|
Sección Constante
(Ilustrada y con
coletillas)
37
*Va a publicarse
en París un libro raro y suntuoso. El autor es M. Quantain, y el
libro una serie de artículos sobre los objetos que usan las mujeres
en su vestido y adorno personal. El primer tomo se llamará “El
Abanico”, e irá acompañado de 65 láminas impresas en tintas de
varios colores. Rodeará cada página una graciosa viñeta. No se
imprimirán de esta obra más que 320 ejemplares, de los cuales habrá
algunos impresos en papel de Holanda, y encuadernados en raso
blanco.
-0-
*Fue de los
románticos andar con largos cabellos y revueltas capas. Y ahora hay
una nueva secta literaria, la de los estéticos cuyos adeptos
disponen sus trajes y aderezan sus rostros de modo de parecer la
estampa de la delgadez, y la efigie carnal de un ánima desesperada y
abatida. Adoran los estéticos aquel pallor latino: tintes
verdes y lívidas, matices lúgubres, cortes de ropa que den al cuerpo
enfermiza y fantástica apariencia: he ahí su moda. Dos alambres
sujetando en la cima una colilla de pato, y coronado el conjunto por
un hongo pardusco: he ahí a un estético o esteta, que de los dos
modos se llaman. La epidemia ha cundido de la literatura, donde
manda en jefe el poeta nuevo Oscar Wilde, a los trajes de hombres y
mujeres, y de Londres, donde nació, a los Estados Unidos del Norte y
a la misma Francia. Es de rigor tener aire de suicida frustrado, o
de Safo abandonada. Los puros estetas han de tener el aire de
míseros prometeos, sujetos a una invisible roca, y devorados por un
buitre interior. Jules Claretie, que escribe siempre cosas
deliciosas, y abomina todo lo que no brota del alma, ha alzado en
Francia bandera de combate contra la nueva secta.
-0-
*Un día se vio
que no llegaban los mensajes telegráficos de Suk-el-Arba a Medjez-el-Bab.
No llovía: no estaba alterada la atmósfera, no habían sido rotos los
alambres. ¿Qué era, pues? Era que una grandísima serpiente se había
enroscado en lo alto de un poste de los alambres, e impedía la
conducción de la electricidad.
-0-
*Su
fervorosa palabra, su recto juicio, su amor a los desvalidos, y sus
servicios eminentes a las doctrinas de su tiempo, han hecho del
anciano orador inglés John Brigth una personalidad universalmente
renombrada. A propósito de la celebración del día en que cumplió
setenta años, un periódico extranjero recuerda de este modo su
carrera: “Nunca fue famoso el veterano librecambista por quedarse
atrás en sus combates con sus adversarios políticos, mas no fue
nunca su costumbre luchar con ellos a epítetos rudos. ´Cuando
defiendas mala causa, injuria a tu adversario´, es máxima que no
podría aplicarse a John Bright, que durante cincuenta años ha
argüido y razonado con el ´partido estúpido´, hasta que su paciencia
se ha agotado, y rehúsa discutir más, sino que se contenta con
llamar a sus adversarios mentirosos”. No trató bien el librecambista
en sus discursos el día de la celebración de su nacimiento, a los
jefes del partido de “Fair Trade” o “Buen Comercio”, como se llama
ahora el partido proteccionista. Cuando John Bright comenzó a luchar
por el libre cambio al lado de Cobden, no se les ahorraban por
cierto los epítetos injuriosos. John Bright excita capitalmente la
ira de los conservadores ingleses, no sólo por la viabilidad de su
liberalismo, sino porque no pueden usar contra él el argumento que
contra todos los liberales usan siempre: el de que llegando a la
mayor edad, cuando madura el juicio, se truecan los liberales en
conservadores. Es verdad que en ejemplo de su teoría pueden citar a
Lord Macaulay, que escribió tan buena historia de Inglaterra y
estudios sobre grandes hombres; y a Sydney Smith, y a Mr. Grote.
Pero John Bright sostiene hoy con tanto brío y más temible
argumentación que en los primeros años de su vida pública todas sus
opiniones: que el comercio debe ser libre, que deben removerse todas
las trabas que impiden la expansión de los conocimientos humanos,
que la administración de la India debe ser justa, que debe
gobernarse a Irlanda con las mismas leyes y con el mismo espíritu
con que se gobierna a Inglaterra, que debe abandonarse en los
asuntos extranjeros la política de sospecha de intenciones, y obrar
según digan los hechos. Aún piensa así el veterano librecambista.
Coletilla de Cubaperiodistas.-
John Bright nació en 1811 en Rochadle, uno de los primeros centros
de la revolución industrial inglesa, y falleció en Londres en 1889.
Fue un político liberal británico, convencido partidario del libre
cambio. Se opuso a la pena de muerte, a la expansión imperial y a
las guerras. Se le consideró uno de los mejores oradores en su
época. Fue parlamentario, canciller del Ducado de Lancaster,
Presidente de la Junta de Comercio y Rector de la Universidad de
Glasgow. Junto a Richard Cobden, también mencionado en la nota
escrita por Martí, impulsó campañas en contra de las leyes
proteccionistas que mantenían los precios de los alimentos por las
nubes. Ambos formaron en 1839 la Liga contra la Ley del Maíz. En
Birmigham, Manchester y otros lugares de Inglaterra se erigieron
estatuas en homenaje a Bright.
-0-
*No andan bien
los dineros de Rusia. Del balance de 1880 resulta que el gobierno ha
gastado cincuenta y medio millones de rublos más que el monto total
de los ingresos. Los gastos de vigilancia y tropas absorben todos
los dineros del Estado.
-0-
*Estudiando
las creencias de los habitantes de las islas Sándwich y de Nueva
Zelandia, respecto al origen del Universo y la genealogía de sus
deidades, el profesor Bastian ha hallado inequívocas señales de que
estos pueblos deben haber compartido en algún grado en un período
muy remoto la superior cultura de los naturales de Asia.
(Sección Constante publicada en La Opinión Nacional,
de Caracas, el 4 de enero de 1882)
Anteriores:
1 -
2
-
3 -
4-
5-
6-
7-
8-
9-
10-
11-12-
13-
14-
15
-
16-
17-
18 -
19 -
20
-
21
-
22
-
23
-
24 -
25
-
26
- 27
-
28
-
29
-
30
-
31
-
32
-
33
-
34
-
35
-
36
|