PERIODISMO PATRIMONIAL E HISTÓRICO

Del saber patrimonial de los cementerios de La Habana

Cementerio chino de La Habana

La vida es una mariposa en llamas, un día se apaga. (Anónimo)

Dentro de poco más de un año la capital cubana cumplirá sus 500 años de fundada, el 16 de noviembre de 2019, y con el presente trabajo finalizamos la serie dedicada a los camposantos que fueron creados en el período colonial, tras el cierre de los enterramientos en partes del subsuelo de las iglesias católicas.

A finales del siglo XIX fueron construidas las necrópolis Bautista, Chino y Colón. Así por Real Orden de 6 de octubre de 1884 se autorizó el levantamiento del Cementerio Bautista, al cual daba acceso el camino de Mordazo a través del entonces llamado Callejón de los Protestantes, a ocho metros por el noroeste del Colón.

Se fundó el primero de febrero de 1887 e inicialmente tuvo una extensión de un octavo de caballería de la finca Los Zapotes y otra media caballería de la estancia Las Torres. Su superficie fue fraccionada en tres departamentos, cada uno  dividido a su vez en cuartones, nombrados: Bóvedas, Thichonor, Adair, Rut, Ester, Belot, Stervard, Alfa, Mac, Donald, Hiller, Gama, Paraíso, Samuel, Josué, Felipe Díaz, Alabamac, Delta, Porta, Paine, Díaz y Cuba. Cada cuartón con 120 fosas, con los bordes sembrados de dalias.

La puerta de entrada se situó en el ángulo suroeste y la sostenía dos grandes columnas de mampostería, con dos hojas de tablas de pino. A ambos lados se hallaron los jardines de cien metros de longitud con plantas exóticas.  Y al fondo de la parte izquierda se ubicó la capilla, donde se leía la leyenda: Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor.

Todo el cementerio fue cercado con pilastras de mampostería de 50 centímetros de ancho. El enterramiento de un adulto costaba cuatro pesos oro, y hasta dos pesos oro el de un feto.  Aún existe esta necrópolis  más reducida  y dista 1 300 metros del río Almendares.

Por su lado, el Cementerio Chino se encuentra situado frente a la Avenida 26 y calle Zapata, en Nuevo Vedado, el cual constituye particularmente para los turistas no asiáticos un camposanto de improntas admirables, sobre todo, por las costumbres orientales relacionadas con los rituales de los enteramientos.

El 11 de diciembre de 1882 comenzaron las gestiones para la edificación  de esta necrópolis destinada a los fallecidos chinos, y ella fue la última construida en el siglo XIX, según la autorización dada por las autoridades coloniales al cónsul Lin Liang Yuan.  El 20 de mayo de 1893 se iniciaron las obras que concluyeron un año después.  Los fondos para la construcción fueron recaudados entre los emigrantes y comerciantes del barrio chino de la capital cubana.

Los primeros 206 chinos culíes llegaron al puerto de La Habana el 3 de julio de 1847, contratados como mano de obra barata.  Sin embargo, fueron tratados como semiesclavos en largas faenas agrícolas.  Confinados e barracones, mal alimentados, muchos morían al poco tiempo del arribo.  Años más tarde, llegó a La Habana una gran emigración china y como nunca lograron pagarse un pasaje de regreso a su país, en Cuba les sorprendía la muerte, lo cual fue un dolor de cabeza para las autoridades españolas, que no permitían sus entierros en las iglesias.

Por ello, próximo a Guanabacoa, se destinó un terreno cenagoso para el primer camposanto de los chinos, y luego se permitió también sepultura al fondo de la necrópolis de Colón, hasta que fue permitida la edificación del Cementerio Chino. Este fue desplazado en una superficie de 9 000 metros cuadrados de la finca Las Torres, a 101 metros del ángulo suroeste de Colón, todo cercado con una verja de hierro. El costo ascendió a 8 100 pesos oro

La superficie se dividido en cuatro cuadros iguales por dos calle que son pediculares en ángulo recto. Una se dirige a la portada sur y la otra, de este a oeste.  Ambas pavimentadas con piedras y por sus lados crecen arbustos y flores. En el extremo este de la calle transversal se edificó una pequeña habitación sin puertas, construida con ladrillos rojos y tejas francesas, donde se encienden velas, se quema sándalo y papel moneda para que -de acuerdo con creencias- en el viaje largo emprendido por el difunto no le falte dinero.

