Entregan en Cuba
Premio Nacional José Martí, por la obra de la vida
Daniel Salas Gonzalez
(AIN)
Fotos Inda
Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de generaciones de
periodistas cubanos, recibió este miércoles el Premio Nacional de
Periodismo José Martí, a la obra de la vida, con un llamado a
respetar al público como vía para la excelencia profesional. |

Esteban Lazo, vicepresidente
del Consejo de Estado, entrega el Premio Nacional de
Periodismo José Martí a Miriam Rodríguez Betancourt. |
La ceremonia sesionó en el Memorial José Martí, de esta capital, y
sirvió asimismo para que la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)
entregara los premios anuales Juan Gualberto Gómez correspondientes
a 2009.
El llamado "mejor oficio del mundo" no retrocede en méritos y
trascendencia ante cualquier otro trabajo intelectual, señaló Miriam
Rodríguez, profesora titular de la Facultad de Comunicación de la
Universidad de La Habana.
Debemos considerar que el país cuenta con un público inconforme con
la chapucería, que advierte si la falta de profesionalismo se suple
con apologías que la Revolución no necesita para afirmarse, afirmó
la periodista y pedagoga.
Los premios Juan Gualberto Gómez de prensa escrita y televisión
recayeron en Francisco Rodríguez Cruz, del periódico Trabajadores, e
Ismary Barcia, del telecentro Perlavisión, de Cienfuegos, en ese
orden.
También fueron galardonados Demetrio Villaurrutia, de Radio Rebelde;
Roberto Figueredo Bello, de la revista Bohemia (gráfica) y Rafael
Hojas, también de Trabajadores (periodismo digital).
En la ceremonia estuvieron presentes Esteban Lazo, vicepresidente
del Consejo de Estado; Rolando Alfonso Borges y Ángel Arzuaga Reyes,
jefe y vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del
Partido Comunista de Cuba, respectivamente, y Tubal Páez, presidente
de la UPEC.
Palabras de Miriam
Rodríguez Betancourt
“EL PERIODISMO Y EL MAGISTERIO SON OBRAS
COLECTIVAS”
Dos
nombres-lecciones, dos nombres-paradigmas. José Martí, Juan
Gualberto Gómez, sustentan los premios que la Unión de Periodistas
de Cuba otorga, cada año, para reconocer, estimular y enaltecer a
los que desde “el oficio mejor del mundo” se esfuerzan por reflejar
e interpretar con la mayor calidad periodística la hermosa y
difícil obra de un pueblo en Revolución e informarle a este de los
sucesos y problemas más significativos de la compleja realidad del
mundo que vivimos.
No retrocede en
méritos y trascendencia la labor periodística ante cualquier otra
actividad intelectual, y mucho menos en los momentos actuales
signados por la interconexión y diversidad de los fenómenos
sociales, económicos, políticos, culturales, científicos, a los que
el desarrollo vertiginoso de la tecnología de las comunicaciones globaliza, sin
importar la creciente desigualdad que en todos los ámbitos
caracteriza a la sociedad contemporánea.
José Martí
escogió la profesión de periodista entre muchas otras que hubiera
podido ejercer quizás con igual brillantez. Fina García Marruz ha
escrito al respecto: “ A nadie debe extrañar esta preferencia por un
medio de expresión tenido un poco a menos siempre(…) Lo que le atrae
del periodismo es que lo ve como un medio más adecuado que ningun
otro para reflejar la vida, la palpitación de lo diario, las fuerzas
que convergen en el presente y de él parten, el escenario del
verdadero drama y la verdadera
Novela, el
taller verdadero o lo que llamará “la nueva épica”.(1)
Por fortuna, y
como no podía ser de otra forma, cada vez se sostienen menos los
criterios reduccionistas, pero durante mucho tiempo, con Martí,
Juan Gualberto, Pablo de la Torriente Brau y muchos otros como
ejemplos de vanguardia, hubo que oponerse a los que remitían la
profesión a un oficio, importante, sì, pero sólo instrumento
especular, dotado de un conjunto de habilidades técnicas,
para“atrapar” la liebre vivaz y concreta, llamada, nada menos, que
la realidad.
Como bien
apunta el académico Albert Chillon, al periodismo hay que concebirlo
“como una profesión intelectual cuya esencia interpretativa hace
inevitable la integración dialéctica de la cultura y la capacidad de
discernimiento crítico, por un lado, y de las habilidades expresivas
y técnicas, por otro”.(2)
A pesar de que
la Revolución desde los años primeros del triunfo, encargó a una
comisión de expertos organizar los estudios de Periodismo en el
nivel universitario, --carrera que comenzó en 1965--con lo que se
revelaba la jerarquía e importancia que la dirección del país
concedía a la profesión, también, en ocasiones, algunos , siguiendo
corrientes trasnochadas que hacían antagónicamente excluyentes la
teoría y la práctica, abogaban por la formación autodidáctica o, en
el mejor de los casos, por el acceso a las redacciones de egresados
de cualquier carrera universitaria, dando por innecesaria la de
Periodismo.
