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Grandes maestros del periodismo entre los fundadores de la televisión cubana (II)

Periodistas de prestigio como los ya mencionados maestros Juan Emilio Friguls y  Evelio Tellería, junto con locutores de probada profesionalidad, entre ellos Roberto Canela, Adolfo Piñeiro y Díaz del Castillo, también asumieron los espacios informativos de la televisión a color, la cual comenzó en Cuba el 19 de marzo de 1958, cuando Gaspar Pumarejo hizo realidad uno de sus más acariciados anhelos.

El experto productor de programas televisuales Eugenio Pedraza Ginori, conocido como Yin, asegura que “para esta empresa recibió financiamiento y apoyo oficial de Fulgencio Batista, interesado en impulsar a los competidores de sus enemigos, los hermanos Mestre. Según se sabe, aunque Pumarejo aparecía como dueño de la nueva televisora, el verdadero propietario era el entonces Presidente. Con la realización de este empeño, Pumarejo se adelantó nuevamente a su tenaz y mejor respaldado competidor, Goar Mestre. De paso, Cuba fue el primer país de Latinoamérica, y el segundo en el mundo, después de Estados Unidos, en introducir la televisión a color”.

Después  de los espacios dedicados a las noticias nacionales e internacionales, se incluyeron los dramatizados, encabezados por expresiones del teatro Bufo y Vernáculo, además de los concernientes al humorístico y los musicales, géneros en los que estuvieron presentes las estrellas del momento: Julito Diaz, Candita Quintana, Alicia Rico, el Chino Wong, Armando Bringuier, Adolfo Otero,Tito Hernández Luis Carbonell, Esther Borja, Bola de Nieve…

“De esta manera, irrumpieron en los escenarios televisivos costumbres, tradiciones y personalidades habaneras, como artistas, científicos, intelectuales, políticos, comunicadores, ejecutivos mediáticos, emigrantes españoles y auténticos personajes populares de gran notoriedad. Entre estos últimos destacaron La marquesa, Tarzán, Chapitas, El caballero de París y Bigote de gato, quienes compartieron múltiples espacios comunes”, rememora Pedraza Ginori.

A pesar de los recurrentes planes de Pumarejo por destruir a los Mestre, en el año 1953 Abel abrió el canal 6, CMQ-TV. Más tarde se inauguraron los canales 7, 2 y 11, además del 12, ya apuntado, con transmisiones en colores.

Hay que señalar que uno de los factores que posibilitaron el estrellato de los dos acaudalados hermanos fue su insistente intención de incluir en la programación televisual los juegos de béisbol, deporte que apasiona a los insulares, tanto los efectuados en el estadio del Cerro como los realizados al sur de los Estados Unidos, primero mediante grabaciones cinematográficas y posteriormente trasmitidos desde un avión. Su riqueza llegó a los límites de sobrepasar el poder del sangriento gobernante Fulgencio de Batista.

Por supuesto, el privilegio de la televisión solo era asequible a las familias adineradas, es decir la aristocracia de la época. Los pobres que no podían adquirir los costosos telerreceptores RCA, Dumont, Hallicrafters y otras marcas, veían con asombro tal acontecimiento a través de las vidrieras de algunas de las tiendas de La Habana, donde  se colocaron los novedosos aparatos.

Rápidamente, en desiguales oportunidades, la televisión pasó a ser noticia espectacular en otras provincias, como Matanzas, Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, este último mediante el kinescopio, consistente en copias —en cintas cinematográficas— de las imágenes aparecidas en la pantalla del televisor de las trasmisiones hechas en la capital. De tal modo, dos años después, en 1952, de nueve ciudades latinoamericanas con televisión, cinco eran cubanas.

En la interminable batalla Pumarejo-Mestre, una de las estocadas más certeras proferidas al fundador de la televisión cubana, fue la instalación de tres potentes torres retransmisoras de señales que Goar y Abel hicieron levantar en Arroyo Arenas —conocidas como Televilla—, a prueba de tormentas y huracanes, construida por la RCA y con más de 10 mil vatios de potencia cada una, las cuales colapsaban las señales del canal de Pumarejo y sus intentos por destruir la ascendencia de sus adversarios.

Al triunfo de la Revolución Cubana, en el país existían casi 20 canales activos de televisión, pertenecientes a CMQ y Telemundo, cuyas profusas ganancias iban a manos de los Mestre, Humara y Lastra (Miguel Humara y Julián Lastra, asociados principales y sostén comercial de la RCA Víctor en Cuba) y el doctor José Ignacio Montaner, subdirector del diario Información.

Tras la victoria del Ejército Rebelde, el primero de enero de 1959, las señales de televisión solamente llegaban a menos del 50 por ciento de todo el archipiélago cubano. Treinta años después, a través de un intenso programa de mejoramiento de las comunicaciones radiales y televisuales, esa cifra representaba cerca del 100 por ciento.

En los difíciles años del periodo especial, existían en el país más de dos millones de telereceptores instalados en los hogares cubanos, mientras que en esa etapa se inauguraron los telecentros en todas las provincias. Con anterioridad, en 1975, se reanudaron, con la calidad requerida, las trasmisiones en colores, con una incidencia en la programación del 97 por ciento.

A diferencia de aquellos tiempos de pugnas, envidias, desaciertos y rivalidades sin límites entre Pumarejo y los Mestres, con el fin de incrementar sus fortunas a través de espacios patrocinados o dedicados a las principales firmas comerciales, en la actualidad la televisión en Cuba tiene no sólo el propósito de entretener, sino de favorecer el perfeccionamiento de una programación fundamentalmente orientada al enriquecimiento espiritual del pueblo, con objetivos muy bien definidos en la promoción de la cultura, el patrimonio, la historia, la política, la economía y lo social, ajenos a la manipulación y otros males que permearon en el pasado, además de incluir el conocimiento  sobre temas diversos, tanto del panorama nacional como internacional.

Entre los días finales del año 1961 y principios de 1962, el jefe de la Comisión de Orientación Revolucionaria, perteneciente a las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), César Escalante Dellundé, dirigió el proceso de institucionalización de la radio y la televisión cubanas, creándose el 24 de mayo de 1962, con la Ley 1030, el Instituto Cubano de Radiodifusión, nombre que varía en 1975 al denominarse entonces Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), encargado de ofrecer una variada programación radial y televisiva.

Ambos medios de comunicación velan por sostener un diseño editorial portador de altas virtudes políticas, ideológicas, sociales, éticas y estéticas, al servicio de los conocimientos, la cultura, la recreación y la defensa de los valores e intereses más sagrados de la Nación y de todos sus ciudadanos, dirigida a profundizar en los más elevados ideales patrióticos e internacionalistas de pueblo cubano, en la lucha por su independencia, soberanía e identidad nacional y su amor a la construcción del socialismo en Cuba.

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