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Miércoles, 10 de Marzo de 2010
 
Entregan en Cuba Premio Nacional José Martí, por la obra de la vida

Daniel Salas Gonzalez (AIN)
Fotos Inda


Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de generaciones de periodistas cubanos, recibió este miércoles el Premio Nacional de Periodismo José Martí, a la obra de la vida, con un llamado a respetar al público como vía para la excelencia profesional.


Esteban Lazo, vicepresidente del Consejo de Estado, entrega el Premio Nacional de Periodismo José Martí a Miriam Rodríguez Betancourt.

La ceremonia sesionó en el Memorial José Martí, de esta capital, y sirvió asimismo para que la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) entregara los premios anuales Juan Gualberto Gómez correspondientes a 2009.

El llamado "mejor oficio del mundo" no retrocede en méritos y trascendencia ante cualquier otro trabajo intelectual, señaló Miriam Rodríguez, profesora titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Debemos considerar que el país cuenta con un público inconforme con la chapucería, que advierte si la falta de profesionalismo se suple con apologías que la Revolución no necesita para afirmarse, afirmó la periodista y pedagoga.

Los premios Juan Gualberto Gómez de prensa escrita y televisión recayeron en Francisco Rodríguez Cruz, del periódico Trabajadores, e Ismary Barcia, del telecentro Perlavisión, de Cienfuegos, en ese orden.

También fueron galardonados Demetrio Villaurrutia, de Radio Rebelde; Roberto Figueredo Bello, de la revista Bohemia (gráfica) y Rafael Hojas, también de Trabajadores (periodismo digital).

En la ceremonia estuvieron presentes Esteban Lazo, vicepresidente del Consejo de Estado; Rolando Alfonso Borges y Ángel Arzuaga Reyes, jefe y vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, respectivamente, y Tubal Páez, presidente de la UPEC.

Palabras de Miriam Rodríguez Betancourt
“EL PERIODISMO Y EL MAGISTERIO SON OBRAS COLECTIVAS”

Dos nombres-lecciones, dos nombres-paradigmas. José Martí, Juan Gualberto Gómez,  sustentan los premios que la Unión de Periodistas de Cuba otorga, cada año, para reconocer, estimular y enaltecer a los que desde “el oficio mejor del mundo” se esfuerzan por reflejar e interpretar con la mayor calidad periodística  la hermosa  y difícil obra de un pueblo en Revolución e informarle a este de los sucesos y problemas más significativos de la compleja realidad del mundo que vivimos. 

No retrocede en méritos y trascendencia la labor periodística ante cualquier otra actividad intelectual, y mucho menos en los momentos actuales signados por la interconexión y diversidad de los fenómenos sociales, económicos, políticos, culturales, científicos, a los que el desarrollo vertiginoso de la tecnología de las comunicaciones globaliza, sin importar la creciente  desigualdad que en todos los ámbitos caracteriza a la sociedad contemporánea. 

José Martí escogió la profesión de periodista entre muchas otras que hubiera podido ejercer quizás con igual brillantez.  Fina García Marruz ha escrito al respecto: “ A nadie debe extrañar esta preferencia por un medio de expresión tenido un poco a menos siempre(…) Lo que le atrae del periodismo es que lo ve como un medio más adecuado que ningun otro para reflejar la vida, la palpitación de lo diario, las fuerzas que convergen en el presente y de él parten, el escenario del verdadero drama y la verdadera

Novela, el taller verdadero o lo que llamará “la nueva épica”.(1) 

Por fortuna, y como no podía ser de otra forma, cada vez se sostienen menos los criterios reduccionistas,  pero durante mucho tiempo, con Martí, Juan Gualberto, Pablo de la Torriente Brau y muchos otros como ejemplos de vanguardia, hubo que oponerse a los que remitían la profesión a un oficio, importante, sì, pero sólo instrumento especular, dotado  de un conjunto  de habilidades técnicas,  para“atrapar” la liebre vivaz y concreta, llamada, nada menos, que la realidad. 

Como bien apunta el académico Albert Chillon, al periodismo hay que concebirlo “como una profesión intelectual cuya esencia interpretativa hace inevitable la integración dialéctica de la cultura y la capacidad de discernimiento crítico, por un lado, y de las habilidades expresivas y técnicas, por otro”.(2)  

 A pesar de que la Revolución desde los años primeros del triunfo, encargó a una comisión de expertos organizar los estudios de Periodismo en el nivel universitario, --carrera que comenzó en 1965--con lo que se revelaba la jerarquía e importancia que la dirección del país concedía a la profesión, también, en ocasiones,  algunos , siguiendo corrientes trasnochadas que hacían antagónicamente excluyentes la teoría y la práctica, abogaban por la formación autodidáctica o, en el mejor de los casos, por el acceso a las redacciones de egresados de cualquier carrera universitaria, dando por innecesaria la de Periodismo.  

