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José Martí y su visión de la medicina a la luz de la situación actual

Hay una serie de artículos de Martí, sin firma, que se publicaron en la titulada Sección Constante —Historia, letras, biografía, curiosidades y ciencia— en La Opinión Nacional, de Caracas, entre el 4 de noviembre de 1881 y el 15 de junio de 1882. Fueron reproducidos por primera vez en e1 libro José Martí. Sección Constante, publicado en la capital venezolana, en 1955, con selección y prólogo de Sergio de Grases. Hace un tiempo, este sitio web los reprodujo.

Como se sabe, desde Nueva York, Martí fue corresponsal de varios importantes periódicos de diferentes capitales de nuestra América, entre ellos, La Nación, de Buenos Aires, Argentina, y La Opinión Nacional, de Caracas, Venezuela.

En esta última publicación, sus primeras crónicas aparecieron firmadas con el seudónimo M. de Z y después con su propio nombre; aunque, como ya se dijo, los artículos de la sección que nos ocupa aparecían sin firma.

En la Sección Constante, a tono con su subtítulo, publicó Martí breves trabajos de una gran diversidad temática: el mundo entero en sus disímiles facetas desfiló por esas páginas, en las que, con un estilo más ligero que el habitual, daba cuenta el Maestro a sus lectores de las novedades del acontecer noticioso. También la práctica médica fue objeto de análisis por nuestro Martí, quien incluso llegó a escribir, en frase que, según los propios especialistas del ramo, goza de extraordinaria actualidad: “Resulta que la mejor medicina es la que no se ha tomado”,[1] alerta contra el nocivo hábito de tomar medicamentos innecesarios.

El 3 de mayo de 1882, en esa sección, publicó Martí un interesante trabajo acerca de este tema. Refiere el avezado periodista: “Se publica en Francia un buen periódico de medicina práctica,[2] más útil desde que se sabe que el arte de curar consiste más en evitar la enfermedad y precaverse de ella por medios naturales que en combatirla por medios violentos, e inevitablemente dañosos para el resto del sistema, cuyo equilibrio es puesto a contribución en beneficio del órgano enfermo”.[3] Más allá de la trascendencia de la publicación francesa, el Apóstol adelanta en este texto un concepto médico de singular vigencia, que —sin mucho esfuerzo— podemos trasladar a la situación que atraviesa hoy el mundo: el enfrentamiento a la COVID-19: “el arte de curar consiste más en evitar la enfermedad y precaverse de ella por medios naturales”. (Y hay que decir que, aunque la mayor parte de la población cubana ha respondido con disciplina a las orientaciones, aún hay quienes actúan de modo irresponsable. Nuestro pueblo goza de la protección del Gobierno y el Partido, los que han dispuesto una serie de medidas, algunas de las cuales tendrán sin duda un alto costo económico y es que no puede olvidarse que en este país, asediado por el más cruel bloqueo, cada vida cuenta).

En su interesante artículo, Martí expresa: “La higiene va siendo ya la verdadera medicina, y con un tanto de atención, cada cual puede ser un poco médico de sí mismo”.[4] Por supuesto que no se refiere nuestro Héroe Nacional al mal hábito de automedicarse, sino al cuidado que cada uno debe tener para proteger su propia salud, así como a la importancia de la higiene. Y de nuevo, resulta inevitable pensar en la situación actual.

Ayer, desde mi balcón, vi a una joven que vestía el uniforme de un organismo público; seguramente, durante su jornada laboral empleó el nasobuco, pero durante el regreso a su hogar andaba sin él. ¡Peor aún!, traía cargado a un niño pequeño, un bebé, quien también estaba sin nasobuco. Desde el mismo observatorio, pude ver a varios jóvenes que se tapaban la mandíbula y no la nariz y la boca. En fin, calles semidesiertas como debe ser, algunas personas que —obligadas a salir por las necesidades de la vida— se protegen y unos cuantos irresponsables que ponen en peligro su salud ¡y la de todos!

Vale destacar la importancia que concedía Martí a la higiene. Incluso afirmó: “Debía hacerse obligatoria la enseñanza de la higiene en las escuelas […]” y criticó a “[…] 1os abominables curanderos, que demuestran que la ignorancia osada es todavía reina de los hombres”.[5]

Para darnos una idea de cómo Martí, a pesar de sus muchos quehaceres se mantenía al tanto de los avances científicos y de su influencia en la vida humana, valga este comentario, que nos muestra a un hombre muy al tanto de su propio tiempo, el cual sirve de colofón al mismo artículo: “En uno de sus últimos números [de Los Anales de la Higiene] hay un interesante estudio que viene de molde en estos tiempos en que tanto se comentan las ventajas y desventajas de la luz eléctrica. El periódico afirma que la luz eléctrica no es de manera alguna dañosa a la vista, y que no solo no es dañosa, sino conveniente, puesto que hay una enfermedad que se llama astenopia, o debilidad en las funciones del ojo, la cual viene de esforzarse en usar de la vista en lugares donde la luz es insuficiente, y como la luz nueva, a la par que suave, es clarísima, no se corre con ella ese riesgo. Cree el periódico que cuando se mejore el actual sistema de alumbrar las casas, no se trabaje a la luz de fluidos en que arden materias volátiles, ni a la imperfecta luz de un gas impuro, disminuirán considerablemente las enfermedades de la vista que son hoy tan numerosos”.[6] Sin duda, una vez más se comprueba la visión larga de ese hombre extraordinario que fue Martí y se hace evidente el tesoro de que hoy disfrutamos y que debemos ahorrar: la electricidad.

Por último, vale conocer algo que escribió el Maestro en referencia a un mexicano, que quiso pero no pudo concluir la carrera de Medicina —Jesús E. Hernández—: “Es la medicina como el derecho, profesión de lucha; necesítase un alma bien templada para desempeñar con éxito ese sacerdocio; el contacto de las diarias miserias morales y materiales, el combate con la sociedad y con la naturaleza, hacen mal a las almas pequeñas, mientras que es revelación de cosas altas en almas altas y hermosas”.[7]

“Almas altas y hermosas” son nuestros médicos. Vaya a cada uno de ellos, a través de la palabra martiana, el reconocimiento de nuestro pueblo.

[1] José Martí: Sección Constante, La Opinión Nacional, 16 de febrero de 1882, en Obras completas, t. 23, Colección digital, Centro de Estudios Martianos, 2007, p. 205.

[2] Se refiere a Los Anales de la Higiene.

[3] José Martí: Sección Constante, La Opinión Nacional, 3 de mayo de 1882, en ob. cit., t. 23, p. 286.

[4] Ibidem.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem.

[7] José Martí: “Galería del Senado”, en Obras completas, edición crítica, t. 2, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2009, p. 203.

María Luisa García Moreno
María Luisa García Moreno
Profesora de Español e Historia, Licenciada en Lengua y Literatura hispánicas. Periodista, editora y escritora.

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