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Lunes, 01 de Junio de 2009

Sección Constante (Ilustrada y con coletillas) 23

*En el Estado de Iowa –de la América del Norte- tuvo efecto hace poco tiempo, en presencia de diez mil espectadores, una corrida de caballos que llamó en alto grado la atención por los jockeys: dos conocidas amazonas, miss Piuneo y miss Burke, ambas de un peso aproximado –120 y 117 libras respectivamente. Debían recorrer la distancia de diez millas, y cambiar de caballo cada diez millas. Los cinco caballos de miss Burke eran ya conocidos, por haber corrido diferentes veces en Nebraska, a diferencia de los de miss Piuneo, que los acababa de adquirir semisalvajes en el Colorado. Poco antes de darse la señal de partida, miss Burke tuvo un fuerte altercado con el padre de miss Piuneo, de manera que ésta principió la corrida en condiciones desfavorables; a pesar de lo cual las amazonas llegaron a un tiempo a la primera parada, produciendo con ello la indignación de la multitud. Miss Burke empleó ocho segundos en el cambio de caballo y diez su contrincante. En la siguiente corrida miss Burke adelantó un cuarto de milla a miss Piuneo, y considerándose ya victoriosa, al pasar cerca del padre de ésta le dio un bofetón, no olvidándose después de apostrofarle en cada corrida, cuando le hallaba al paso. Después de la novena parada miss Piuneo estaba casi sin fuerzas y pidió a su padre que no le hiciese correr las últimas dos millas. “No, contestó el padre, debes correrla aunque te cause la muerte”. Miss Piuneo obedeció, pero miss Burke ganó la corrida por una milla de ventaja. Miss Piuneo empleó 23 minutos 40 segundos y miss Burke 21 minutos 49 segundos.  

Coletilla de Cubaperiodistas.- Que en el siglo XIX hubiese mujeres como jockeys o amazonas, u otros deportes, era una verdadera novedad. Por eso, esta nota de José Martí sobre esta carrera de caballos en Iowa, Estados Unidos, debe haber llamado mucho la atención. En realidad, las mujeres que en ese siglo realizaban prácticas deportivas lo hacían como una respuesta a los que querían mantenerlas encerradas en el hogar, como amas de casa, o como objetos sexuales.

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*Está probado que el uso de la bencina es muy eficaz para librar a los animales de la incomodidad que les producen los insectos y otros parásitos que los invaden.

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*La época es de congresos de asociaciones científicas y literarias. Poco hace terminó sus sesiones el Congreso Sociológico de Dublín, en el que se han debatido las más vitales cuestiones que atañen al presente y al porvenir de las sociedades modernas, tales como la guerra, la propiedad, las instituciones políticas y los recursos económicos de las naciones. A este congreso precedieron, entre otros de menor importancia, el Congreso Médico, al que asistieron las notabilidades facultativas del viejo continente y la América, y el Congreso de la Asociación Científica de Gran Bretaña, celebrado en York, en el que su presidente, sir John Lubbock, en un elocuente y luminoso discurso


Su obra Prehistoric Times fue una auténtica revolución. Se convirtió en un bestseller.

reseñó los maravillosos progresos realizados por la ciencia durante los últimos cincuenta años; y en Ginebra, en Suiza, se están haciendo grandes preparativos para el gran concurso internacional de música, que se celebrará en aquella ciudad a principios de agosto del año próximo. Los periódicos suizos dicen que todo hace creer que aquella gran fiesta será de las más magníficas de cuantas de ese género se han celebrado en el mundo. Hasta ahora han sido invitadas las sociedades musicales de Bélgica, Italia y Alemania.

