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Guillermo Jiménez: Combate defendió las ideas más radicales de la Revolución

 El 13 de marzo de 2018, la UPEC auspició el Panel “150 años de prensa mambisa en Cuba”, en el que intervino Guillermo Jiménez Soler (Jimenito). En honor a su memoria y por el extraordinario testimonio como periodista y director de medios, transcribimos sus palabras en ese debate que compartió con Orlando Gómez, Tubal Páez, Gustavo Robreño y Ricardo Ronquillo en la Casa de la Prensa.

Guillermo Jiménez falleció en La Habana el pasado 8 de mayo y fue Comandante del Ejército Rebelde, miembro del Ejecutivo Nacional del Directorio Revolucionario y director de la nueva etapa del diario Combate, órgano del Directorio Revolucionario “13 de Marzo”, tras el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.  Con este texto iniciamos una serie dedicada al Aniversario 57 del Asalto al Cuartel Moncada.

A continuación, sus palabras:

Antes de comenzar estoy obligado a hacer un pequeño recordatorio y homenaje a la fecha del 13 de marzo, en que se cumple el aniversario setenta y uno del asalto al Palacio Presidencial, acción dirigida por el Directorio Revolucionario, y que, en el menor de los casos podemos decir que fue un derroche de heroísmo, de coraje y de patriotismo. El historiador Emilio Roig de Leuchsenring, para usar mejor las palabras de los profesionales, lo calificó como el hecho más relevante y heroico sucedido en toda la historia de la capital cubana. El Directorio también respaldaba o patrocinaba el periódico Combate, del cual me ha pedido Rosa Miriam (Elizalde) que hable hoy.

Pero antes, creo que sería conveniente, en este círculo de periodistas profesionales, que haga una breve referencia a cómo era la prensa de ese momento, en el año 1959.

En primer lugar, la prensa cubana de aquella época era una de las más notables y más capacitadas profesionalmente que había en América Latina, y en algunos casos también competía en el mundo. No sé si en la Escuela de Periodismo lo enseñan, pero es algo importantísimo para entender bien lo que era la prensa y de dónde hemos surgido todos. Por ejemplo, según la CEPAL, en 1957 Cuba era el país de América Latina que tenía el mayor consumo per capita de papel periódico. También era el segundo de la región en número de periódicos per capita: dieciséis periódicos nacionales. Hoy tenemos dos, creo. Dos y medio porque Trabajadores  sale  una vez a la semana. Tenía diecisiete periódicos diarios provinciales y más de mil órganos de prensa de distinta naturaleza: revistas, periódicos, boletines, etcétera, que se publicaban en todo el país, incluso en municipios. Había municipios que se daban el lujo de tener varios periódicos. Cienfuegos tenía tres diarios, Camagüey tenía dos y Santiago tenía tres, y un vespertino.

Cuba era el país que tenía mayor número de televisoras. Creo que llegaban a siete, y tenía algo más de la tercera parte de los hogares con televisores en aquel momento. Además, dos terceras partes tenía radio, incluso en lo más recóndito de algunas zonas pobres del campo. Más o menos esos datos dan la medida de contra qué tuvo que luchar la prensa que se creó después del 59.

En ese momento existían, como ya me referí, más de una docena de periódicos tradicionales, pero defendían una visión de la sociedad cubana que no coincidía necesariamente con la que teníamos la mayor parte de los revolucionarios que habíamos hecho la Revolución. Teníamos mucha prensa que excluía la visión de la inmensa mayoría de la sociedad cubana y creo que esto fue un acicate para la prensa revolucionaria.

Poco después del triunfo de 1959, solo existían tres periódicos comprometidos con la Revolución. Eran los órganos de prensa de tres organizaciones que sobrevivieron, de las varias organizaciones políticas que estaban contra Batista, insurreccionales o no, y que se integraron en un momento determinado en lo que se llamó las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas), y después el PURSC (Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba), y el Movimiento 26 de Julio, el órgano principal de la Revolución, tenía el periódico Revolución, dirigido por Carlos Franqui, un antiguo periodista y revolucionario en ese momento.

Estaba Hoy, que era un periódico antiguo. Se había fundado en 1938; era el órgano oficial del Partido Socialista Popular, de los comunistas de siempre, y lo dirigía en ese momento Carlos Rafael Rodríguez, y después Blas Roca.

