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Sección Constante
(Ilustrada y con
coletillas)
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*Están en el
Japón en lucha abierta el budismo y el cristianismo. Como este,
amparado por el rey, gana terreno, acuden los budistas a todos los
medios que pueden asegurar la permanencia de los japoneses en su
antigua fe. A semejanza de lo que hacen los misioneros evangelistas
en la capital de México, y en casi todos los lugares donde intenten
levantar un nuevo templo a su religión, para lo cual regalan
vestidos, cuadritos y pequeñas sumas a los hijos de los pobres, los
budistas se deshacen de algunas sumas de su cuantioso tesoro, y las
invierten en pequeños préstamos, a personas que desean entrar en
negocios, impidiendo como parte principal de la paga, la obligación
de que el favorecido con el préstamo no ha de convertirse al
cristianismo.
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*El barón von
Haymerié, que acaba de dejar vacante con su muerte la Presidencia de
Ministros de Austria, y que fue notabilísima persona, por su
ingenio, por su lealtad, y por una honradez tan acrisolada que el
Emperador ha tenido que hacerse cargo de la educación de sus
hijos,-- ha sucedido en la Presidencia del Consejo el conde von
Kalmoky, perteneciente a una antigua familia de Moravia--. A los 23
años comenzó la carrera que acaba de culminar a los 50. Ha estado de
embajador en Berlín, en Londres, en Copenhague, en Roma y en San
Petersburgo. Se ha distinguido mucho por la oportunidad de sus
palabras, y por la de su silencio. Sabe ver y sabe no decir, lo que
es a veces mejor que saber decir. Cuando observa, parece que
asiente, cuando en realidad juzga; y de eso viene que diversos
partidos a un tiempo le crean un sectario. No da prendas y sabe
tomarlas. Es tan gran trabajador, según dicen, como el conde de
Cavour. Táchasele sólo de poner demasiada atención a los detalles.
Pero parece que esto le viene de avaricia de ver, para comprender
mejor.
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*Los hermosos
libros de Fernán Caballero, tan consoladores, y tan sanos y tan
sabrosos de leer, y tanto más adecuados a figurar en el costurero y
en el velador de nuestras damas que las desconcertadas novelas de
Pérez Escrich, y las narraciones de bandidos en que ha dejado
extraviarse su fantasía Fernández y González, acaban de ser
traducidos al inglés y publicados en un volumen que ha alcanzado
gran éxito. Ahora brilla entre los norteamericanos una joven
escritora, ingenua y amable, que posee algunas de las cualidades que
tanto distinguieron a la virtuosa doña Cecilia Böhl. Este Fernán no
es de los Estados Unidos, sino de Inglaterra, aunque en los Estados
Unidos vive, y era en tiempos del presidente Hayes, una de las
figuras más conspicuas del salón de la Casa Blanca en Washington. Se
llama la novelista, que es al mismo tiempo excelente autora
dramática, Francisca Hodgson Burnetti: es nombre que debe
conservarse, porque se hará ilustre. Entre los ingleses lo es ya,
que consumieron en pocos días 30 000 ejemplares de una de sus
novelas. Se asemeja a Fernán Caballero, como a Dickens, en el
sincero amor con que ve a las clases pobres, en la vehemencia y
verdad de sus emociones, en su complacencia en pintar cuadros
populares, y en su hábito de adornar de dotes de virtud a sus
protagonistas. No hace a los hombres mejores de lo que son; pero no
gusta de pintar sino a los hombres buenos. Esta escritora, que ya
los críticos de Norteamérica ponen al lado de la autora de la
“Cabaña del Tío Tom”, tiene ahora 32 años. Se distinguía desde niña
por su pasmosa facilidad para urdir cuentos y ya a los 13 años tenía
tramada y escrita una novela, que publicó con aplauso, y pagó bien
un periódico de señoras.
Desde
entonces, no ha cesado de escribir novelas, tenidas todas por muy
buenas, y en su mayor parte descriptivas de la vida norteamericana.
Sus personales salen de su pluma sonrientes y vivos, de modo que no
parecen criaturas de novela, sino seres útiles, amables y reales.
Cuando le hablan de sus éxitos, se echa a reí como una niña; le
sonroja que le hablen de su mérito. Tiene la seguridad del talento
verdadero, y la timidez de la verdadera modestia.
Coletilla
de Cubaperiodistas.-
Frances Hodgson Burnett (1848-1924) es una inglesa que vivió la
mayor parte de su vida en Estados Unidos. Cuando tenía 16 años de
edad emigró junto con su familia y se estableció en Knoxville,
estado de Tennesse. Y en este lugar es que empieza a escribir de
modo profesional para ayudar al sostenimiento económico de su
familia. Como lo señala Martí, sus primeros libros fueron muy
exitosos. Pero su consagración como narradora la alcanzó en 1886
cuando publica El pequeño Lord, un libro escrito para niños que se
convierte en un best-seller de la época en Estados Unidos e
Inglaterra. Ese libro se tradujo en 12 idiomas. Ella regresó a
Inglaterra en 1890, y allí vivió varios años dedicándose a cultivar
flores en un jardín de la residencia que compró. Pero los últimos 17
años de su vida los vivió en Estados Unidos, y murió en Nueva York.
Publicó 25 libros de novelas y relatos para niños y adultos.
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*Como para
aturdir el ruido de los dolores de la patria, están imprimiendo
libros las prensas limeñas. Uno de los más recientes es un libro de
poesías, en dos volúmenes: se llama “Clamores de Occidente” y el
autor lleva un nombre conocido: Numa Pompilio Llona. Se distingue el
poeta Llona por la sonoridad de sus versos, la osadía de sus
concepciones y una especie de forzada sublimidad con que quita la
verdadera vibración poética de sus fantasías. Es arrebatado, altivo
y exuberante. De lo que lleva escrito, lo más celebrado, y tal vez
por es aquello en que ha puesto más dolor propio, y menos
propósitos, es la “Odisea del Alma”. Este título da idea de toda su
obra y encierra todas sus cualidades y defectos. Le extravía un afán
premioso de grandeza. De los dos volúmenes publicados, contiene el
primero cien sonetos, por los que muestra el poeta del Ecuador
predilección especial; y el segundo, varios poemas filosóficos, de
lo cual es uno esa “Odisea del Alma” de que hablamos, y otros, en
que el poeta finca orgullo: “Los Caballeros del Apocalipsis”.
Coletilla
de Cubaperiodistas.-
Numa Pompilio Llona (1832-1907) fue un ilustre poeta y pensador
ecuatoriano. Ocupó cargos diplomáticos en España, Francia, Italia y
Colombia. Residió algún tiempo en Perú. Fue Rector de la
Universidad de Guayaquil en 1882. Escribió en verso y en prosa.
Ejerció como profesor de literatura en distintos centros de
educación media y superior del Perú y Ecuador. En el diccionario de
Literatura ecuatoriana se puede leer la siguiente caracterización
sobre este laureado poeta: “Parnasiano que cultivó el verso con
maestría, en obras primorosamente talladas que pueden figurar entre
las mejores de su género. Poemas descriptivos, otros líricos, con
fuerza y acento de vitalidad y amenidad extraordinarios”.
(Publicada en La
Opinión Nacional, de Caracas, el 28 de enero de 1882)
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