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Colegas recuerdan a Moltó

 

Moltó junto al compañero Lázaro Expósito Canto, primer secretario del Partido en Santiago de Cuba, y el periodista de esa provincia Reinaldo Cedeño (Foto: YAG)

Son infinitas las muestras de amor, cariño y respeto hacia la figura de Antonio Moltó que hemos recibido hoy en la Presidencia de la Upec. Cada recuerdo es una huella en la memoria personal y colectiva de los colegas que le rendirán tributo este miércoles 16 de agosto en toda Cuba.

Antonio Moltó Martorell: Un hombre que luchó por transformar su entorno

Por: Paquita Armas Fonseca

La foto que ilustra este texto tiene las imágenes de Antonio Moltó Martorell (Ver texto integro en el enlace) y Caridad Fonseca, él, un periodista de buen tronco que se nos fue este 15 de agosto; ella, mi madre, Caridad, que  partió  hace cinco años. La escena es de cuando mi hermana, Irma, y yo le celebramos los 50 años de la petición  de mano de mi papá, Ramón, de su novia, su querida Cary, sino me equivoco en 1979.

Ambas invitamos a los amigos de mami y papi, y a los nuestros. Moltó fue siempre otro hermano para Irma y yo lo conocía desde 1970, cuando recién puesto un pie en el periódico ¡Ahora! de Holguín, participé a una excursión a los carnavales santiagueros, las fiestas que más me gustan en Cuba, y  a los que he renunciado por el calor.

¿Qué decir de un hombre al que de una manera u otro le he seguido la pista durante cinco décadas? Muchas veces supe algunas cosas por Irma, porque no todo fue un camino de rosas en su vida, en ciertas ocasiones lo vi como un Ave Fénix.

Por mi amigo Moltó

Por: Zenaida Ferrer

Con el anhelo de lo imposible (traerlo de vuelta fuerte, sano), escribo en este día de dolor y llanto. Mi corazón está de luto y en un primer arranque de tristeza, pedí silencio por la partida de mi amigo Moltó.

Ahora, minutos después de tratar de digerir la noticia, así como lloro y casi no puedo ver el teclado, empiezo a darme cuenta que nunca fue silencio lo que él inspirara, por eso, a trabajar mucho, que la radio, su medio por excelencia, suene alto y firme; que los colegas generen obras trascendentes, que su Santiago natal vibre a su altura…

En la vida no todo puede hacerse como se quisiera, y el presidentendel gremio periodístico cubano, hubiera necesitado mil vidas para concretar tantas ideas, proyectos, acciones, que generaba su juvenil e inquieto cerebro.

Nos quedan las experiencias compartidas, el privilegio de atesorar sus sueños; los matices aprendidos para conspirar, en abrazo apretado, a la hora de darle forma, como un parto colectivo, a uno de sus ilustres pensamientos. Sé que la Upec no será la misma sin él, pero fue tan generoso que nos legó su imborrable impronta.

Su partida, abre surcos en mi alma resentida por tantas despedidas, me hace recordar que la muerte está viva, solo que esta no puede contra el poder del amor, y amor, es un sentimiento puro y noble que sentimos los amigos por este intelectual de alto vuelo, merecedor de no sé cuántos premios, aunque para mí, su mayor mérito es haber sido un hombre de su tiempo.

Estas despedidas serán sólo el principio de un eterno reencuentro. Yo solo pido que, en el próximo abrazo, nos sintamos dignos de haberlo llamado Amigo.

 

Recuerdos de Moltó

Por: Andrea Hernández Valera

A las 5 y 32 de la madrugada recibí la noticia que no quería oír. Mi  interlocutora no sabía cómo iba a decírmelo, pero  yo me adelanté.

Lo conocí cuando apenas su hija y la mía tenían 9 años y se hacían  amiguitas para toda la vida, él y yo también nos hicimos amigos para toda la vida. Después  y no por azahar de la vida comencé  a trabajar con él en la UPEC. Fue mi jefe por once años. Atendíamos  la superación de los periodistas, entre otras muchas cosas. Siempre estaba  generando ideas, socializándolas y poniéndolas en  práctica. Había que estar tres pasos antes que  él. Siempre nos transmitió su dinamismo, optimismo y sobre todo el deseo de hacer lo mejor. No siempre concordamos en nuestros puntos de vista, pero al final mediaba la paz y un “está bien gordi” Por cierto fue a la única persona  que le permití recordarme mis libras de más.  Tuvo  muchas virtudes, era un soñador por excelencia, y nos llevaba con él en sus sueños, y lo seguíamos aunque  a veces tuve que aterrizarlo y ser su Pepe grillo.