Y, por último, el periódico Combate, que éramos los parientes pobres de esta trilogía. Lo dirigió inicialmente, es bueno recordarlo, Julio García Olivera, fallecido recientemente, que era miembro del Ejecutivo del Directorio. Pero Julio, que era arquitecto, no tenía nada que ver con la prensa y se negó rotundamente en la reunión del Ejecutivo a ser el director del periódico. Pero se lo impusieron, a proposición de Enrique Rodríguez Loeches, y aceptó porque no le quedaba más remedio. Entonces me pusieron a mí de segundo para apuntalar a Julio, porque tomaron en cuenta que yo estudiaba Periodismo. Me habían expulsado de la escuela, pero estudiaba Periodismo, y, además, había estado trabajando en algunos órganos clandestinos, Alma Mater y Al Combate, que fue el predecesor de Combate, órgano del Directorio, entre otros.

Entendí que mi nombramiento era solo para apuntalar a Julio en la organización del periódico. Pero él me jugó una mala pasada y comenzó a ir los primeros días, y cada vez iba menos hasta que hizo mutis por el foro sin anunciarlo. Y cuando vine a ver tuve que quedarme de director. Lo disfruté bastante, era un momento fabuloso de la historia de este país. Esos primeros años de la Revolución no se pueden describir, realmente fueron fabulosos. Pasaron tantas cosas que es imposible siquiera mencionarlas por arriba. Y un periódico es como una especie de firme, de polígono, donde uno puede ver un panorama de muchas de las cosas que pasaban. Realmente no exagero cuando digo que pasaban continuamente cosas trascendentales, no cada mes ni cada semana, sino cada minuto, cada segundo. Y el periódico recogía libremente todo.

Entonces me quedé al frente del periódico, que se organizó con un staff mayoritario de estudiantes de Periodismo. Eran colegas míos, ninguno había sido combatiente ni mucho menos, pero apoyaban la Revolución. Ahí estaba como jefe de información Gabriel Molina; hubo dos jefes de redacción, Ricardo Sáenz y Ramón Peñate (ambos fallecidos). Y dos subdirectores, René Anillo (fallecido) y Orlando Blanco (que todavía está vivo, pero fuera del país).

El periódico estaba organizado, lógicamente, en páginas especializadas, en secciones. Había varias páginas para las noticias locales. Como era un vespertino usaba mucho las informaciones, que no quiero calificarlas, porque no me gusta, pero un poco sensacionalistas. Todo periódico vespertino tenía esa tradición y hubo que ajustarla al estilo de la Revolución. Tenía páginas internacionales, las dirigía Rafael Pérez Pereira, Felito, también compañero mío de la Escuela, como Rudy Casals (en la página cultural). Tuvimos una página cultural que la inició y fundó Fayad Jamís. Ahí colaboraron César López, Premio Nacional de Literatura; y entre otros, Ezequiel Vieta, fabuloso y muy olvidado en la literatura nuestra, era una enciclopedia viviente, no solamente en asuntos literarios sino de cualquier cosa, un conversador extraordinario, aprendí mucho con él. Existía la crónica roja, que se utilizaba mucho en aquella época; y teníamos dos periodistas fabulosos que venían de esas páginas; eran compañeros de Molina: Pepín Ortiz, que después fue director de Prensa Latina y fundador de Trabajadores,  y creo que también trabajó en el DOR, y Reinaldo Peñalver, reportero de la revista Bohemia. Roberto Agudo trabajó un tiempo con nosotros y Juan Marrero en los últimos meses. Marrero trabajaba en Prensa Latina y cuando Masetti renunció (entre comillas) se solidarizó con él y entonces nosotros lo recibimos en Combate. Estaba Esther Ayala, compañera mía de la Escuela de Periodismo, que se ocupaba de reportar sobre la Universidad, tenía una columna fija; también Casandra, María del Carmen Mestre, tanta gente…

