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George Soros y la pesadilla de juguete

Si se realiza una búsqueda en Google sobre el multimillonario George Soros, saltan a la vista dos cosas: lo que el lector percibe como “más veraz” será aquello que tiende a calificar al personaje como de filántropo y adelantado, especie de Robin Hood posmoderno; por otro lado, lo “menos veraz” recae en las constantes referencias a las conspiraciones que van desde la pertenencia del sujeto en cuestión a una raza de reptilianos, hasta referencias al relato bíblico. Nada en política es casual y menos aun lo que sucede en internet en la actualidad: está claro que de esta forma se intenta tapar una gran verdad en torno a una figura de oscura data, cuyos manejos alrededor del globo siguen una lógica individualista y secreta.

George Soros nació en Hungría y estudió en Londres, donde quedó deslumbrado por las teorías filosóficas de Karl Popper y su libro “La sociedad abierta y sus enemigos”, una especie de índice acerca de aquellas literaturas susceptibles de ser enemigas del liberalismo moderno, desde Platón hasta Marx. En lo adelante, Soros, alumno preferido, llevará hasta sus consecuencias más radicales e incluso antiliberales las tesis de su profesor y para ello fundará, con dinero proveniente de la élite británica y con la anuencia de los servicios secretos occidentales, la “Open society”, una supuesta organización no gubernamental que comenzó rápidamente su ascenso contra el comunismo, al calor de la guerra fría.

El capital “de juguete”

Los años 80 de siglo pasado estuvieron marcados por dos grandes acontecimientos en el orden de la ingeniería social: el fin del capitalismo productivo y su sustitución por el monetario, especulativo y financista y la implantación del neoliberalismo en occidente mediante la ofensiva realizada por los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Informes de la Agencia Central de Inteligencia les habían advertido a los líderes de la derecha anglosajona que, aunque en la Unión Soviética existían serios problemas de construcción política, la economía lejos de desacelerarse aumentaba y ello permitía una renta bastante equitativa entre los ciudadanos. Esto último en un momento en que Estados Unidos había gastado hasta el último dólar con respaldo en oro en la guerra de Viet Nam y no podía por ende garantizar que, con una caída de la producción, no sobreviniese un crack de la economía como el de 1929 que casi genera en el mundo una ola de revoluciones socialistas y definitivas.

La potencia americana tenía dos alternativas, o aumentaba la intervención del Estado y recurría así a las teorías liberales clásicas de John Maynard Keynes, que salvaron el país bajo el gobierno de Franklin Delano Roosevelt o “huir hacia delante” con una mayor privatización de los bienes en la bolsa, lo cual aunque aumentaba la liquidez y confianza momentánea en el dólar, representaba un peligro de cara a un futuro en el cual Estados Unidos retrocediera en el área productiva a la vez que se inició así el juego de la especulación de activos.

El capital de juguete pronto se tragó al real, y las ventas en el mercado al por mayor cada vez fueron más ficticias, meras cifras que eran bien utilizadas individualmente a quienes habían aprendido las fórmulas del flujo monetario. La estrategia de Reagan le granjeó inmensos apoyos en la ultraderecha y en las élites, ya que liberó el mercado del último control estatal, siendo así que todo en una sociedad era susceptible de comprarse y venderse, aunque en la práctica no se produjeran bienes.

En la batalla contra la Unión Soviética, los financistas vieron rápidamente el filón de derribar la barrera del comunismo estatista, para así, a precios irrisorios, comprar los activos de las empresas del Este y especular al por mayor. Uno de los que se benefició con estas operaciones fue, de hecho, el propio Soros, quien sostenía desde su “Open society” que los países debían abrirse, como almejas, al capital y dejar de lado sus regulaciones. Aparentemente, se trata de una teoría para “liberar” regiones cerradas del globo, pero en verdad es un arma para comprar mejor, más rápido y más barato.

Este capital de juguete, que es pura liquidez del dinero, se basa en la confianza y no en oro ni en bienes, con lo cual todo el poder monetario del mundo y por ende el político ni siquiera quedó en manos de gobiernos como el de Estados Unidos o Gran Bretaña, sino que pasó abiertamente a fortunas privadas, financistas de esos gobiernos y de ONG como Open Society. El súper capitalismo, que siempre se había servido del Estado nación moderno, comenzaba el desmonte del mismo en aras de un arrasamiento mundial, que hoy se conoce como globalismo y que en 1992 se inició con la imposición de las terapias de choque neoliberales, al calor de la declaración del fin de la Historia por Francis Fukuyama.