Moltó, es de  los hombres que vivieron la vida, y no me acostumbro todavía  a hablar de él en pasado. No sé si me acostumbraré a llegar a su oficina y preguntar: mi jefe está ahí. Siempre lo recordaré como él mismo decía como una persona decente, diciendo  sus ocurrencias de santiaguero autóctono  y contagiándonos con su risa franca.

Descanse en paz mi hermano y amigo para toda la vida.

Moltó

Por: Jesús Jank Curbelo

Me abrazó de verdad y le temblaban las manos y a mí estaba temblándome el cerebro y no pude hablar. Dijo que me leía. Yo sonreí y después apreté el asa de la mochila que llevaba al hombro y Barbarita Doval salvó la escena con (su) formalidad típica.

Hizo algo. Nos dijo algo. Yo controlé el nervio. Llevaba los espejuelos tintados sobre el bigote y la camisa ancha. Dijo algo que mi cerebro temblante no pudo atrapar y se alejó despacio, con Barbarita.

Los meses siguientes lo escuché hablar en dos mil reuniones, en eventos, completamente absorto. Me seducía la forma resuelta en que hallaba las palabras y las hacía brincar por el aire armando oraciones; diciendo, sincero, lo que nos hace falta en periodismo.

Hace poco estuvimos en Santiago. Recorrimos las plazas, el Moncada, Santa Ifigenia, el Cobre. Él parecía asombrarse con todo. Parecía que siempre sabía qué decir. Cuando partimos, nos despidió a todos desde la acera y le dije adiós desde la ventanilla mientras nos alejábamos. Ahora es él quien se aleja. Espontáneo, despacio… Y ahora otra vez, desde la ventanilla de la PC, le digo: adiós, mi hermano. Gracias, mi hermano. Nos vemos, mi hermano. Hubiera querido abrazarlo otra vez.

 

Moltó, te abrazo entrañable amigo en el ascenso a la paz

Por Ángela Oramas Camero

No puedo despedirme de ti compañero, amigo, colega, porque eres de esos hombres que dejan una huella tan profunda en nuestros corazones que es imposible asimilar que te has ido esta mañana de agosto, martes 15, a pesar de la luctuosa noticia que circula por todas las redes, especialmente de la web Cubaperiodista, de la cual tan brillantemente fuiste su director.

Recibí la noticia y no pude evitar lágrimas, sentí que me acorralaban la tristeza y los recuerdos, algunos tan hermosos como cuando venías  a mi hogar con  tu bella esposa, Rebeca, a disfrutar de una limonada fría en la terraza frente al mar allende al Malecón, mientras Marrero y tú  intercambiaban brillantes ideas acerca de cómo hacer un mejor periodismo.  Era privilegio, emoción y gusto, escucharlos.

A penas un año y dos meses de la partida de Juan Marrero, también tú lo haces, dejando ambos un ejemplo profesional de incalculable valor para quienes continúen en el ejercicio del periodismo.  Sé que los seguidores serán devotos al legado de ustedes, donde sufrieron grandes riesgos, alegrías, emociones y adversidades de todo tipo, ante las cuales se crecieron con inteligencia, talento y sobre todo amor al periodismo, tú en la radio y Marrero en el periódico Granma, en particular.

Un proverbio chino dice: quien cede el paso ensancha el camino y ustedes dos han cedido ahora el paso, confiados de que los continuadores  sabrán ensanchar, mejor elevar, el decir y escribir de la prensa cubana.  Ustedes no podrán nunca pasar el umbral de la vida y muerte, porque son fuentes de inspiración y fortaleza del mejor periodismo desarrollado en nuestra patria.

Siento Moltó que has pasado por nuestra isla, oriunda del sol y el Caribe, dejando tu pensamiento ardiendo entre todos los que te queremos, respetamos, y seguiremos incansables,  fieles a tu más caro deseo, hacer una prensa con mayor calidad.  Yo sé que este sería tu compromiso más firme  en el venidero Congreso de la UPEC.

No dudes Antonio Moltó, querido Presidente, que los periodistas, todos, juraremos ser fieles a tu desvelo por la calidad.  Muchas veces te oí decir ¡Podemos hacer una mejor prensa, aquí hay talento e inteligencia para ello!  Y, no te fallaremos.  Hasta siempre.

 

                                                                                                                           Buenos Aires, 15 de agosto de 2017

Carta de despedida a un compañero

Las palabras parecen escabullirse como mariposas o cocuyos cuando se trata de despedir a un amigo, a un compañero, a un persistente militante de ideas revolucionarias.

La última vez que compartí con Antonio el cielo cubano fue para otra dolorosa despedida, la de Fidel.

