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¿Yo leo, lees tú, él lee?

Se me ocurre creer de pronto que cuando uno lee un libro equivale a oír a un maestro que responde preguntas en silencio. Tras pensar en el valor de la frase, dudo de que sirva como una invitación a leer. Porque justificaciones para no interrogar a ese maestro, sobran. Que me entra sueño, que los espejuelos ya no me sirven, que la picazón en los ojos, que no tengo tiempo… Por ahí, por ese tranque de justificaciones se escurre la lectura.

Y es tan necesaria que, para apoyarla, debo citar la recurrente sentencia del patólogo español José de Letamendi(1828-1897: “El médico que sólo sabe medicina; ni medicina sabe”. Lo mismo le pasaría a un ingeniero o a un albañil. Desde luego, leer es un hábito que se adquiere tempranamente. Y desde entonces ha de convertirse en una necesidad. Si el adolescente va a la escuela y lleva la merienda en la mochila, posiblemente, si practica la lectura, cargue también un libro. Mi experiencia me informa que todo estudiante lector, resultará siempre un aventajado alumno, incluso en la universidad.

Alguien preguntaba hace poco a un grupo de estudiantes: ¿Qué blogs, qué páginas web leen? Y me parece que la pregunta inquieta más que las posibles respuestas. No sólo porque quien preguntaba, pretendía recomendar a los cristalitos digitales como la lectura fundamental de estos tiempos.

Uno, cabizbajo, inquiere a su vez si esa es la pregunta exacta -qué blogs estás leyendo-, porque me parece que navegando por algunas bitácoras personales, incluso sitios de Internet, no se llega muy lejos, salvo que fuera el blog de un parigual de García Márquez, o de Silvio Rodríguez, o de algún científico reconocido. Quizás con blogueros como los citados, es decir, capaces de escribir algo útil, edificante, sugerente, pueda uno invertir tiempo sin perderlo.

Estoy, no obstante, entre quienes, con el propósito de no orillarse en esta época, también la mía, recomiendan que cuando preguntemos qué blog estás leyendo, añadamos qué libro lees. El abasto de provisiones nutritivas en la faena de articular el pensamiento y sostenerlo con la cultura, no se almacena en el común de los blogs, sino más bien en los mejores blogs y los mejores libros. Claro, me refiero a los cubanos que puedan acceder a la Internet. Uno imagina que alguna vez todos nuestros compatriotas tendrán un ordenador y una conexión. Y también uno desea que cada uno de los cubanos fuera capaz de leer como mínimo un libro al año.

¿Se lee en Cuba? Bueeeno,  algunos cubanos leen, y ciertos cubanos leen incluso por los cubanos que no leen. Y la experiencia nos confirma que quien no se habitúa a pasar sus ojos sobre un volumen impreso, el día que empieza a leer un artículo de opinión en cualquier periódico, o sitio digital, lo deja a la mitad diciendo que no entiende, que resulta enredado. Habría que preguntarle a ese lector ocasional qué almacén de referencias tienes, cuántos artículos has leído, cuántos libros y qué libros has leído. Leer no consiste en identificar las palabras, sino en saberlas asociar e interpretarlas.

Hemos de escribir para el pueblo, como decía don Antonio Machado. Pero Machado o José Martí escribían para lectores empeñados en acrecer su cultura, su saber y su sabiduría. Ni Martí, ni Machado escribían para los que no “sabían o no quería leer”. Escribir para el pueblo consiste en hacer ascender al lector mediante la hondura, la sensatez y la armonía de cuanto se escribe.

Una sopa de letras, plato que se consume casi sin masticar, no supone escribir para el pueblo. ¿Qué estatura y fuerza intelectual se ganaría ingiriendo ese caldo literal? Por leer libros compuestos para inspirar al lector a subir en ética, sabiduría, cultura, podremos elegir entre aquel o este blog, el blog que menos “comida fácil” ofrezca.

Pero no dejemos de preguntar: Qué libro estás leyendo. Los libros, ah, los libros, son los que fertilizan la sensibilidad, agudizan y abrillantan la mente, incrementan la cultura, enriquecen nuestro idioma y nos lo perfeccionan.

Hace poco, me preguntaron qué era para mí un libro. Y aparte de conceptuarlo como un maestro silente, dije: Un espacio para el diálogo: escribo en el margen de sus páginas, subrayo líneas y párrafos,  disiento, apruebo. En otra vertiente, el libro es mi principal agencia de viajes. ¿No adivinan qué quiero decir? Leyendo viajo. La lectura de un libro es un vuelo, a veces largo y suave, a veces breve y arduo, pero implica una excursión de la que uno regresa con la conciencia acumulada de saberes, ideas y visiones.

No exagero cuando propongo: quieres definir completamente a una una persona, pregúntale qué libros y a qué escritores lee…

Luis Sexto Sánchez
Periodista cubano. Licenciado de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de la Habana. Premio nacional de periodismo José Martí 2009. (Remedios, Villa Clara, 1945)

One thought on “¿Yo leo, lees tú, él lee?

  1. Profe, de acuerdo totalmente con usted… hablo mucho del tema con los estudiantes de periodismo… pero muchos, más de los que quisiéramos, NO leen… o leen muy poco…

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