de la Revolución y de Fidel en medio de una redacción. A algunos de sus detractores les han inventado glorias y hermandades hermosas, a pesar del amiguismo demostrado, (demasiado por los gusanos), sus destrozos por el exceso de bebidas alcohólicas y el uso de su cargo a favor de familiares. No es de extrañar que muchos de estos se quitaran la careta y vivan en Miami, desde donde nos atacan. Ente ellos, el de la bronca: seleccionado para cubrir una importante  reunión en Estados Unidos, se quedó allí. Varios de sus defensores y escogedores prefirieron el mismo sendero.

Mayito, elegido delegado en su territorio, combatió lo mal hecho, las ilegalidades. Por esa posición, sufrió una traicionera agresión que lo envío hacia el hospital. Restablecido, volvió a la lidia. Ha sido profesor en los espacios universitarios y del Partido en su municipio, Plaza de la Revolución, en la búsqueda esencial de que sus discípulos y discípulas sean mejores seres humanos.

Entre sus obras publicadas hay tres de temas atléticos: El judo en Cuba, El kárate-do en Cuba y El mundo de las artes marciales; lo condujeron a ingresar en el sector deportivo de la Unión de Historiadores de Cuba. Es de su autoría también La guerrilla se vistió de Yarey, En la guerrilla junto al Che y ¿Cómo era el Che?, esta, la más reciente, con diversas presentaciones exitosas a  mediados del 2000. Mi hermano Mayo tal vez se disguste por tantas líneas dedicadas a él. Que se serene: en la tormentosa etapa que vivimos, necesitamos revelar la vida de intelectuales que mantienen vibrando en el alma al Guerrillero Heroico.

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