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Aquella primera vez

Fue precisamente él, Juan Olivera, con sus entonces 40 años de portuario, quien nos habló del cambio. No del que reivindicó la imagen del estibador, ese obrero antes repudiado. Sino del otro, sorpresivo, como todos los que trajo la Revolución: la irrupción de la mujer trabajadora en el puerto.

Al principio hubo desconcierto. Verlas caminar por los muelles, subir a los barcos y compartir sin reservas con los estibadores del espigón. Entonces ellos, habituados a la rudeza, se afanaron en medir las palabras y cuidar las expresiones. Apenas sin darse cuenta, fue naciendo una nueva actitud: protegerlas, preocuparse por aquellas que, bajo el sol, la lluvia o el frío retador, vencían también cada jornada portuaria.

Juan Olivera lo recuerda, dejando escapar una sonrisa. Porque en su lucha de dirigente obrero, avezado en la batalla del convencimiento, ese paso resultó una interesante lección. Él habló mucho e insistió para que se esforzaran en ayudar a las muchachas. Quizás ellas tenían conformadas la imagen burguesa que colocaba al portuario en el plano del detritus humano. Ya bien se sabía que no era así, pero quedaban los rezagos, las consecuencias. Hombres marginados, sin cultura ni educación.

Como un haz, Partido, sindicato y dirección emprendieron la batida. Prepararon el terreno, y lo demás… vino solo. Cuando ellas llegaron, deseosas de aprender, confiadas, sin remilgos ni temores, con la fibra obrera en la mano amiga, entonces Olivera aprendió otra hermosa experiencia, porque aquellos hombres rudos dulcificaron el gesto, frenaron el lenguaje, enmendaron el ropaje y, hasta los más reacios, al quedar aislados, terminaron por callar.

Abarloado al muelle, como gigante inerte, el barco empina la proa con el ancla levada. Los güinches trasiegan la carga llenando la mañana de chirridos. Abajo, frotándose las manos con algo de impaciencia, los estibadores esperan la eslingada.

Decenas de rollos de alambre descienden lentamente, y antes del desamarre, la dependienta tarjadora procede a su control. Anotada la cifra se aparta de la carga y justo en ese instante, me le acerqué. Sin desviar los ojos de la escotilla, hablando, pero atenta a su trabajo, Carmen Díaz me contó sus impresiones.

Durante mucho tiempo fue dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas, en la provincia de Ciego de Ávila. Se mudó para La Habana, y esto coincidió con un llamado que hizo la dirección del puerto, para cubrir plazas hasta entonces ocupadas por hombres.

—De eso hace años, relata.

“Nunca he lamentado mi decisión de incorporarme al sector. Algunas amistades pretendieron asustarme con la fama que tenían los portuarios. Mi experiencia como dirigente femenina me estimuló a imponer nuestra presencia en aquel ambiente totalmente machista. Era llevar la teoría a la práctica. Sabía que la tarea sería difícil, pero en el fondo, sentía que estos trabajadores habían sido víctimas de la explotación, de la propaganda y de tremenda discriminación”.

—Entramos 26 mujeres. Los primeros días fueron de tanteos, de miradas. Algunas provocadoras, otras, escurridizas. Pero, cuando vieron que nos “fajábamos” duro en el trabajo, que les pedíamos ayuda, que no los rechazábamos y los tratábamos como compañeros, todo empezó a mejorar. Siempre he pensado que, para ellos, resultó más difícil que para nosotras. Se tragaban las palabrotas, y poco después, ya nos contaban de sus mujeres, de sus hijos, del mundo en que vivían.

Como el viento que barre el espigón, el tiempo llevará al olvido —más bien, a la historia— la supremacía del hombre en el puerto, con su imagen incivilizada y discriminada. Y entre los puntos de partida, habrá que tener en cuenta a las 26 mujeres (número simbólico para los cubanos) que dieron el paso… aquella primera vez.

(Imagen destacada: Claudia Guedes, operadora de grúas).

One thought on “Aquella primera vez

  1. Que hermoso ejemplo y cuanta dulzura en la crónica, merecida por lo demás ya que esa faena la necesitaba.
    Como porteño, del sur del mundo y viviendo hace largo tiempo en el norte del mundo , Suecia,, felicitaciones por este reportaje.

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