Fue un periódico que siempre tuvo una escasez crónica de recursos de todo tipo: financieros, de medios; éramos realmente muy pobrecitos. Estuvimos en tres talleres, fuimos ascendiendo gradualmente, mejorando nuestra situación. Alguien del Directorio, no recuerdo bien la historia, ocupó lo que quedaba de los talleres de los periódicos batistianos, que eran los únicos que estaban libres, y dentro de los periódicos batistianos el peor de todos, y no es una exageración, tanto en su contenido como en sus condiciones de impresión, era el periódico Ataja, que dirigía un tipo execrable, Salas Amaro. Estaba en Cárdenas y Corrales, en unas condiciones infrahumanas para trabajar allí. Pero empezamos a sacar el periódico más o menos. Cuando se hizo la nacionalización de la prensa, muchos directores y propietarios de periódicos abandonaron el país. Y nosotros nos fuimos para el periódico Avance, que tenía mejor rotativo, mejor edificio, incluso tenía rotograbado; después, para Información, hasta que nos cerraron. Nos duró poco la estancia.

Aunque siempre tuvimos una gran escasez de recursos tuvimos un gran padrino, una especie de mecenas insuperable, a quien quiero hacerle mi pequeño homenaje: el Che Guevara. Fue nuestro padrino en todos los sentidos, tanto políticamente como en la adquisición de los recursos materiales. El Che, una de las cosas que hizo por nosotros (todavía no estaba de Ministro de Industrias, sino nacionalizando las industrias que quedaban) fue asignarnos el papel gratuitamente, y era un papel de muy mala calidad, pero nos lo daba gratis, y nos duró siempre.

Recordemos que en los años de Batista se desarrolló mucho la industria del papel periódico en Cuba, a partir del bagazo. Lo inventó un ingeniero cubano, de apellido Rosas, y se había producido papel en la fábrica de Cárdenas.

En un momento determinado el Che fue un intermediario con el Comandante en Jefe Fidel Castro para resolver algunos recursos financieros. Y también usó el periódico como un medio para escribir algunas cosas.  Una fue cuando hizo su primer viaje en internacional, en junio del 59. Recorrió una gran parte de lo que después íbamos a conocer como el Tercer Mundo, y me planteó que quería escribir sobre una serie de cosas relacionadas con esa experiencia. Acordamos que lo hiciera en forma de entrevista. Después hubo un momento importante, cuando el supuesto comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, del Segundo Frente, desertó de la Revolución y se fue del país con toda su pandilla. Recuerdo que yo estaba hablando con el Che un poco en un plano personal, estábamos bromeando sobre eso, y ahí surgió su idea de escribir un artículo que luego tituló “Un pecado de la Revolución”.

Aunque ya lo conocía, por el Che establecí un nexo importante con Masetti, el fundador de Prensa Latina, quien se vinculó a la Revolución cubana para toda la vida, cuando por su propia iniciativa subió dos veces a la Sierra Maestra. El Che me pidió que apoyara a Masetti en la organización y fundación de Prensa Latina. Y el nexo que establecimos duró hasta el momento en que Masetti desapareció en la selva de Argentina. Fue una relación política y personal muy estrecha que nació allí. Modestamente lo ayudé a orientarse dentro de la realidad cubana de la prensa escrita, y a partir de esa colaboración, prácticamente todo el staff de periodistas de Combate fue a trabajar a Prensa Latina al cierre del periódico, además de otros extranjeros famosos que todo el mundo conoce y no es necesario mencionar.

¿Cómo funcionaba Combate? Era un periódico que representaba el pensamiento y las posiciones del Directorio Revolucionario. En los primeros tiempos de la Revolución fue algo difícil lograr un entendimiento entre las fuerzas del 26 de Julio, que dirigía la Revolución, Fidel Castro, y nosotros, por una serie de desencuentros que hubo y que felizmente se fueron resolviendo poco a poco, con muchas dificultades, con muchos sacrificios de algunos y con un lenguaje común. En definitiva, el ejecutivo del Directorio apoyaba mayoritariamente a la Revolución, una revolución antimperialista, eso fue fundamental para entendernos.

Por tanto, en esa primera etapa el periódico reflejaba las posiciones del Directorio en relación con la Revolución, en relación con las ideas de la Revolución, y también defendía sus puntos de vista sobre su representación dentro de los órganos de la Revolución. Pero, paulatinamente, cada vez más, se fue comprometiendo con un discurso más claro, más abierto, más intenso, más entusiasta, con las políticas de la Revolución.