El hecho de que
muchos periodistas brillantes, excepcionales, tanto en Cuba como en
el extranjero, no hayan surgido de las aulas, se esgrimía como
argumento imbatible. Pero cuando cualquiera revisaba la trayectoria
de aquellos puestos como ejemplo, fácil era advertir en ella la
acumulación de lecturas, de experiencias vitales, de talento forjado
en las más difíciles circunstancias, y no pocas veces, la
imposibilidad de acceder estas personalidades a la academia por
falta de recursos económicos o por las coyunturas epocales que les
tocó vivir y que demandó de ellos o el sacrificio del estudio
reposado o la entrega total a la lucha por sus ideales.
La inmensa
mayoría de los periodistas en activo y, por supuesto, todos los
docentes a tiempo completo, para emplear la terminología al uso,
han suscrito apasionadamente la necesidad de los estudios
universitarios de Periodismo, sobre la base de la formación ética y
humanística de los futuros profesionales, del compromiso con la
Patria, con su historia y tradiciones independentistas y
antiimperialistas. Pero hay que decir, que la Revolución, sus
máximos dirigentes, han sido los más firmes defensores de la
formación universitaria de los futuros periodistas, con una clara
conciencia, además, de que el éxito de estos estudios radicaría en
el diálogo permanente de la academia con el sector profesional.
Los periodistas
y formadores de los futuros especialistas comprendemos la
responsabilidad que hemos contraído ante nuestro pueblo, cada vez
más preparado y exigente. Se trata de un público pensante,
inconforme con la chapucería, capaz de advertir cuando la falta de
profesionalismo quiere suplirse con la apología que no necesita la
Revolución para afirmarse en sus avances; inteligente para asimilar
la crítica honesta y fundamentada, sensible en su admiración por
las producciones comunicativas bien realizadas, con ética y belleza,
en cualquier tema, género y medio. Subestimar la capacidad
crítica, es decir, pensante, de nuestros receptores, es el mayor
error que podemos cometer.
La complejidad
del fenómeno comunicativo como tal en la sociedad de nuestros días
se expresa, como sabemos, en una amplia variedad de dimensiones. El
tratamiento de este fenómeno complejo y el futuro de la especialidad
en las circunstancias actuales, no se basa únicamente en el
conocimiento y aplicación de técnicas y haceres profesionales, pues
como bien afirma Umberto Eco, “el comunicador debe dominar más que
las computadoras y otras herramientas tecnológicas, el supremo arte
de comunicar. Debe conocer el mundo de las ideas y dominar la forma
eficaz de trasmitirlas. Debe ser capaz de reconocer, entender y
señalar lo esencial de cada fenómeno así como su contenido
ideológico y su significado social”. (3 ).
En un contexto
como el presente se imponen nuevos desafíos a la hora de emplear
eficazmente los soportes tecnológicos para articular discursos que
difundan valores propios y que convivan con mayor protagonismo con
los valores estandarizados y conceptos engañosos que pretenden
imponer las industrias culturales dominantes, entre los más
peligrosos, el pensamiento único, claro está, al servicio de la
explotación capitalista.
Nuestra América
hoy es un escenario temático ideal para el Periodismo. Se vislumbra
una nueva época para que triunfen de una vez la verdadera justicia y
la verdadera libertad. Cuba vive en Revolución, asediada, pero
invencible en su determinación de perfeccionar la obra. Los
periodistas cubanos tenemos el privilegio de contemplar la novela
del futuro y debemos contarla como lo que somos, según definió Alejo
Carpentier: como cronistas de nuestro tiempo, como testigos de la
nueva épica que prefiguró el genio de Martí.
Los
reconocimientos que hemos recibido hoy tenemos que entenderlos, y
les aseguramos que así los entendemos, más allá de los méritos
personales, de los logros profesionales que durante un año o una
vida hayamos podido alcanzar. El periodismo y el magisterio son
obras colectivas: la más certera información, el artículo más
influyente, la crónica más hermosa, el documental de mejor factura,
la imagen de mayor impacto, la clase magistral, dependen de muchos
colegas que intervinieron en la diagramación, el diseño, las
cámaras, las grabaciones, la corrección, la edición, la asesoría
metodológica y un largo etcétera de trabajos invisibles, pero
decisivos, aun en la era de la tecnología avanzada. Ningun
artilugio, por sí solo, sustituye o elimina la imaginación creadora
humana.
Compartamos con
todos ellos el júbilo por estos galardones conque la Unión de
Periodistas de Cuba nos honra ya muy cerca del aniversario 118 del
periódico PATRIA.y del Día de la Prensa Cubana.
Compañeros y
compañeras: Muchas gracias a quienes nos propusieron, y al jurado
por su arduo trabajo selectivo. Y a todos los que nos acompañan en
este hermoso acto, en este entrañable lugar.
Notas:
(1): García Marruz, Fina. Temas Martianos, Biblioteca Nacional,
1969, p.196
(2): Chillon, Albert. Literatura y Periodismo. Una
tradición de relaciones promiscuas, Universidad Autónoma de
Barcelona,1999, p.431
(3): Trelles, Irene
y Miriam Rodríguez. La formación universitaria del comunicador
social en Cuba: periodistas y comunicadores institucionales.
Revista Universidad de La Habana. Nros. 263-264, 2006, P.148 |