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COLUMNISTAS

Rusia en 2020: Un manejo efectivo de la crisis (II)

III

En el caso de Rusia, el país entró relativamente más tarde que otras naciones a lidiar con los padecimientos de la pandemia de la COVID 19.

Para empezar, el país tuvo que recuperar parte de lo logrado en la época de la URSS, ya que los sistemas de salud pública de entonces sufrieron las consecuencias de una desastrosa política neoliberal y los servicios públicos sufrieron un deterioro notable, que solo ha sido mitigado parcialmente por la política sanitaria del gobierno de Putin desde el año 2000.

En efecto, a partir de las medidas adoptadas en años recientes, el gasto público dedicado a la salud de la población alcanzó anualmente un 8,2% del gasto del gobierno y 5,3% del PIB, se dispone de más de 600 mil médicos y 1,3 millones de personas como personal sanitario auxiliar, para un índice de 40,1 y 86,2 por 10 mil habitantes.

No obstante, un grupo de indicadores de la salud en la población no son buenos ya que la esperanza de vida al nacer es de solo 72 años (66,4 años en los hombres y 77,2 en las mujeres); 49 millones 464 mil personas padecen de enfermedades respiratorias (33,7% de la población); sufren de presión arterial elevada el 35% de los hombres y el 29% de las mujeres mayores de 18 años; el tabaquismo afecta el 58,3% de los hombres y el 23,4% de las mujeres y el consumo de alcohol continua siendo elevado, 18,7 litros per cápita anualmente en los hombres y 5,8 litros en las mujeres.

Como consecuencia de estos padecimientos el riesgo de muerte prematura entre 30 y 70 años es de 37% en los hombres y de 16% en las mujeres.[1]

Una vez conocida la existencia de la COVID-19 en diciembre del 2019, las autoridades rusas comenzaron a aplicar medidas de contención, las que se aceleraron con el  primer caso de contagio de la enfermedad, el que  fue reportado el 31 de enero. Progresivamente las autoridades cerraron la frontera con China y los países europeos; establecieron la auto-cuarentena obligatoria para personas provenientes de otros países y personas en riesgo; se cerraron escuelas, teatros e instalaciones deportivas, al tiempo que se alentó el trabajo a distancia, el aislamiento social y el uso del nasobuco.

La paralización de las actividades económicas no esenciales se estableció desde el 1º de abril hasta el 12 de mayo, aunque con algunas diferencias por regiones.

En general el programa para enfrentar la pandemia, desde el punto de vista sanitario, contempló tres tipos de medidas fundamentales: Cerrar las fronteras; aislar los grupos de población más vulnerables y desarrollar pesquisas masivas para asegurar la detección temprana de la enfermedad.[2].

A ello se añadió el desarrollo de medicamentos propios para frenar el coronavirus. Al respecto se informaba que entraron al mercado ruso unos 500 nuevos medicamentos para el tratamiento de la COVID-19. Este proceso llevó a la creación de una primera vacuna denominada Sputnik V la que se encuentra ya aplicándose en Rusia y ha sido contratada su compra por otros países. La misma presenta una efectividad superior al 95%.

A partir del 1º de julio, 81 de las 85 regiones del país comenzaron a reabrirse. Según el resumen elaborado por el FMI[3], “Los criterios para levantar las restricciones en regiones específicas incluyen las tasas de infección, la disponibilidad de camas de hospital y la capacidad de realizar pruebas.”

No obstante, a pesar de las medidas sanitarias adoptadas, un repunte de la COVID 19 golpeó a Rusia a partir de septiembre.

Como resultado del enfrentamiento a la pandemia, a la altura del 27 de diciembre del 2020, resultaban positivas ya 3 105 037 personas, de los cuales se habían recuperado 2 496 183 el 80,4% de los enfermos y habían fallecido 55 827 personas, el 1,8% de los casos detectados.[4]

De acuerdo a lo anterior, resalta como siendo Rusia uno de los países con mayor número de casos registrados para un índice de 265.85 por 100 mil habitantes en los últimos 14 días, tenga una tasa de letalidad de 368.39 por millón de personas según datos compilados hasta la fecha señalada, con un enfrentamiento a la enfermedad que ha sido eficiente, incluso  si se le compara con países más desarrollados como EE.UU., con un índice de enfermos de 854.85 por 100 mil habitantes en los últimos 14 días, con una de letalidad de 1 017 por millón de personas. [5]

En otro orden de cosas, el gobierno preparó un Plan Nacional de Recuperación Económica de unos 46 000 millones de dólares para conducir la economía a través de la reapertura y en un camino de crecimiento constante, el cual se presentó en el mes de mayo. “De acuerdo con el primer ministro Mijail Mishustin, el plan debe cumplirse antes de finalizar el 2021 y tendrá como objetivo crucial el incremento de los ingresos reales de la población, la reducción de la pobreza y un incremento sostenido de la economía.”[6]

Desde el punto de vista macroeconómico las medidas adoptadas por el gobierno para mitigar los efectos de la COVID-19 abarcaron un amplio conjunto de disposiciones en el orden presupuestario y fiscal, así como en el orden monetario y financiero.[7]

En lo referido a las prestaciones brindadas por el Estado y las decisiones en el orden presupuestario y fiscal para compensar los efectos de la COVID-19, se estima que costaron un estimado del 3,4% del PIB, cubriendo desde compensaciones personales a los sectores más sensibles, hasta subsidios para aerolíneas, aeropuertos, fabricantes de automóviles y otros sectores.