Con el paso del tiempo, hubo que hacerle una reducción al Cementerio Chino debido al trazado de la Avenida 26 y la urbanización del reparto Nuevo Vedado, por lo que la superficie quedó en 8 189 metros cuadrados. Es típica de este camposanto la exuberante vegetación y según un ritual cada chino acostumbraba dejar escrito en su testamento qué tipo de plantación prefería que se sembrara en el sitio de su sepulcro.

Pese al deterioro que presenta en la actualidad la construcción, el Cementerio Chino continúa atrayendo la curiosidad de numerosos caminantes que suelen detenerse frente a la puerta de entrada, con la inscripción en caracteres chinos: San Yu Chum, Wa, Cementerio General de China.

También la célebre necrópolis de Colón fue edificada en el siglo XIX. El 7 de junio de 1871, Rafael Clavijo en nombre del jurado de la convocatoria para premiar el proyecto de construcción de la nueva planta cementerial, hizo público el fallo a favor del plano Pallida Mors aequo pulsat pede tabernas pau perum regnum que turres… (La pálida muerte entra por igual en las cabañas de los pobres que en los palacios de los reyes…), del joven gallego arquitecto Calixto Loira Cardoso.

El proyecto mostraba excelente diseño y admirable belleza artística y por eso obtuvo la casi totalidad de los votos. Pallida Mors fue justipreciado en 360 383 pesos oro. A todos su lugar, señalaba la memoria descriptiva del plano, donde están distribuidas las sepulturas en recintos sacerdotales, castrenses, cofradías, potentados, proletarios, párvulos, epidemiados, condenados a muerte y paganos.

Loira fue nombrado Director Facultativo de la ejecución del Cementerio, el monumento más importante, revelador y trascendente de la arquitectura colonial de Cuba de finales del siglo XIX.

Fue concebido como una colosal planta cementerial del estilo neoclásico, rebosante de simbolismo religiosos del cristianismo, inspirada en la tradición romana de la Edad Media de diseñar la ciudad de los muertos a partir de 5 cruces griegas, cuya interpretación geométrica es una gran cruz central, escoltada por otras cuatro menores, que en épocas de las Cruzadas se denominaban Cruz de Tierra Santa o del Santo Sepulcro.

De ahí que Colón esté dividido en cuatro grandes cuarteles orientados en los puntos cardinales: Nordeste, Noroeste, Sudeste y Suroeste.  Estas áreas dominan las zonas de monumentos de primera, segunda y tercera categorías. Las cruces menores se están divididas en cuatro cuadros, cada uno llamado campo común, y fueron destinadas  a las inhumaciones en tierra, que se cobraban, mientras en los espacios reservados se hallaron los tramos gratuitos o de limosnas.

La división de clases en ricos y pobres quedaría evidenciada, pues para los pudientes  se destinaron las zonas de los monumentos de gran suntuosidad y para los pobres, los sitios donde apenas se colocarían lápidas lisas.

Los brazos de la cruz mayor se nombran Avenida Cristóbal Colón, Avenida Obispo Espada y Avenida Fray Jacinto.  El resto de la calles están rotuladas con letras del alfabeto hasta la N; las situadas a la derecha y paralelas a la calzada de norte a sur llevan los números desde el 2 al 18, y a la izquierda de la avenida principal están los números impares, desde el 1 al 17.  Todas las venidas fueron escoltadas por árboles y fabulosos monumentos de mármol de Carrara y de Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud).

Loira dibujó varios planos para diseñar la portada norte, catalogada como la pieza arquitectónica más importante del camposanto.  Por su belleza artística y estilo románico bizantino, su autor le atribuyó caracteres sereno y triste, tanto por la sencillez en la ejecución de su decoración, como por la solidez de su forma y llamó a la admirable entrada principal Janua Sum Parcis, Soy la puerta de la paz.

