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Apoteosis de amor

Te queremos, Fidel (Foto: Juan Pablo Carreras/ACN)
Te queremos, Fidel, una pintada sobre la Carretera Central, en Holguín  (Foto: Juan Pablo Carreras/ACN)

¿De verdad alguien cree que es posible forzar, inducir o simular una apoteosis de amor como la vivida estos días en Cuba? Amor de todo un pueblo, expresado de todas las maneras: el tierno gesto de un niño, la voz rota de un anciano, la canción alada, el verso, la flor, el grito, la promesa, el llanto desgarrador, el silencio, las plegarias.

Una explosión de sentimiento recorre y estremece esta tierra bendita, que necesitó menos de un siglo para parir dos gigantes y ve hoy plazas y calles desbordadas, gente de todas las edades apretujada en filas interminables y soportando estoica el sol, la lluvia, lo que venga, con tal de no fallarle al padre-hermano-amigo-jefe-compañero, de estar ahí y acompañarlo en este viaje.

En la vida hay que saber ser agradecida, me dijo siempre mi madre, y no hablaba, por supuesto, de devolver un favor ni de ser adulona o servil ni de encontrar la manera de zanjar lo más pronto posible cualquier obligación, para no tener que deber nada a nadie.

Hay deudas de amor. A quienes siembran, albergan y atizan odios, no creo que les importe. A los bien nacidos sí, y para nosotros no tienen fecha de caducidad ni precisan de pagarés ni más fiador que el corazón.

Lleva razón Diego Armando Maradona cuando afirmó que no es un compromiso lo que lo ha traído, no vino por “cumplir”, sino para estar cerca de su “segundo padre”, y junto a un pueblo que siente suyo, porque Fidel y Cuba lo ayudaron, se la jugaron por él cuando, incluso en su propio país, se le cerraban todas las puertas.

Y razón lleva también el poeta cuando dice al que parte: “Hombre, los agradecidos te acompañan”. Testimonios hemos escuchado ni se sabe cuántos en estos días, de acá y de todas partes.

Sus compatriotas le agradecen esta Cuba libre, digna y soberana; los humildes reconocen que la Revolución los sacó de un infierno y los hizo personas. “Le debo cuanto soy y como soy, el haber podido estudiar, hacerme un profesional y realizar mis sueños”, aseguran muchos.

Dicen que de ingratos el mundo está lleno. No sé, pero respecto a Fidel, lo que no faltan son voces para expresar respeto y eterna gratitud por la ayuda a este pueblo y aquel otro ante un desastre natural o una epidemia, la decisiva contribución a la independencia de África y al fin del Apartheid, la atención gratuita a miles de niños afectados por el accidente nuclear de Chernobil, proyectos como la Escuela Latinoamericana de Medicina, el ejemplo de resistencia y de lucha, las enseñanzas, la solidaridad como bandera, el apoyo a procesos clave para nuestra región, como la integración y la Revolución Bolivariana…

Los homenajes no cesan. Los mensajes y las condolencias tampoco. Muchos -y eso incluye a jefes de Estado y de Gobierno y a personalidades de todos los ámbitos- han querido trasmitirlos personalmente y aquí están. Nuestras embajadas semejan altares, llenas de cirios y flores.

Cobijado por el más puro y fiel amor, multiplicado en millones, regresa Fidel a la heroica Santiago, la Cuna, para seguir haciendo Revolución y anunciando alboradas.

María Elena Alvarez Ponce / ACN

Redacción Cubaperiodistas
Sitio de la Unión de Periodistas de Cuba

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