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El duro camino de la mesura

Era previsible y ocurrió: Boris Johnson fue elegido primer ministro del Reino Unido. No en comicios generales, con voto ciudadano, sino en unas internas del partido conservador. Ocurre que Teresa May presentó su renuncia y tal como ella misma accedió al cargo en el 2016, con la baja de David Cameron, ahora asciende quien fuera alcalde de Londres y canciller renunciante debido a las discrepancias sobre el brexit.

Toda esta situación que ha colocado al país en circunstancias bastante enrarecidas, proviene del divorcio entre Londres y la Unión Europea. Ha estado al centro de dos renuncias de jefes de gobierno y no será raro si ocurren otras dimisiones, o si es necesario efectuar comicios anticipados a corto plazo. No se excluyen separaciones ya previstas, la de Escocia en primer término.

Las posibilidades a la vista tienen en el ámbito económico, uno de los peores riesgos. Son peliagudos los problemas posibles a partir de una salida abrupta y eso es  lo que Johnson viene anunciando como su prioridad.

El momento fijado por Bruselas para concretar el desprendimiento de uno de sus miembros, es en octubre, y quien acaba de recibir atribuciones para ello, viene repitiendo que en esa fecha saldrán a como dé lugar. En juego hay mucho. Peligra la condición de plaza financiera de Europa que actualmente ocupan,  y una desaceleración seria de la economía.

El Instituto Nacional de Investigaciones Económicas y Sociales (NIESR) prevé que ahora mismo, y debido a la anómala situación  imperante en los dos últimos  años, este 2019 crecerá por debajo de lo previsto y hasta con la mejor posibilidad, habrá estancamiento. A las bravas,  sin acuerdo amortiguando las consecuencias, se presenta un panorama indeseable: estancamiento con un aumento del o superior al 4% de lo actual y caída de la libra esterlina (puede ser del 10%) con las diversas derivaciones a partir de esa pérdida de valor.

“Se mire como se mire, no habrá mucha alegría económica en un brexit sin acuerdo”, afirmó el director del NIESR, Jagjit Chadha. El citado instituto  pronostica una recesión “severa” si el mal afamado divorcio es anárquico. Hasta en la mejor posibilidad, un desgajamiento suave,  el impacto a largo plazo se expresará en la reducción del PIB británico en un 5%  “de manera permanente”, algo que no debe suceder si el país permanece en la UE o la abandona con buenas maneras.

Entre los disímiles temores expuestos de forma pública por los laboristas y muchos tories, sirve de muestra lo expuesto por George Galloway, -político y editorialista- para quien Johnson “es la encapsulación perfecta de todos los vicios de la élite” nacional. Y no parece que se trate solo de los parecidos que algunos le encuentran con el presidente norteamericano en cuanto a su léxico y posiciones nada flemáticas, sino, a la inversa, si asusta su ampuloso y altisonante modo de expresarse, más miedo dan enfoques excedidos  como el que viene planteando sobre el brexit.

Como por delante hay problemas muy serios, ese tipo de inclinaciones es rechazada hasta por sus propios adláteres de filas. Encima, Trump le ha pedido que se sume a la ofensiva contra Irán. Como es habitual, el Reino Unido sigue los decretos trazados en la Casa Blanca y visto que retienen, a pedido de EE.UU, un petrolero persa en Gibraltar, con justificaciones enclenques,  no parece sensato esperar cambios posteriores  en positivo.

Se espera la dimisión de varios ministros, pero incluso si no ocurren, las perspectivas se mueven entre la probabilidad de hacer otro referéndum y zanjar con el voto ciudadano lo del brexit, o hacer un anticipo electoral, algo que tienta a unos cuántos pero no parece seducir a Johnson.

A escala interior, fuera de lo económico-financiero, está el posible despertar del drama norirlandés, también asociado con la susodicha separación, pues la UE previó normativas para impedir que  el desglose afectara a esa provincia británica y lo mismo con respecto a la república de Irlanda, miembro activo de la alianza del Viejo Continente.

No se debe subestimar otras dos posibilidades.  La Cámara de los comunes decretó una moción para impedir que quienquiera fuese el premier, determinara cómo efectuar la ruptura pasando por alto la voluntad del parlamento. Sin embargo, se teme que la medida cautelar no funcione. Otros piensan adecuado suscitar un pedido especial a la Reina Isabel II, quien como jefa nominal del estado, tiene el derecho de solicitarle a la UE una prórroga, en busca de consensos hasta aquí no alcanzados.

Se teme no funcione tampoco esa estratagema que anularía la proverbial neutralidad de la monarca en la praxis de gobierno. Dada la falta de arreglos y el ambiente enviciado, sea al interior o en relaciones exteriores, cualquier cosa, incluso la peor, puede ocurrir.

Eso, desde luego, a semejanza de tantos asuntos que andan con malos pasos en la actualidad, no es bueno para ellos ni para los demás, pues en este  tiempo están demasiado interconectados los asuntos del mundo, como para estar al margen de peligros y secuelas.

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