Carlos Marx en el capítulo referente a la acumulación originaria en su obra “El capital”, establece lo que se conoce como los ciclos de reproducción del sistema, los cuales en la medida en que hay un crecimiento en volumen y en expansión, se van haciendo más cortos. Esto se entiende como: las relaciones de producción deben ser modificadas artificialmente, para que no se modifique ni la ganancia del dueño ni ocurra un cambio general en el asunto de la propiedad (mediante una revolución).

Para existir, el capitalismo deberá ser desigual, ya que todo camino hacia la equidad negará su esencia y por ende la existencia misma de la clase patronal. Estos ciclos se hacen cada vez más cortos de manera impredecible, por lo que acercan al sistema al caos y no permiten que este se planifique, así que un arma para introducir cambios traumáticos y que estos no repercutan en lo social será la ingeniería en materia humana, o sea de control de las expectativas y los niveles de percepción sicológicos en las masas.

El capital de juguete, por lo agresivo que es hacia las grandes mayorías, necesita arrasar y que la gente no reaccione. En ello, el globalista Soros tiene hoy la delantera, ya que ha transformado su “Open society” en la forma más eficaz no solo de lavar su dinero mal habido en las especulaciones bancarias, sino de poderlo reproducir a largo plazo mediante operaciones de ingeniería social en aquellos países que serán susceptibles de penetrarse, abrirse y colocar sus activos a precios de juguete ante las grandes operaciones bursátiles.

“Open society” se ha transformado en una especie de “laboratorio” del futuro de la Humanidad, como lo declara la web de dicha fundación abiertamente, a la vez que coloca los fondos a supuestas causas progresistas como el feminismo (mil millones de dólares en 2018 a universidades para que hicieran proselitismo de la ideología feminista de género, así empoderar a chicas líderes que terminaron ganando cada una anualmente de dichos fondos cerca de 40 mil dólares).

El capital de juguete de Soros, que es apenas la cabeza visible de un grupo de fortunas bien nucleadas en torno al Club Bilderberg que ya describiera el periodista Daniel Estulin, busca sobrevivir para los próximos milenios y enarbola planes sujetos a realizarse a mediano y largo plazo sobre las poblaciones del tercer mundo, las cuales se sitúan como el mayor peligro de cara a un mundo más desigual y sin respuestas.

Ingeniería social

Más allá de las conspiraciones sobre si existe o no un plan de las élites para un Nuevo Orden Mundial (NOM), lo cierto es que la concentración de riquezas es casi la única estrategia que le queda al capitalismo para sobrevivir, ello en contradicción con una economía cada vez más global e interdependiente que pide a gritos una redistribución de las riquezas de acuerdo al volumen productivo potencialmente alto que la nueva era tecnológica pudiera permitir.

Los ciclos son cada vez más cortos y cerrados, en aras de mantener el poder en poquísimas manos, así como los mecanismos de ingeniería social para someter a las inmensas mayorías del tercer mundo que, sabiendo que la elite nada en abundancia, no tienen ni para sobrevivir en materia alimentaria o de sanidad.

Por un lado, se prevé que el dólar, al irse Estados Unidos de su puesto de primera potencia, deje de ser moneda franca. Por otro, se quiere el fin del dinero tal y como tradicionalmente se lo entiende, así como del Estado nación a la manera moderna, para evitarle a la élite los contratiempos elementales y lógicos que vendrán cuando el imperio norteamericano sea sucedido por uno de orden euroasiático, que coloque las riendas políticas en las antípodas del poder real financiero.

Es necesario que los ciclos se cierren y que el poder siga en las mismas manos, aunque no haya ya una Casa Blanca que controle el mundo, de allí el globalismo de agentes del mundo occidental como el propio Soros, quien se ha propuesto desde su filosofía de sociedad abierta el fin de ese Estado nación tan molesto a un mercado que no tendrá moneda, y será aún menos visible y más exclusivo.

El desorden que un mundo así puede generar, la ingobernabilidad al no haber gobiernos, se palearán con la ingeniería social, básicamente con una idea que desde muy temprano manejaron los ideólogos del capitalismo: reducir la población mundial. El control de la natalidad y, por ende, de las vidas humanas, permitiría una pasividad de ese sujeto histórico que, aun cuando viva la más terminal de las crisis del capitalismo, no luchará por sus derechos, anestesiado por ideologías divisorias.