En el orden monetario y financiero las principales medidas adoptadas abarcaron desde el otorgamiento de fondos de préstamos extraordinarios para personas naturales y jurídicas, hasta flexibilización en la política monetaria y financiera del Banco Central de Rusia.

IV

Desde el punto de vista económico, las perspectivas macroeconómicas de Rusia –una vez que se logre superar el impacto de la COVID-19 este año- están sometidas a una elevada incertidumbre, situación que también se presenta para el resto del mundo.

En efecto, mientras que bajo el supuesto de una superación total del efecto de la pandemia en el 2020, se muestra un escenario por el Banco Mundial[8] y el FMI[9] donde el crecimiento del 2021 y 2022 ya se comentó anteriormente. No obstante, se ha estado manejando por el FMI la posibilidad de un rebrote de la COVID-19 a inicios del 2021, con tasas de crecimiento negativas en 2020 (-5,5%) y en 2021 (-3,9%).

Por su parte, las previsiones del gobierno ruso en noviembre apuntaban a un crecimiento en el 2021 del 3,3%, con precios del petróleo en torno a 35 USD x barril; mientras que para el 2022 el pronóstico fijaba el crecimiento en 3,4%, con precios del petróleo sobre 45 USD x barril y un 3% en el 2023.[10]

No obstante, como se señala correctamente por muchos especialistas, si bien la economía rusa no se encuentra al borde de un colapso y cuenta con importantes reservas materiales y financieras, se prevén años de lentos ritmos de crecimiento, los que enfrentarán mayores dificultades en función de la lenta recuperación de los precios del petróleo y de las sanciones impuestas por Occidente, a lo que se suman los efectos de la COVID-19, pero sobre todo por la ausencia de cambios estructurales decisivos para el avance de la economía, los que resultan más urgentes en estos momentos.

En la perspectiva los obstáculos estructurales más graves que enfrenta el país se siguen concentrando en la alta dependencia de los precios del petróleo, producto que explica entre el 55 y el 60% de los ingresos por exportación; el volátil equilibrio fiscal, cuyo déficit presupuestario puede nuevamente incrementarse si se reducen los ingresos fiscales o se incrementan los gastos militares; la visible vulnerabilidad financiera externa, que se refuerza con los limitados flujos de inversión extranjera, la fuga de capitales y el endeudamiento del sector privado y todo esto se ve intensificado por un elevado nivel de corrupción, burocracia e inseguridad en los negocios que aún persiste,[11] con una economía sumergida que genera entre el 15 y el 20% del PIB y abarcaba hasta el 21% de los trabajadores, como ya se señaló.

Finalmente, en enero del 2020 se anunció el inicio de una profunda reforma política para introducir cambios en la Constitución, los que fueron aprobados en un referendo popular por más del 77% de la población recientemente. Esta decisión de Putin –que le permitirá continuar como candidato a la presidencia del país en el 2024- llevó aparejada a la renuncia de Dimitri Medvedev como primer ministro y la del consejo de ministros en pleno. Medvedev fue designado para ocupar de la vicepresidencia del consejo de seguridad de Rusia y se nombró un nuevo primer ministro –Mijail Mishustin- anteriormente a cargo del Ministerio de Hacienda del país.[12]

Cierre de información: Diciembre 30 de 2020.

Notas bibliográficas

[1] Ver Cuba Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas. (CNICM) Biblioteca Médica Nacional. Rusia. Indicadores de Salud. Enero 2020. Disponible en:http://files.sld.cu/bmn/files/2020/01/factografico-de-salud-enero-2020.pdf

[2] Ver Sputnik Op. Cit.

[3] Ver IMF “Policy Responses to COVID-29” December 16 2020 en www.imf.org

[4] Ver www.stopcoronavirus.rf. (2020).

[5] Ver World Health Organization (WHO) (2020) “WHO Coronavirus Disease (COVID-19) Dashboard” December 29 2020 en www.covid19.who.int

[6] Ver Prensa Latina“Rusia presenta plan de restablecimiento económico por el coronavirus” Mayo 28 2020 enwww.prensa_latina.cu y World Bank Op. Cit.

[7] Ver IMF Ibid.

[8] Ver World Bank  “Russia Economic Report Nº 44 December 16th 2020 en www.pubdocs.worldbank.org

[9] Ver IMF World Economic Outlook. October 2020” en www.imf.org

[10] Ver La Vanguardia “Rusia entra en recesión tras caer su PIB un 3,6% en el tercer trimestre” Noviembre 12 2020 en www.lavanguardia.com

[11] El gobierno ha venido dando pasos para combatir la corrupción y la burocracia, pero todavía no se aprecia un avance importante en este sentido.

[12] Ver BBC “Quién es Mijail Minshustin, el desconocido Nuevo primer ministro de Rusia nombrado por Putin” Enero 16 2020 en www.bbc.com

José Luis Rodríguez
José Luis Rodríguez
Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue Ministro de Economía de Cuba.

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