La primera piedra inaugural y simbólica de las construcciones de Colón fue colocada en la mañana del lunes 30 de octubre de 1871, en el sitio donde se edificaría la entrada principal, decorado con palmas, laureles, flores, banderas, los retratos de los Reyes de España y el nombre del llamado descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal Colón.

Bajo un cielo gris se llevó a cabo la ceremonia, presidida por el capital general interino Romualdo Crespo de la Guerra, pues el capitán general de la isla, Blas Villate, conde de Valmaseda, se hallaba  en la región oriental ordenando el exterminio de los cubanos independentistas, hecho conocido en la historia de Cuba como “Creciente de Valmaseda”.

La nueva planta cementerial fue bendecida por el gobernador eclesiástico Benigno Merino y Mondi con estas palabras: El cristianismo reúne en una sola e idéntica sociedad los muertos y los vivos, la tierra, el cielo, el tiempo y la eternidad.  La Habana puede gloriarse de que dentro de breve término tendrá una magnífica necrópolis digna de su piedad y cultura. Rocío de agua bendita un ejemplar de la Guía de Forasteros y otro del Calendario del Año, además de varias monedas de oro y plata del rey de España Amadeo I de Saboya,  un ejemplar de cada periódico publicado el día anterior, y una copia del acta de inauguración, firmada por las personalidades presentes.

Todos los objetos fueron depositados dentro de una caja de caoba sellada y esta, a su vez, fue colocada dentro de otra de plomo, e introducida en el hueco que cerraría la piedra fundacional de las construcciones de la necrópolis.  Una teoría del rumor echó a andar años después de terminada la Puerta de la Paz, cuando alguien dijo haber visto colocar allí una urna con los restos de un muerto y muchos especularon de que se trataba de las cenizas  de Cristóbal Colón.  Pura leyenda.

Un mes después, Loira puso en marcha su obra cumbre: La Pallida Mors y sin lograr siquiera la culminación de la Galería Tobías murió al año siguiente víctima de un paro respiratorio. La construcción se vio interrumpida por largo período con motivo de las sostenidas disputas entre la iglesia y el gobierno colonial.

El Cementerio de Colón tardó 15 años en conducirse a feliz término, concluyó el 19 de noviembre de 1886. Contempló como obras principales la Portada Norte o Puerta de la Paz, el más bello arco de triunfo existente en la Isla, la Capilla Central y el Osario General. Toda la edificación costó una considerable fortuna.

El mayor cementerio de Cuba es también uno de los más colosales del mundo, y es el único  que en el continente americano lleva el nombre de Cristóbal Colón. En 1987 fue declarado Monumento Nacional de Cuba, por la abundancia de piezas de gran valor histórico y artístico.  En este documento reza: “Fundada oficialmente el 30 de octubre de 1871, poco más de 123 años, la necrópolis habanera muestra y conserva en sus 56 hectáreas de superficie las evidencias materiales que testimonian  el desarrollo económico social, artístico y espiritual de la sociedad capitalina, fundamentalmente sin perder por ello su vínculo con lo nacional y lo universal.”

Lamentablemente no todo lo que podemos contar es brillo. Graves hechos han ocurrido en el Cementerio de Colón en particular a partir del decenio del 90 del siglo pasado cuando dio inicio el Período Especial y comenzaron las profanaciones y hurtos en el camposanto.  Individuos sin escrúpulos abrieron tumbas en la búsqueda de joyas y otros objetos de valor depositados con los cadáveres, e incluso hasta fueron sustraídos cráneos y huesos para trabajos de brujerías.  Han desaparecido ángeles de mármol de Carrara, argollas de bronce y otras valiosas piezas.

Hoy el Cementerio de Colón es sometido a una reconstrucción, especialmente en todas aquellas bóvedas, mausoleos y panteones más afectados por los actos vandálicos y la pátina del tiempo. En tanto continúa visitado cada día por centenares de turistas.

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