La ingeniería social se apoya en conflictos que, al menos a mediano plazo y por razones biologicistas y culturales, no tienen una respuesta o solución. Allí, la política de las élites profundiza la diferencia hasta hacerla infranqueable.

Si revisamos la web de la “Open society” veremos que, bajo la apariencia de “causas justas” esta agencia pantalla de la CIA declara su apoyo a movimientos sociales, grupos, líderes y partidos supuestamente progresistas y se le destina a ello ingentes sumas. Y es que para dividir con efectividad, lo primero es cooptar a la nueva izquierda (feminismos, LGBTQ+, ecologistas, defensores del multiculturalismo, pro-emigración, pro-abortos, pro-legalización de las drogas e incluso de la pedofilia, aunque en este último caso solo de manera indirecta y no declarada).

La apropiación de conflictos que tienen como base al sistema y la lucha de clases y su profundización, mediante el manejo de líderes y redes sociales, así como del entrenamiento (recordemos los campos para feministas radicales en Ucrania, de donde surgió el famoso movimiento FEMEN); tales son las estrategias de esa ingeniería para dividir y restarle poder al Estado de derecho moderno, generando un caos que conduciría al ascenso de derechas cada vez más autoritarias y controladoras.

La cooptación de la nueva izquierda además se hace para desprestigiarla, radicalizando hasta el ridículo sus agendas y haciéndola inoperante, como está sucediendo en España con los socialistas y su alianza con el feminismo radical (la guerra de sexos llegó al extremo de que la Ley Orgánica de Violencia de Género no solo criminaliza al varón per se, sino que eliminó de plano la presunción de inocencia y 200 disposiciones constitucionales). Esto daría paso, a su vez, a una ofensiva de la derecha dura que, esta vez sí, tendría armas ideológicas muy fuertes y convincentes: los errores cometidos por la izquierda como parte de su cooptación en los planes capitalistas de la ingeniería social y la división de las masas.

Y es que en el mundo de Soros no habrá ni izquierda ni derecha, sino hombres obedientes. Ya de hecho la falsa denuncia de acoso sexual, un proyecto sostenido por el feminismo radical con dinero de la “Open society”, se usa para el chantaje de políticos incómodos que amenacen al sistema capitalista, como sucedió con Julian Assange, a quien el servicio de inteligencia británico y la CIA le fabricaron una falsa denuncia de acoso en Suecia, para meterlo preso y matarlo.

Debilitar los Estados, hace que la población dependa más del capital internacional financista, con lo cual se pondrán en juego en el tercer mundo las políticas de reducción de la población. Con ello, no hará falta una potencia central como Estados Unidos y a eso apuesta la gran élite en su proyecto para los próximos milenios.

Soros contra Trump, ¿el capítulo final?

A pesar de su financiación al Partido Demócrata y, en particular, a Hillary Clinton, Soros no pudo impedir el ascenso del magnate inmobiliario Donald Trump al poder con un discurso antiglobalista y nacional, que prometía retornar los Estados Unidos a la era del capital productivo (“Make America great again”). Desde el momento cero, el republicano ha tenido en contra a quienes desde la administración Obama ya llevaban adelante el desmonte, comenzando por Norteamérica, de los últimos pilares del liberalismo clásico (ya percibido por la élite como un lastre y casi subversivo de cara a los planes de ingeniería social planetaria).

Trump es un ultra conservador que no obstante encarna al sujeto político que Soros quiere arrasar: el Estado nación moderno y el nacionalismo. En esa guerra ambos representan diferentes fases del mismo capital en una disputa propia de las contradicciones de un sistema en crisis. Probablemente, al final del mandato de Trump, ascienda al poder un líder globalista y se reanude una agenda que, para nada, tiene que ver ni con el progresismo ni con un mundo alejado de los dolores y las desigualdades.

Soros es de los selectos ingenieros de ese planeta, al que tantas distopías sobre el totalitarismo se han referido, donde el valor de la vida y sus derechos naturales (el llamado iusnaturalismo) dejarán de existir, para dar paso a una especie de pesadilla, cuyo único fin es el sostén de unos pocos.

Mauricio Escuela
Mauricio Escuela
Lic. Periodismo por la Universidad Marta Abreu, estudiante de Ciencias Politicas por la propia casa de estudios, columnista de las publicaciones La Jiribilla y Cubahora. Se desempeñó como analista de temas internacionales en el diario Granma.