En su misma tierra, donde nació Antonio, tan revolucionaria como el, vibramos entre el dolor y la esperanza de seguir bregando y trabajando por hacer realidad las utopías negadas por siglos a millones de seres humanos.

Es imposible hoy para mí dejar de tener una expresión personal y fraterna ante la muerte de quien aún enfermo se resistía al descanso. Un hombre que para cumplir sus sueños de cambios y transformaciones le pedía al tiempo más tiempo.

Sin embargo, estoy segura que el limite biológico de cualquier ser humano, no impedirá   que esa vida de ideas, la de Antonio y de tantos otros,  nos siga empujando hacia el mismo horizonte emancipador de nuestros sueños -que Cuba nos enseñó -hasta nuestro último aliento.

Con todo el cariño mi despedida al que se va.

Con todo el cariño mi bienvenida a las ideas que se quedan en las nuevas generaciones.

Hago llegar una significativa foto de Antonio, leyendo en su tierra natal un periódico de Santiago de Cuba, Sierra Maestra, despidiendo a Fidel, bajo el titulo “inmenso e inmortal” tomada por mi bajo el sol de la revolución.

Lidia Fagale- Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires.

 

Mi “profe” Moltó

Por Demetrio Villaurrutia

Nunca imaginé que tuviera que escribir de mi ¨profe¨ (Ver texto integro en el enlace) en pasado…Mas, me niego hacerlo en tiempo pretérito sobre la persona que, aunque ya no está físicamente entre nosotros, nunca morirá, si asumimos una de las esencias que nos inculcó: La prensa debe ser espacio de meditación, pero también para encantar.
Fue una de las definiciones de Antonio Moltó sobre el periodismo, reflejo también de la coherencia con que este hombre asumió la vida para aportar a los demás y darlo todo, y dejar una huella infinita en el gremio que dirigió y en quienes lo admiramos y quisimos.
Amigo fiel, hombre cuyo torrente de pensamiento fue inacabable, que asumió cualquier idea por muy complicada que fuera; paciente, pero a la vez hiperquinético desde el pensamiento; dedicado a escuchar pero también a sugerir, por esa gran capacidad de evaluar un fenómeno, desarticularlo y devolverlo integrado todo, hasta el más mínimo detalle.
Prefiero Moltó hablarte en presente- vivo, desde las enseñanzas que dejas, para el periodismo y la vida; prefiero verte en cada pasillo de Radio Rebelde, en tu antigua oficina o muy temprano en Haciendo Radio, rasgando un papel con tantas anotaciones que muchas veces, éramos incapaces de comprender por tú alta capacidad de ver el futuro y analizar el presente.

Para qué sirve la UPEC, según Moltó

Por Abdiel Bermúdez Bermúdez

Nunca faltó el abrazo cuando nos vimos, ni su pregunta de rutina: ¿Cómo va Holguín? Y yo que ahí, que bien, como todo en esta vida, caminando. No era de mis profes o amigos más cercanos. Había demasiados kilómetros de por medio, creo yo. Años no, porque en medio de su vejez anunciada, tembloroso y espejuelado, Moltó siempre fue más joven que la mayoría de mi generación. Lo entendí cuando lo escuché hablar decenas de veces ante los colegas del gremio, y lo confirmé meses atrás, durante el II Encuentro Nacional de Jóvenes Periodistas, cuando agarró el micrófono para aplacar cierta rebelión y explicarnos, con su luz enorme, para qué sirve la UPEC.

Y lo dijo. Con la lentitud de sus años torpes y la sabiduría de aquellos que saben conmover, nos abrió una puerta, o un destino, y yo copié desesperado, en la libretica que nos dieron, con una bombilla encendida en la esquina derecha de la hoja, su consejo alumbrador:

“La UPEC sirve para ponerle luz al país. Para hacernos fuertes, para unir, para evitar la dispersión. La UPEC sirve para premiar al que lo merece, y para llamar la atención contra la injusticia cuando no se premia al que lo ha ganado en buena lid. La UPEC sirve para decir sí donde otros dicen no se puede (…)

“La UPEC será lo que nosotros queramos que sea. Más nada. Y habrá que enfrentarse a los enemigos de la UPEC, que ven en el orden y el rigor un azote a su vagancia; porque hay mucha gente vaga que no quiere trabajar, y cobran lo mismo que aquel que con un reportaje, estremece a un país”.

Lo dijo así, con sentimiento; apartó el micrófono y nos miró, como quien mira a sus hijos, o a sus nietos, y en aquel grupete de gente joven, amante de las rebeliones más sublimes, llovieron los aplausos para el abuelo periodista.

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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