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¿Qué libertad de
prensa defienden la SIP y compañía?
Ángel Rodríguez Álvarez
Nuevamente los ‘ruidos‘ en relación con el
tema de la libertad de prensa han cobrado actualidad, a propósito de
la algarabía mediática de Reporteros sin Fronteras.
Por ello resulta oportuno escarbar un poco en
este viejo y controvertido asunto, tan llevado y traído por las
fuerzas de derecha en las oportunidades en que gobiernos populares
adoptan medidas ante los desmanes de los medios en manos de
privados.
Si por definición la función social de la
prensa es informar de forma oportuna, veraz y objetiva, entonces la
libertad de prensa debe medirse a partir del cumplimiento o no de
ese principio.
Pero en realidad ese no es, como debía, el
punto de referencia y todo gira acerca del ‘derecho’ de los dueños
para exponer sus puntos de vista, invariablemente en defensa de los
intereses de la clase social a la que pertenecen.
Tal deviene la regla, sin excepciones. Y para
garantizar ese ‘derecho’ de los propietarios, estos se han encargado
de crear las instituciones que operan, como es lógico, supuestamente
para defender esa libertad como si ella fuera un patrimonio de
todos.
Así surgió en Cuba en 1943, con el auspicio del
dictador Fulgencio Batista, la Sociedad Interamericana de Prensa
(SIP) como organización garante de la libertad de prensa.
Pero contrariamente a cuanto pueda suponerse, y
ella se presenta, la SIP no está integrada por periodistas de línea,
interesados en hacer valer sus derechos profesionales.
Se trata de una organización de empresarios,
dueños de periódicos, revistas, televisoras y emisoras de radio,
muchos de ellos no periodistas y otros con esa categoría, quienes
hace mucho dejaron de ejercer como tales.
Sencillo de comprender, pues cuando la SIP
denuncia en nombre de los periodistas violaciones de la libertad de
prensa, en realidad se está refiriendo al supuesto derecho de los
dueños a decir cuanto les venga en ganas.
La SIP fue una criatura creada por la CIA, con
el propósito de utilizar la prensa como instrumento de dominación
neo colonial y las oligarquías latinoamericanas aliadas.
Sus fundadores y dirigentes máximos, los que
sentaron las bases de su funcionamiento y orientación ideológica
marcadamente anticomunista, fueron los agentes de la CIA Jules
Dubois y Joshua Powers, y el funcionario del Departamento de Estado,
Tom Wallace.
Ello explica la conducta complaciente mantenida
durante decenios con las brutales tiranías latinoamericanas, aún
ante los casos de asesinatos de periodistas, la clausura de medios y
el establecimiento de períodos de censura, casi siempre aplicados
contra publicaciones de izquierda.
En Cuba, por ejemplo, la misma SIP que mantuvo
silencio cómplice en los años sangrientos de la dictadura de
Fulgencio Batista, no tardó en oponerse al Gobierno Revolucionario
cuando este tomó en sus manos periódicos, revistas, televisoras y
emisoras, abandonadas por sus dueños, quienes marcharon a Estados
Unidos, esperanzados por un pronto retorno tras el invasor yanqui.
De Reporteros sin Fronteras (RSF) se puede
decir otro tanto, solo que esta constituye un engendro, quizás más
elaborado que la SIP, de la CIA, la NED y la USAID, agencias
federales norteamericanas dedicadas a financiar, con sumas
millonarias, el diversionismo ideológico y la subversión contra
gobiernos populares.
Robert Ménard, con nada de periodista y mucho
de millonario, por obra y gracia de sus imperiales mentores, es otro
Jules Dubois, enfrascado en elaborar listas complacientes para hacer
el juego sucio del Departamento de Estado y la Casa Blanca.
Una de sus últimas patrañas ha sido la
justificación del asesinato del camarógrafo español José Couso, a
manos de un tanque norteamericano en el corazón del Bagdad ocupado.
La libertad para engañar y confundir es la que
defienden la SIP y RSF.
(Fuente:
AIN)
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