5 thoughts on “George Soros y la pesadilla de juguete

  1. Un texto interesante pero: “… para que hicieran proselitismo de la ideología feminista de género”. Primero: un texto periodístico debería estar actualizado en cuanto a temas que son agenda mediática, e “ideología de género” es el término que se está utilizando para desacreditar la causa feminista. Me llama mucho la atención por los ataques recientes de este autor en redes sociales a las causas feministas. Pero no he visto artículo ni post contra violencias en base al género. Un tema tan sensible, ligado a las luchas de las mujeres por sus derechos, debería ser tratado con más cuidado amén de opiniones personales. Que las organizaciones que financien cambios de regímenes en el mundo, se monten sobre las luchas de sectores ciudadanos, esa es una cuestión a abordar, es cierto, pero sin deslegitimar la causa misma, porque la causa es noble,necesaria, urgente! Y el periodismo debe ayudar a visibilizar inequidades; de eso se trata hacer un periodismo útil. Lo digo, además, porque tengo conciencia de la profesión que yo también ejerzo como periodista de Bohemia.

    1. Colega la felicito por comentar, en cuanto a lo que usted califica de ataques, la invito a mostrar las pruebas de que lo son, pues ni el odio ni la deslegitimación han estado presentes en ellos, mucho menos el odio a la mujer. Lee usted mal entrelíneas. Por otro lado, me pide usted un trabajo diferente de este, siendo usted misma periodista y ejerciendo la profesión, o sea que mi falta para usted es haber escrito este trabajo con este enfoque, que usted misma reconoce necesario, y no el trabajo que usted quisiera. La invito a hacerlo. Por demás, el término ideologia de género no se usa para descalificar a nadie, es un término académico y que incluso está indexado como tal en publicaciones avaladas en el mundo de los estudios de género. Por acá le coloco una cita muy accesible en internet, aunque puede estar sujeta a insuficiencias. Gracias por comentar.
      La ideología de género es una filosofía, según la cual el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente.

  2. Extraordinario trabajo para poner en orden el caos aparente de un mundo complejo y a veces descompuesto con tantas fakenews. En lo personal considero, como muchos otros que conozco, que lo expuesto en este trabajo periodístico es válido. Curiosamente el movimiento feminista en México ha logrado una inusitada difusión que ha acrecentado de manera considerable el movimiento pero de manera anormal a tal grado que propios miembros del poder legislativo han hecho suya una causa social que en otras circunstancias nunca tomarían. Para mí es claro que se ha manipulado el movimiento a conveniencia de intereses ajenos pero no ha existido suficiente accesibilidad a información como la aquí presentada para desmontar la farsa. Espero puedas compartir más información a mi correo. En México estamos en crisis.

    1. Gracias hermano latinoamericano, desde Cuba se implementan políticas integrales y efectivas que desde 1959 han otorgado a ambos sexos paridad de oportunidades, estamos conscientes del entorno regional y de lo que nuestro país debe preservar (que es muchisismo) y avanzar. Por ello, esclacerer hacia dónde va el femónemo de la llamada “nueva izquierda” se hace hoy más necesario, en aras de que las causas justas, las de los oprimidos y los ninguneados, no sean usadas impunemente para planes imperiales, hegemónico, de guerra cultural y saqueo de recursos. En un próximo trabajo, a propósito de lo que nos planteas, estaré abordando la implmentación del Memorando de 1974 de Henry Kissingger en el Tercer Mundo, referente a reducir la población mediante la reducción de la natalidad por un lado (ya vamos viendo cómo) y mediante guerras (el documento habla que en los próximos años, o sea luego de 1974, era necesario eliminar de la faz a 2 mil 400 millones de personas). En cuanto al feminismo, es lamentable que luego de dos feminismos liberal y marxista, se implementen y sufraguen, desde estas agencias derechistas y pantalla de la CIA, a profesoras universitarias que vertebran la teoría de género (llamada por muchos de nosotros ideología), que más allá de su disvutible carácter cientifico (plantean que todo es construcción cultural y cero biología), dan una imagen demasiado denigrante del varón, con lo cual se convierten en panfletos irracionales. Sobre esto, leer por ejemplo a Monique Wittig, Andre Dworkin, Firestone, Valerie Solanas, o Beatriz Preciado. Mediante la culpa ideologica, la división de sexos y la conflictuación de las sociedades, es que opera el vidide et impera de Soros y otros. Muchas gracias.

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