El hecho de que muchos periodistas brillantes, excepcionales, tanto en Cuba como en el extranjero,  no hayan surgido de las aulas, se esgrimía como argumento imbatible.  Pero cuando cualquiera revisaba la trayectoria de aquellos puestos como ejemplo, fácil era advertir en ella la acumulación de lecturas, de experiencias vitales, de talento forjado en las más difíciles circunstancias, y no pocas veces, la imposibilidad de acceder estas personalidades  a la academia por falta de recursos económicos o por las coyunturas epocales que les tocó vivir y que demandó de ellos o el sacrificio del estudio reposado o la entrega total a la lucha por sus ideales.   

La inmensa mayoría de los  periodistas en activo y, por supuesto, todos los docentes  a tiempo completo, para emplear la terminología al uso, han suscrito apasionadamente la necesidad de los  estudios universitarios de Periodismo, sobre la base de la formación ética y humanística de los futuros profesionales, del compromiso con la Patria, con su historia y tradiciones independentistas y antiimperialistas.  Pero hay que decir, que la Revolución, sus máximos dirigentes, han sido los más firmes defensores de la formación universitaria de los futuros periodistas, con una clara conciencia, además, de que el éxito de estos estudios radicaría en el  diálogo permanente de la academia con el sector profesional.  

Los periodistas y formadores de los futuros especialistas comprendemos  la responsabilidad que hemos contraído ante nuestro pueblo, cada vez más preparado y exigente.  Se trata de un público pensante, inconforme con la chapucería,  capaz de advertir cuando la falta de profesionalismo  quiere suplirse con la apología que no necesita la Revolución para afirmarse en sus avances; inteligente para asimilar la crítica honesta y fundamentada,  sensible en su admiración por las producciones comunicativas bien realizadas, con ética y belleza, en cualquier tema,  género y medio.  Subestimar la capacidad crítica, es decir, pensante, de nuestros receptores, es el mayor error que podemos cometer. 

La complejidad del fenómeno comunicativo como tal en la sociedad de nuestros días se expresa, como sabemos, en una amplia variedad de dimensiones.  El tratamiento de este fenómeno complejo y el futuro de la especialidad en las circunstancias actuales, no se basa únicamente en el conocimiento y aplicación de técnicas y haceres profesionales, pues como bien afirma Umberto Eco, “el comunicador debe dominar más que las computadoras y otras herramientas tecnológicas, el supremo arte de comunicar.  Debe conocer el mundo de las ideas y dominar la forma eficaz de trasmitirlas.  Debe ser capaz de reconocer, entender y señalar lo esencial de cada fenómeno así como su contenido ideológico y su significado social”. (3 ). 

En un contexto como el presente se imponen nuevos desafíos a la hora de emplear eficazmente los soportes tecnológicos para articular discursos que difundan valores propios  y que convivan con mayor protagonismo con los valores estandarizados y conceptos engañosos que pretenden imponer las industrias culturales dominantes, entre los más peligrosos, el pensamiento único, claro está,  al servicio de la explotación capitalista. 

Nuestra América hoy es un escenario temático ideal para el Periodismo.  Se vislumbra una nueva época para que triunfen de una vez la verdadera justicia y la verdadera libertad.  Cuba vive en Revolución, asediada, pero invencible en su determinación de perfeccionar la obra.  Los periodistas cubanos tenemos el privilegio de contemplar la novela del futuro y debemos contarla como lo que somos, según definió Alejo Carpentier: como cronistas de nuestro tiempo, como testigos de la nueva épica que prefiguró el genio de Martí.   

Los reconocimientos que hemos recibido hoy tenemos que entenderlos, y les aseguramos que así los entendemos,  más allá de los méritos personales, de los logros profesionales que durante un año o una vida hayamos podido alcanzar.  El periodismo y el magisterio son obras colectivas: la más certera información, el artículo más influyente, la crónica más hermosa, el documental de mejor factura, la imagen de mayor impacto, la clase magistral, dependen de muchos colegas que intervinieron en la diagramación, el diseño,  las cámaras, las grabaciones, la corrección, la edición, la asesoría metodológica y un largo etcétera de  trabajos invisibles, pero decisivos, aun en la era de la tecnología avanzada.  Ningun artilugio, por sí solo, sustituye o elimina la imaginación creadora humana. 

Compartamos con todos ellos el júbilo por estos galardones conque la Unión de Periodistas de Cuba nos honra ya muy cerca del aniversario 118 del periódico PATRIA.y del Día de la Prensa Cubana. 

Compañeros y compañeras: Muchas gracias a quienes nos propusieron,  y al jurado por su arduo trabajo selectivo. Y a todos los que nos acompañan en este hermoso acto, en este entrañable lugar.

Notas:
(1): García Marruz, Fina.  Temas Martianos, Biblioteca Nacional, 1969, p.196 

(2):  Chillon, Albert.  Literatura y Periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas, Universidad Autónoma de Barcelona,1999, p.431 

(3): Trelles, Irene y Miriam Rodríguez.  La formación universitaria del comunicador social en Cuba: periodistas y comunicadores institucionales.  Revista Universidad de La Habana. Nros. 263-264, 2006, P.148

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