FIEL DEL LENGUAJE

Fiel del lenguaje / 21 No es mandatario, pero manda

En el uso del lenguaje influye el gusto de cada quien, y las palabras tienen sabor. Emilio Ballagas comenzó su “Poema de la jícara” exclamando: “¡Qué rico sabor de jícara/ gritar: ‘Jícara’!”, y lo terminó así: “no quiero jícara blanca ni negra./ Sino su nombre tan sólo,/ —sabor de aire y de río./ Jícara./ Y otra vez: ‘¡Jícara!’”

Las palabras suscitan atracción o rechazo. En nada simpatiza el columnista con el sintagma capital humano, que parece sugerir que el capital puede merecer ese calificativo. Y hay un vocablo que, de tanta repulsión que le produce, ni osa escribirlo. Asimismo, si por él fuera, a un líder o estadista revolucionario de alma popular y métodos de dirección propios de ella —aunque sea tan estricto y exigente como deba ser—, nunca se le llamaría mandatario, término que le suena como autoritario y le sabe a mandón. Por eso lo reserva para políticos indeseables y otros casos afines.

Es cuestión de gusto, sí, y no se debe tratar de imponer el gusto propio a los demás. Pero se oye raro que, en un espacio informativo de la Televisión Cubana, al elogiar una donación del pueblo chino al de Cuba para el enfrentamiento del coronavirus, se hable de “campaña caritativa”. Aun cuando el Estado cubano no fuera laico —y no falten interpretaciones lingüísticas o teológicas que igualen caridad y justicia—, ¿no sería más apropiado hablar de “campaña solidaria”?

Significados son también historia y, en otros ángulos, el idioma tiene normas que no son para someter a caprichos, ni a la mezcla de negligencia y desconocimiento. Es necesario insistir en que se está imponiendo el mal uso de humanitario como sinónimo de humano, y tranquilamente se habla de “crisis humanitarias” o “desastres humanitarios”. ¿No será una mala herencia del hecho de que voceros de la OTAN esgrimieron el falso concepto de “intervenciones humanitarias” para justificar masacres? Humanitario define algo que le hace bien al ser humano, y tal no es precisamente el caso de las crisis y los desastres, y mucho menos el de esas acciones criminales.

Cierta “creatividad” ha llevado a que incluso algunos comunicadores sobresalientes renuncien al modesto y eficaz verbo abrir y empleen aperturar, innecesario, porque nada nuevo aporta. Ya otro “Fiel del lenguaje” apuntó que ese no es el caso de recepcionar, que apunta a controles burocráticos no claramente indicados en recibir. Pero quizás por ese camino se creyó que no bastaba promover, y para algunos significados se sustituyó por promocionar. Terrible sería que ahora, en el vericueto de aperturar, alguien suelte “promocionalizar la cultura”, todo un oxímoron.

El lenguaje cambia, sí, y la tecnología hace de las suyas, para bien y para mal. ¿Es necesario hacer del verbo compartir el nuevo uso que ahora se hace? Ya se va diciendo no solo “Yo comparto ese texto con ustedes”, sino “Les comparto ese texto”. Quede al menos el testimonio de la duda, ante la abundancia, incluso en espacios informativos relevantes, de giros como “Nos comparte esta información” o “Les comparto esta noticia”. ¿No estamos ante un anglicismo innecesario, un mal calco del verbo share, asumido a partir de la operación de compartir (en inglés share) textos e imágenes en redes sociales?

En otras ocasiones se ha referido el columnista al uso de dar al traste en sentido contrario al que tiene. Ahora apunta que, tras la lectura de una de las más recientes entregas de “Fiel del lenguaje”, Germán Piniella, lector culto y buen detector de pifias, le contó que un profesional de la comunicación había alterado de tal modo la frase que le imprimió un inesperado matiz sexual. Sustituyó al por el y dijo o escribió: “dio el traste”. Así que, acudiendo de memoria al ripioso poeta argentino Evaristo Carriego, podría comentarse: “Y lo peor de todo, sin necesidad”.

La concordancia gramatical es uno de los elementos regidos por normas. Lo correcto es, por ejemplo: “Esos dirigentes suscribieron el documento”, no “Esos dirigentes suscribió el documento”. Pero si en esa construcción simple es fácil detectar el error, hay otras en que parece eternizarse. Sucede en casos como “El dirigente cubano fue uno de los que apoyó la unidad de los pueblos del Caribe”. Si fue, singular de ser en esa conjugación, va bien con un sujeto de igual número —el dirigente cubano—, el sujeto de apoyar es plural —los que (los dirigentes)—, y requiere un verbo también en plural: apoyaron. Por esa razón, determinante, se debe decir o escribir lo siguiente: “El dirigente cubano fue uno de los que apoyaron la unidad de los pueblos del Caribe”.

Otra cosa sería “El dirigente cubano fue uno que apoyó esa unidad”, pero este enunciado podría reducirse a “El dirigente cubano apoyó esa unidad”. Las faltas representadas en esos ejemplos pululan en la oralidad y en la escritura, no solo informales, sino también en medios de comunicación de elevada responsabilidad profesional. A eso podía referirse un profesor de gramática que dijo: “A veces soy de los que piensan [apúntese: no ‘de los que pienso’ ni ‘de los que piensa’, sino ‘de los que piensan’] que hay quienes, más que no interesarse por cuidar el lenguaje, prefieren ni enterarse de cómo funciona”.

Otra incorrección cada vez más abundante radica en dar por plural un complemento singular. Sucede cuando, para decir que se ofrecerá algo como una canción o una película, una sola, a un destinatario plural —los televidentes, los oyentes—, se dice: “Ahora se las ofrecemos a ustedes”. Pero lo informado es singular, y lo correcto es “Ahora se la ofrecemos…” La sustituye el nombre de lo ofrecido y no tiene que ver con el plural ustedes. Distinto sería si se tratara de varias canciones o varias películas, o cualquier otro contenido plural. Entonces estará bien decir: “Ahora se las ofrecemos…”, ya sea a una sola persona o a muchas.

Si el lenguaje no es mandatario, pero manda, el espacio impone límites, y por ello el columnista pone punto final a este artículo, no porque falten esclarecimientos que hacer.

Luis Toledo Sande
Luis Toledo Sande
Escritor, investigador y periodista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana. Autor de varios libros de distintos géneros. Ha ejercido la docencia universitaria y ha sido director del Centro de Estudios Martianos y jefe de redacción de la revista Casa de las Américas. En la diplomacia se ha desempeñado como consejero cultural de la Embajada de Cuba en España. Entre otros reconocimientos ha recibido la Distinción Por la Cultura Nacional y el Premio de la Crítica de Ciencias Sociales, este último por su libro Cesto de llamas. Biografía de José Martí. (Velasco, Holguín, 1950).

One thought on “Fiel del lenguaje / 21 No es mandatario, pero manda

  1. Muy bien tu columna escrita, no la esquelética, claro. Bueno, basta de aclaraciones o, sino, se me va la idea (ya comienzan a ir y venir). Agradecido por “agarrar” esas faltas a nuestro idioma. Me sorprenden muchísimo las faltas de concordancia en el lenguaje escrito y hablado. El daño que hace el “idioma” de Internet al cotidiano y -sobre todo- al periodístico. Quiero sumar una fatal: utilización de la palabra “comitiva” en sustitución de delegación, representación…

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