Coletilla de Cubaperiodistas.- Arqueólogo por afición, sir John Lubbock, Iord Averbury (1834-1913), ocupa un destacado papel entre los prehistoriadores británicos del siglo XIX, siendo él quien por primera vez emplea los términos «paleolítico» y «neolítico» en su monumental libro Primitive Times. Su interés por la antropología se orienta sobre todo a la búsqueda de «paralelos etnográficos» que posibiliten la reconstrucción de los datos arqueológicos, para lo que utiliza un método comparativo de fuerte raíz evolucionista. Contrapuesto a Tylor, en ocasiones, por su escaso criticismo documental y sus prejuicios contra los «salvajes», lo cierto es que los datos etnográficos utilizados por Lubbock son con frecuencia no sólo certeros, sino insustituibles hoy día debido a la desaparición de muchas de las fuentes. 

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*Vamos a dar cuenta a nuestros lectores de un hecho que prueba hasta donde pueden alcanzar en la frágil naturaleza humana los efectos del miedo. Es el caso que el revisor de billetes del tren que pasa por Moissac a las siete y treinta de la noche, se presentó en la portezuela de un departamento ocupado por cuatro señoras. Una de ellas se levantó bruscamente, se precipitó como una fiera hacia el empleado y le golpeó repetidamente en la cabeza con el puño de un paraguas. En vano el desgraciado revisor pedía la explicación de aquel ataque, y en vano también las tres compañeras de aquella furia le gritaban, procurando sujetarle los brazos: “¡Deteneos! ¡Es un empleado de la línea, es un revisor!” Con la vista extraviada y la respiración jadeante, continuó golpeando la cara del empleado. Este, gravemente herido en los ojos, en los labios y en las mejillas, se sujetó con la mano izquierda con grandes dificultades en la portezuela, mientras con la derecha procuraba, aunque inútilmente, parar los golpes. Por fin después de una lucha de muchos minutos, se consiguió sujetar a la terrible viajera, y una vez establecida la calma, dio la siguiente explicación: al ver presentarse un hombre en la portezuela durante la marcha del tren, quedó sobrecogida de terror, y como en aquel momento exclamaron sus compañeras: “He ahí el revisor”, había comprendido: “he ahí el ladrón”, y perdiendo el juicio no había pensado más que en el defenderse contra el enemigo imaginario. Cuando se le hizo ver al revisor terriblemente lesionado, con el ojo derecho gravemente herido, y se le dijo que aquel empleado había estado más de diez veces a punto de ser derribado sobre la vía, debiendo únicamente su salvación a su valor y a su costumbre de mantenerse en el estribo, se puso a derramar tan abundantes lágrimas y manifestó su pesar de una manera tan conmovedora, que se enterneció la víctima. Aquel buen hombre declaró a la agresora que la perdonaba, prometiendo pedir que no fuera perseguida por aquel hecho, y ha cumplido su palabra. 

Coletilla de Cubaperiodistas.- En esta nota de Martí cuando escribe sobre este hecho ocurrido en Moissac, se refiere a una comuna francesa situada en la región de Mediodía-Pirineos. La anécdota no es excepcional para el caso de los revisores o inspectores de trenes. A lo largo de la historia, en diferentes lugares del mundo, han merecido no sólo notas periodísticas sino han sido personajes centrales en cuentos y novelas. Abundan las anécdotas. En el año 2007, por ejemplo, en Renfé, España, más de un centenar de pasajeros se amotinaron contra el revisor porque sólo exigió revisar el billete de un negro, y se tildó al revisor de racista. Otro caso ocurrido en Barcelona: un revisor de trenes hizo reiteradas amenazas a una familia que debía tomar frecuentemente ese transporte, y la familia optó por mudarse bien lejos del lugar. En Gran Bretaña sucedió en el 2004 que un revisor de trenes devolvió delicadamente su billete de transporte a un pasajero que creyó profundamente dormido, y en realidad había muerto. Y hay otro cuento de que 300 pasajeros de un tren se negaron a mostrar sus billetes a un revisor en protesta por el mal servicio que daba la línea en cuestión. El revisor mandó a detener el tren, y ello atrasó el viaje casi una hora. Eso ocurrió entre Girona y Barcelona.  

(Esta Sección Constante se publicó en La Opinión Nacional, de Caracas, el 6 de diciembre de 1881).
 

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