Tenía una línea editorial muy clara que me atrevo a resumir en tres cuestiones fundamentales. Primero, apoyó desde el inicio hasta su cierre las medidas más radicales de la Revolución, defendió siempre posiciones radicales, a veces se nos iba la mano en cuanto al programa de la Revolución, y estábamos a favor de seguir radicalizándola. Segundo, se caracterizó por su antimperialismo, que venía sin dudas de la tradición estudiantil y de los principios fundamentales del Directorio. Tercero, defendió algo que para nosotros fue siempre fundamental desde que se funda el Directorio: la unidad revolucionaria a cualquier costo dentro de la Revolución.

Estas eran las tres cuestiones fundamentales que estaban en todas las páginas, había algunas otras de menor importancia que yo recuerde, como el apoyo a la política de desarrollo educacional. Combate tenía una campaña permanente contra la discriminación racial, también reflejaba las demandas de los sectores obreros, incluso demandas que se hacían contra empresas ya nacionalizadas. Teníamos las páginas abiertas para cualquier sindicato, cualquier grupo obrero. Había una sección dedicada a ese tema en el periódico. Y otro asunto que se reflejaba mucho era la vida universitaria. El Directorio nació en la Universidad de La Habana por sus tradiciones de lucha. La inmensa mayoría de los que participaron en la lucha revolucionaria, fueron herederos de esa tradición estudiantil, que venía de Martí, de Mella, de Guiteras. Eso era así.

En los primeros momentos, la Revolución fue recibida con entusiasmo, incluso por la burguesía nacional, propietario de industrias no azucareras, y que, por tanto, tenía sus intereses en el desarrollo del mercado de consumo nacional, que entraba en contradicción con la política de subordinación total a las importaciones de los Estados Unidos. Pero en la misma medida en que la Revolución se iba radicalizando, iba sacando y promulgando cada vez leyes más revolucionarias, separando no solamente los sectores de la burguesía, algunos de la clase media, sino también a algunos individuos dentro de las propias fuerzas revolucionarias; ni siquiera el Partido Socialista Popular escapó a ese tipo de deserción en un momento dado. Tampoco el Directorio, el 26, etcétera.

Sobre Combate, también es importante mencionar que tenía una total y plena autonomía en su gestión. En la época en que yo lo dirigí, tuve plena autonomía para decidir lo que se publicaba y lo que no se publicaba, tanto por parte del Directorio como por parte de los dirigentes de la Revolución. Nunca recibí una llamada de ningún dirigente de la Revolución para decirme cómo tenía que publicar algo o que no debía publicar algo. Fue el momento en que empezó a crearse lo que se llamó la COR (Comisión de Orientación Revolucionaria).

Esto es importante, porque un periódico, por definición, tiene que reflejar en tiempo real e inmediato la vida del país, y además, un director de un periódico, no puede darse el lujo, ante una noticia de trascendencia, y toda noticia si es noticia es trascendente, de reunir a un consejo de dirección o a un consejo de asesores para analizar el problema, ver cómo se responde, porque después ya no tiene validez la noticia.

El periódico tiene una vida efímera, la noticia es efímera, no puede tener un consejo como se hace en una empresa; tiene que decidir en el momento, para bien o para mal, se equivoque o no se equivoque, ese es el riesgo del periodismo. Bueno, en México han matado a periodistas, les cuesta la vida, pero equivocarse es el riesgo del periodismo. Un periodista tiene que improvisar continuamente, desnudarse. Cada periódico que sale, en cada cosa que un periodista escribe, se desnuda ante la opinión, se desnuda en el contenido, en la forma; ese es el riesgo de la profesión y es también el sentido de la profesión del periodista. Yo por lo menos lo disfruté mucho en ese período de la Revolución.

Por otra parte, practicábamos una técnica periodística que desgraciadamente se ha puesto en desuso, ya ni se menciona. Nosotros no teníamos solamente secciones fijas, sino columnas fijas que eran columnas editoriales, porque transmitían opiniones editoriales del periódico ante las noticias que estaban sucediendo continuamente interna o externamente.

Teníamos varias secciones. Había una que se llamaba “El Mundo”, estoy hablando de la primera página, la redactaba Armando Entralgo, que también formó parte del staff del periódico y que dirigió el magazine internacional que sacaba el periódico, donde trabajaba también Ramón Sánchez Parodi. Armando Entralgo trabajó conmigo en la lucha, un tipo muy inteligente, y Sánchez Parodi era del 26 de Julio aquí en La Habana. Lo conocía. Los dos trabajaron mucho en Combate como colaboradores, sobre todo en las páginas internacionales.

