Sigue la tortura a cinco cubanos
antiterroristas: ¿Y Obama qué?
Juan Carlos Camaño
La Corte
Suprema de Estados Unidos rechazó el recurso de apelación en el
caso de los cinco cubanos que continúan, bajo diferentes tipos
de torturas, cumpliendo condenas aberrantes en el país de “la
libertad”. A pedido del presidente Barack Obama, se disparó otro
tiro a favor de la injusticia, para vergüenza de la humanidad.
Esa
supuestamente benévola característica de estadista, con mirada a
larga distancia, que se pretende atribuir al actual presidente
de Estados Unidos, para hacer un futuro diáfano y humanístico,
no es más que una inconfesable intención de dejar el pasado
donde se prefiere que quede: muerto y olvidado. La invitación a
mirar no más que el futuro indescifrable conlleva, reafirmamos,
no sólo pasar la historia a degüello, sino –en el vértigo de
nuevas injusticias- atropellarse el presente; como si nada. De
ahí que suenen exactas las palabras de Ricardo Alarcón,
presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, cuando hace poco más
de un mes citando al filósofo danés Soren Kierkegaard, decía:
“La vida se vive hacia delante, pero se entiende hacia atrás”.
Antonio
Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y
René González, han sufrido hasta aquí, después de casi once años
en diferentes prisiones de Estados Unidos, torturas físicas y
síquicas, llevadas a cabo con la finalidad de que se confesaran
culpables de delitos que jamás cometieron: por ejemplo,
“preparar actos terroristas contra Estados Unidos”, algo que
nunca se probó en ninguna instancia judicial y que, en su
momento, año 2005, obligó a la Corte de Apelaciones del Onceno
Circuito de Atlanta, a revocar por unanimidad las condenas y a
ordenar un nuevo juicio: admitiendo, entre otras cuestiones, una
para nada menor al reconocer los argumentos de la defensa de Los
Cinco, quienes demostraron la existencia de planes terroristas
para atentar contra Cuba. Los Cinco, recordamos, contaban con
esos elementos y lo hicieron saber, en su momento, al gobierno
de Estados Unidos, al que, además, lo informaron de posibles
actos terroristas dentro de ese país, por parte de conspicuos
mafiosos de la comunidad cubano americana, con sede principal en
Miami y base de operaciones en otras ciudades del mundo.
En un
proceso judicial viciado de nulidad, por donde se lo analice,
los grupos de presión cubano americano –apelando a
persecuciones, amenazas, atentados- vienen desplegándose
mediáticamente, con un arsenal más que importante: ejerciendo,
subliminalmente o a cara descubierta, una sostenida operación
tenaza sobre abogados, secretarios de juzgados y jueces. Y no
todo lo que ejecutan refiere a la muerte: sus actividades de
enorme influencia en las llamadas “administraciones
gubernamentales” cortan o agilizan ascensos en las carreras de
magistrados. De eso también se trata. Por lo cual el juicio se
asemeja a una farsa, pero más que eso: forma parte de la
sostenida e interminable guerra contra Cuba.
Las
afrentas a Los Cinco antiterroristas cubanos y a sus familias
–víctimas de diversas vejaciones y de violaciones a sus derechos
humanos, por parte de la justicia yanqui y de sus instrumentos
represivos, se inscribe en la larga guerra contra un pueblo al
que Estados Unidos no encuentra la forma de domesticar, de
derrotar. Ni con el garrote, ni con la zanahoria. Y eso, frente
a las ilusiones que origina la “Obamamanía”, molesta a los
tontos que creen ver en el juego de “una de cal y otra de arena”
una salida negociada, aunque ello implique que Cuba se ponga de
rodillas, aunque más no fuere un poco. Al fin de cuentas Obama
no es Bush y Cuba –muy especialmente Fidel- debería entrar en
razones: abdicar ante el imperio y renunciar a la verdad y la
justicia. Detalles que, en sociedades sin principios ni
dignidad, ya se hubiesen canjeado por un plato de frijoles.