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Roberto Chile o el hombre a quien jamás lo venció el cansancio

Quizás, para muchos, ese fue solo un detalle anodino. Lo cierto es que él no se aparta de su cámara. Tal vez, como inexplicable misterio, es la cámara la que no se aparta de él. Colocada sobre una mesa, la cámara personificada también celebraba el homenaje.

El encuentro fue en la tarde. Las puertas de la Sala Federico García Lorca en el Centro Cultural Dulce María Loynaz quedaron abiertas para quienes desearan acercarse a un hombre “vencido por el sueño, pero nunca por el cansancio”, como metafóricamente hablara.

Fue Roberto Chile, o mejor Chile, a quien Ciro Bianchi presentó al auditorio en el espacio Gentes y Lugares de La Habana.

-Es mejor tomar imágenes que construir proas y propelas. Hoy me doy cuenta de que sería un astillero frustrado, por lo menos soy un buen aprendiz de audiovisuales – recordó al contar cómo el sueño de construir barcos pasó al olvido, después de abandonar la carrera de Ingeniería Naval.

Dice que nació en La Habana por azar cuando su madre (de Sagua la Grande) y su padre (de Cárdenas) vinieron a la capital en busca de un cambio.

Con cuatro años, una casa situada en Lagunas 379 entre Gervasio y Belascoaín fue la nueva dirección de la familia a partir del primero de enero de 1959. Su infancia transcurrió en un país de efervescencia.

-¿Fotógrafo o camarógrafo? pregunta Ciro.

-Creo que ambos están unidos. Cuando tomaba una foto no buscaba el simple recuerdo sino algo más. Pretendía hacer arte con las imágenes de mi esposa o mis hijos.

Con Chile de invitado el tiempo se acorta. La conversación fluye. Renuncia a lo esotérico y hace públicas anécdotas de su juventud y del trabajo junto a Fidel Castro. Su ejercicio profesional como fotógrafo y documentalista se mantuvo vinculado  al quehacer político y vital del Comandante, “siempre sostenido sobre el respeto y la confianza”.

No duda en reconocer que hubo tiempos difíciles, de mucho trabajo. Sin embargo, la influencia que Silvio Rodríguez tuvo sobre él, fue la causa por la cual recitara un fragmento de canción convertida en parte de su credo. Así recordó: “sigan exigiéndome cada vez más hasta poder seguir o reventar”.

Para las personas que no lo conocen Chile armó una especie de definición a modo dadá, capaz de mostrar su esencia: “Creo que hice lo que pude. La obra de la que más me enorgullezco es de mis hijos. Entre las personas que más admiro está Eusebio Leal. Hubiera querido ser masón. Uno de los premios que más agradezco es el Premio Nacional de Periodismo. Soy industrialista. Aunque me encantó bailar con los Van Van, viví apasionadamente las baladas de los Zafiros y las canciones de los Beatles”.

En toda esa madeja subjetiva y humana está Roberto Chile Pérez, un hombre que abre su vida, la muestra con sublime minuciosidad y aclara a los presentes: “cuando les pregunten quién es Roberto Chile díganle que si van a hablar mal o van a hablar bien, primero siéntense con él media hora y después opinen”.

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