Sección Constante
(Ilustrada y con
coletillas)
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*La crónica monárquica del mes
último ofrece ejemplos recientes de la munificencia oriental. Al
mismo tiempo que la reina Victoria por razones a la vez personales y
políticas, enviaba al joven rey de España la orden de la Jarretera,
el Sultán le agasajaba con una cruz suntuosa. El sha de Persia ha
obsequiado al emperador de Austria con las insignias de la Orden del
Sol, montadas en diamantes cegadores, como un presente a la princesa
Estefanía. Y al presentar el nuevo cónsul de los Estados Unidos sus
credenciales al khedive de Egipto le fueron ofrecidos un brioso
corcel enjaezado de una manera fantástica a la vez que riquísima, y
una brillante arma de trabajo damasquino. El Cónsul rehuso el
corcel, aceptó el arma.
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 *A
pesar de que casi todas las medicinas y alimentos servidos durante
la enfermedad al presidente Garfield fueron gratuitamente
suministrados por los proveedores, que se han negado a aceptar paga
alguna por ellos, el costo total de la enfermedad y funerales del
ilustre infortunado ha sido $347,650. La mayor parte de esta suma
fue empleada en decorar los edificios de Cleveland, la ciudad donde
yace, en lo cual se gastaron $100,000: otros cien mil se invirtieron
en las expensas de acomodación del asombroso número de huéspedes que
afluyó a la ciudad con motivo de los funerales.
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*Va
llenando con su fama la América del Sur un pintor montevideano, el
pintor Blanes. De Buenos Aires era otro pintor que murió ha poco,
dejando obras de un mérito especial, y muy loable, puesto que a su
valor artístico reúnen el de tratar asuntos
hispanoamericanos;
el artista se llamó Torres. De paisajes de América, y de escenas de
la guerra civil de su República son sus mejores cuadros. En Buenos
Aires se han dado los amadores del arte a buscar un retrato del
famoso Quiroga, que suponen está en la ciudad: en el retrato,
Quiroga, cuya lanza fue tan temible y poderosa,
está sentado sobre un haz de
lanzas. 
Coletilla de Cubaperiodistas.-
En esta nota Martí habla de uno de los
pintores grandes del Uruguay. De Juan Manuel Blanes, nacido en 1830
en Montevideo. Pintó a los patriotas uruguayos y numerosos hechos
históricos, así como las costumbres de su país y de los vecinos.
Entre sus obras más importantes están La muerte del general Venancio
Flores (1868), El Baqueano (1875) y Artigas en la ciudadela (1884).
Sus obras se exhiben permanentemente en un museo de arte nacional
que lleva su nombre. Distintas calles e instituciones también llevan
el nombre de Juan Manuel Blanes.
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*A la par que
en China parece vencedor, por algún tiempo al menos, el partido que
rechaza todas las innovaciones de origen europeo, en el Japón se
abra paso con rapidez creciente el espíritu moderno. Merced a la
lectura asidua del evangelio de San Juan, sesenta familias de Kyoto
se han convertido al cristianismo. Otra conversión notable ha tenido
lugar por aquellos mundo: de un sacerdote budista, que ha abrazado
en Mutual la fe católica. Secla Vinola se llama el sacerdote
budista; pero los nombres de los padrinos son más notables que el
suyo: Parampatibandige Manuel Ferando Anavi Rala se llama el
padrino, y la madrina Parampatibandigo Angelina Fernando.
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*
Florece en México una excelente escuela de pintura notable por la
precisión de su dibujo y la energía de su color. La escuela tiene
sus clásicos, sus románticos y sus rebeldes. Por fortuna, los más
jóvenes representantes de esta rica escuela han dado en buscar sus
inspiraciones allí donde debieran ir siempre a buscarlas pintores y
poetas: no en libros mil veces repetidos a cuyas páginas apenas
lograr dar calor de vida sentimientos enfermizos, --reflejos
caldeados, hijos maltrechos y anémicos de literaturas fatigadas y
exhaustas,-- sino en la abundantísima, en la fragante, en la
inextinguible madre naturaleza. Entre estos pintores mexicanos tiene
derecho a especial mención Manuel Ocaranza, que une al diestro
manejo del pincel un espíritu ardiente, poblado de risueñas
imaginaciones, y un gusto exquisito: independencia,
corrección
y vigor son los caracteres de este pintor laureado. Hay otro
artista, Parra, que pinta como con pinceles de acero figuras
históricas, una de las cuales, el gran fray Bartolomé de las Casas
clamando a Dios por justicia ante el cadáver de un indio asesinado a
las puertas de un templo de su nación, fue muy celebrado en la
Exposición de Filadelfia. Y hay un poderoso paisajista, Velasco; y
un Rebull, que es gran maestro, y pinta cosas celestiales, robando
colores a los ricos celajes de México; y otro maestro, Pina, cuyos
trabajos acabados y robustos dan la medida de un espíritu acendrado
en largas y fructuosas observaciones. En suma, es una pléyade
brillante.
Coletilla de Cubaperiodistas.-
La historia de las relaciones de Martí y el
pintor Manuel Ocaranza es bien interesante. Se conocieron en la casa
de Manuel Mercado en Ciudad de México, donde vivía la familia de
este pintor. Tanto Mercado como Ocaranza eran oriundos de la región
de Uruapan. Y Martí conoció mucho de ella, de sus paisajes, de su
economía, de sus costumbres. Martí no visitó nunca Uruapan, pero sus
conversaciones con Mercado y Ocaranza, así como el perfumado café de
esa región que era preparado en la casa, hicieron posible que se
enamorase de Uruapan. Ocaranza fue testigo de la boda de Martí con
Carmen Zayas, en 1877. Al morir Ocaranza en 1882, Martí le dedicó
una poesía titulada “Flor de hielo”. Otro dato interesante: se
desconoce el paradero de muchas de las pinturas de Ocaranza, que era
diestro con el pincel. Entre sus obras que están en el Museo
Nacional de México se destaca la conocida como Travesuras de Cupido
o del Amor. En la nota Martí también habla de otros importantes
pintores mexicanos del siglo XIX, Félix Parra, José María Velasco,
José Salomé Piña y Santiago Rebull. A todos ellos los identifica en
la nota solo con sus apellidos, y en el caso de Piña escribió Pina.
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*En la India
inglesa se ha ensayado con brillantes resultados el empleo en los
telégrafos, de las corrientes dinamo-eléctricas en vez de las
baterías de pilas eléctricas. Una máquina dinamo-eléctrica empleada
para alumbrar una estación situación a dos millas de Calcuta, fue
elegida para engendrar la corriente que se trasmitió a las oficinas
telegráficas de Calcuta, por medio de un alambre ordinario, el cual
funcionó con toda regularidad sin notarse gran pérdida en la
corriente útil de la máquina, hasta el punto de que esta misma
corriente, empleada a la vez en hacer funcionar las lámparas
eléctricas de la estación, daba una luz equivalente a 600 bujías,
siendo esto lo más digno de llamar la atención. En vista del éxito
alcanzado se proponen utilizar en todas las líneas telegráficas las
máquinas dinamo-eléctricas para la trasmisión de los despachos,
empleando el sobrante en el alumbrado y economizando las baterías.
(Estas notas se publicaron en la Sección Constante
del periódico La Opinión Nacional, de Caracas, el 14 de noviembre de
1881).
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