Los editoriales casi han desaparecido en la prensa de hoy, por no decir que han desaparecido. No hay que confundir el editorial con un artículo de opinión ni con un artículo de fondo, hoy en día se confunden; más que se confunden, no existen esas diferenciaciones. En esa época existían, pero también se defendía la línea editorial con esas columnas. No sé si recuerdan aquellos comentarios editoriales sobre las noticias del momento, no las que pasaron hace un mes o dos meses. Pero también se hacía el comentario del titular en los instrumentos de tratamiento en los periódicos: el primero es el cintillo en la primera página; el segundo era el titular de la noticia, y el tercero el sumario partiendo de la información. Porque el periodista no podía ligar su opinión con el hecho noticioso; hay que separar el hecho noticioso de la opinión, para la opinión están esas notas o están las crónicas, y nosotros teníamos separado ese concepto, que es un concepto elemental del periodismo.

No estoy descubriendo nada. Incluso, en la Escuela de Periodismo de antes, la Márquez Sterling, que no podemos idealizar ni mucho menos, pero tenía como profesores a periodistas realmente insignes de la profesión en Cuba, había un cartelito en una escalera que decía: “Si un perro muerde a un hombre no es noticia, pero si un hombre muerde a un perro eso sí es noticia”. Eso es importante para un periódico, separar lo que es la noticia, que son los hechos, del comentario. Ahí está la habilidad del periodista, la habilidad del periódico.

En la Escuela de Periodismo también nos enseñaron algo que a veces no veo hoy sobre la estructura de la noticia, que se basaba en las enseñanzas de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Por cierto, la primera que creó una escuela de periodismo en el mundo, en 1900. Se trata del famoso lead de la noticia. El primer párrafo de una información tiene que estar precedido por el lead, el lead es un resumen de la información, de todos los hechos, y responde al famoso cuestionario de las siete preguntas, qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué, para qué y para quién o para qué.  Así se obligaba a redactar en el periódico nuestro, y desarrollar después los temas en la pirámide invertida o la pirámide normal, como se decía. El tratamiento de la noticia era algo importante.

Gabriel Molina era uno de los pocos que estaban en los periódicos desde hacía algunos años ejerciendo el periodismo profesional, incluso trabajó en el Diario de la Marina y tenía una experiencia profesional realmente. Era un buen periodista y siguió siendo un buen periodista.

La noticia es la materia prima de un medio de prensa; es decir, con lo que se trabaja. De esa forma, todo tiene que responder a la noticia: cómo se construye, cómo se selecciona, cómo se determina lo que es noticia. No se puede inventar una noticia porque va en detrimento del crédito del periódico. Ni siquiera porque uno ponga y describa un hecho en primera página y le ponga un cintillo de setenta y dos puntos, lo convertimos en noticia. Es un timo al lector, y no todos los lectores son bobos. Eso va en detrimento del propio periódico, es una cuestión fundamental.

A veces a nosotros se nos iba la mano, no le quiero echar la culpa a Molina. En esa época los periódicos vespertinos dependían mucho de la venta de los voceadores de periódicos, que han desaparecido hoy en día, y ellos exigían al periódico que pusiera cintillos atractivos, y a veces algunos de nuestros periodistas entraban en esa debilidad y hacían concesiones, pero en definitiva había que hacer una selección de noticias rigurosa.

Un periódico tiene varias formas de enfrentar la noticia. Primera: solo publica lo que está en su línea editorial. Segunda: no publica nada que esté en contra de su línea editorial. Tercera: de lo que no publica, solo selecciona algunas cosas (es el famoso refrito que hay por ahí, que después nadie entiende nada). Y, por último, está el que inventa la noticia.

En Combate publicamos noticias que incluso no estaban en correspondencia con nuestra línea editorial. Ya después nos ocupábamos de ver cómo publicábamos otra noticia a la par o hacíamos un comentario, o utilizábamos otras herramientas periodísticas, pero publicábamos de todo. El lector necesita saber de todo, hay que respetar al lector, y el lector necesita que le muestren un panorama completo de la realidad. Somos nosotros los que tenemos que orientarnos hacia la forma correcta.

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