Reflexiones en torno a una carta
de un español
María Luisa García Moreno
Lo primero
que llama la atención del artículo “Carta de un español”,
publicado por José Martí en Patria, el 14 de mayo de
1892, es la identificación del Apóstol con el periódico. No hay
otra forma de decirlo: Patria es Martí. De ahí frases
como “Hojeaba Patria, en busca de ciertos datos…”, “No
hace mucho tiempo contaba a Patria un cubano…”, “Recuerda
Patria…” y otras similares, en las que puede
apreciarse esa estrecha identidad.
Lo
segundo, el tono francamente autobiográfico que puede apreciarse
en algunas frases en las que alude, en esencia, a sus relaciones
con el padre. En especial, aquella que recoge en sus
Cuadernos de apuntes: “Porque yo no extrañaría verte
peleando un día por la independencia de tu tierra”.*
Pero más
allá de esas primeras consideraciones, si se quiere de carácter
personal, llama la atención el hecho de que desde los momentos
fundacionales —recuérdese que este artículo vio la luz el 14 de
mayo— del Partido Revolucionario Cubano y su vocero, el
periódico Patria, ya nuestro José Martí tenía definida
con meridiana claridad la estrategia de la lucha que se
avecinaba, estrategia en la que venía trabajando desde la Guerra
Chiquita y que completó a partir del análisis de las causas que
llevaron al fracaso de la Guerra de los Diez Años, así como del
estudio de otras guerras de su tiempo.
Es por eso
que, como se sabe, el reclamo de la unidad —entre los veteranos
del 68 y “los pinos nuevos”, entre blancos y negros, entre
españoles y cubanos— constituye la esencia misma de la prédica
martiana. Más adelante, en 1895, el Manifiesto de Montecristi
e, incluso, algunas de las circulares que confeccionó en la
manigua irredenta serán reflejo de esta concepción, que aflora,
conmovedora por lo personal en este artículo de Patria,
de mayo de 1892.
Comienza
Martí su trabajo refiriéndose a “[…] una carta inspirada de un
español de Madrid, donde a la vez que se duele del odio
innecesario con que por entonces parecían mirarse cubanos y
españoles, dice que ‘los republicanos españoles de la Península,
están dispuestos a secundar a los amigos de América’”. De igual
modo, se refiere al relato que le hiciera un expresidiario
cubano, acerca de la “[…] brava ternura con que un republicano
de España, mozo rico y ardiente, en el banco del calabozo o en
los sillones de su casa enseñaba a leer a los cubanos […] y los
movía ‘a asegurar por la fuerza del brazo, que al cabo y al fin
es la que lo crea todo en este mundo, un modo de gobierno bueno
y libre donde cada hombre pueda llevar alta la cabeza, y clavar
sus palabras en el aire y no cargar fusil sino contra el
extranjero, y tener limpia su casa’”. Y añadía el español del
relato: “Si España es un obstáculo para todo eso, el deber de
hombre es superior al deber de español; ¡y es un canijo, y un
coco de agua, el que no pelee contra España!”.
Antes de
entrar en materia, es decir, antes de comentar la carta que
motiva su trabajo, se refiere aún, con hermosas y emotivas
palabras al gallego Insua,** de quien cuenta que
alimentaba dos clubs, no admitía en su manufactura a quien no se
obligara a contribuir a la revolución y fue al cementerio en
hombros de los cubanos. Y concluye el Maestro: “Porque el
gallego Insua defendía la paz y justicia que vienen al hombre
con la libertad; y el nombre de español le era aborrecible
mientras significase odio e injusticia y esclavitud […] De la
libertad vivía Insua enamorado; de Cuba libre, de España libre”.
Insiste
Martí en que los cubanos que hoy se alzan en armas contra España
son hijos de españoles y allí aflora el recuerdo del padre
valenciano: “[…] ¡y el que quiere hoy más a aquel empleado
español, el que lo tiene a todas horas, en la sombra que hoy es,
de compañía y de consejero, es un corazón cubano!”.
Luego de
esta larga introducción habla el Apóstol de la carta de
Bonifacio Muñiz y Fernández, “un español separatista”,
caracterizada por su “apasionada sencillez”, la cual se
pronuncia “[…] contra ‘esas leyes inicuas que manda el gobierno
a un país donde no necesitan los hombres más que su libertad’ y
censura a los que en Cuba quieren dar a entender que hay algún
otro remedio que el de que ‘cubanos y españoles acabemos de una
vez con el yugo que nos oprime’”.
Por
último, cita las palabras finales de la misiva, “[…] que, a la
verdad, expresa Martí, no pueden leerse con el corazón callado,
ni con los ojos secos:
”Yo que
soy español, siento hoy más por Cuba que por España, porque así
me lo dice la vergüenza, porque yo, pobre viejo que tengo cuatro
hijos que el que menos tiene veinte años, no solo los quiero
para mí sino también para su Patria cuando los necesite,
y yo también con ellos, porque así nos lo manda el deber, el
decoro y la dignidad; porque cuando la vergüenza se pierde, vale
más que los hombres se mueran”.
Quizás
pudiera aún, hacerse una última reflexión acerca de la frase
final de este trabajo; pero es tan obvio su mensaje y tienen
tanta vigencia, que nada más hace falta decir; solo retomar para
nuestra vida cotidiana la esencia de la prédica martiana:
nuestra victoria está en la unidad.
Notas
* José
Martí: Obras completas, Centro de Estudios Martianos,
Colección digital, tomo 22, p. 250.
** Se
refiere a Pablo Insua, manciano gallego vinculado a la
emigración cubana. A su muerte, escribió Martí en Patria:
“Sería injusticia suma, y suma ingratitud, al hablar de los
gallegos en Cuba, no poner una flor de las que no se secan sobre
la sepultura cubierta de nieve de Pablo Insua. Él fue el héroe
modesto y eficaz de la tentativa de los cubanos por la
independencia, después del Zanjón: el héroe en New York. Quien
no conozca la larga lucha de Galicia por sus derechos ofendidos
[…] hubiera extrañado aquella pasión de hijo, aquella
abundancia de la bolsa, aquella república viva y ardiente, con
que defendía Pablo Insua la libertad cubana”.
El resto de
las citas procede de José Martí: “Carta de un español”. En:
Obras completas, Tomo 4, pp. 410-412.
(Cubaperiodistas.cu)