Del
ciberchancleteo al ciberpayaseo
Mejor idea no se le pudo ocurrir a la
mercenaria Yoani Sánchez, que aparecerse disfrazada -¿de
alemana?- en un debate, convocado por la revista Temas,
sobre el papel de internet en la cultura cubana
M.
H. Lagarde
¡Muy Pronto! Serie de video sobre el ciberpayaseo
Mejor idea no se le pudo ocurrir a la mercenaria Yoani
Sánchez, que aparecerse disfrazada -¿de alemana?- en un
debate, convocado por la revista Temas, sobre el papel
de internet en la cultura cubana.
Su
travestismo foráneo describe y define muy bien al
personaje. Enfundada en su disfraz, todo en ella es
falsa apariencia, simulación, manipulación y mentira.
Algo similar, por supuesto, sucede con su blog. Otro
fraude de cabo a rabo. Ni es periodismo ciudadano, ni
independiente, ni hay un sus páginas ningún “sólido
análisis” de nada; está hospedado en el extranjero
(Alemania) y sus post no pasan de ser un vulgar remedo
–la traspolación a internet- del contenido de la
política editorial que los servicios de inteligencia del
Gobierno de los Estados Unidos, han diseñado y usado,
durante 50 años, en la guerra mediática contra Cuba.
Lo
antes dicho es la mejor respuesta para la pregunta que
la mercenaria lanzó en el debate que tuvo lugar en la
sala del Centro Cultural Fresa y Chocolate, en el ICAIC.
Si
su blog –que no está censurado, otro cuento- no tiene la
mejor visibilidad en Cuba es probablemente por eso.
Porque Cuba, como cualquier otro país del mundo, tiene
derecho a defenderse de la agresión mediática cualquiera
sea el soporte tecnológico en que se sustente.
A
fuerza de costumbre, en esta Isla el mercenarismo es
algo que, disfrácese de lo que se disfrace, ya sea de
polaco, alemán, o cualquiera otra nacionalidad, es fácil
de reconocer. Sus intenciones y fines -servir de lacayos
a la poderosa potencia del Norte-, siempre son los
mismos, nunca cambian.
Igualmente falso resultaron los ademanes histriónicos -e
histéricos- de la ciberchancletera, devenida ciberpayasa,
cuando creyó que había engañado a alguien con su disfraz
de agente encubierto de una nación extranjera.
Nadie sabe por qué el hecho de que la moderadora del
debate la llamara por su nombre, (evidentemente pidió la
palabra bajo nombre falso) para que usara el micrófono,
sorprendió a la mercenaria:
-“Ah, menos mal que me llamaron por mi nombre”, -dijo.
-Todos sabíamos que estabas ahí –le respondió sonriente
la encargada de ceder la palabra.
Yo
mismo, antes de que comenzara la función, filmé durante
casi media hora a la yuma de aire germano. La
agente ultrasecreta, con peluca rubia, estola de brillos
de dos colores, vestido y zapatos negros de correas, más
bolsa amarilla. No obstante, la falsa actriz, encendidas
las luces del escenario, interpretaría, de todas formas,
el guión que tenía previsto de antemano.
Yoani Sánchez: (Se quita la peluca con ademán al estilo
de telenovela brasileña) ¿Es por eso que yo tengo que
venir de esta manera? (muestra la peluca despeluzada)
para poder burlar el cerco policiaco alrededor de mi
casa.
Desacertado dramatismo, tan falso y endeble cual su
disfraz. Extraña perseguida esa que bloguea desde
apacibles vestíbulos de hoteles cinco estrellas, entra y
sale de embajadas a deshoras, manipula niños en
iglesias, filma a hurtadillas a personal militar, en
instituciones militares, sin su consentimiento; crea
academias de blogueros en su casa y -a diferencia de
otros mercenarios-, se le permite la entrada, y además
se le da la palabra, para que sobreactúe ante las
cámaras la sandez que se le antoje.
Si
algo se puede decir a su favor es que ella, que nació en
Cayo Hueso –¿en la Florida?- no es una ciberchancletera.
No, no lo es. Es una ciberpayasa.
Ahora solo queda esperar el anuncio, replicado en
infinidad de medios, de que Cirque du Soleil acaba de
concederle otro Premio por la mejor payasada del año.
(Fuente
cambiosencuba.blogspot.com)