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Lunes, 23 de Julio de 2012


Reflexiones en torno a una carta de un español

María Luisa García Moreno

Lo primero que llama la atención del artículo “Carta de un español”, publicado por José Martí en Patria, el 14 de mayo de 1892, es la identificación del Apóstol con el periódico. No hay otra forma de decirlo: Patria es Martí. De ahí frases como “Hojeaba Patria, en busca de ciertos datos…”, “No hace mucho tiempo contaba a Patria un cubano…”, “Recuerda Patria y otras similares, en las que puede apreciarse esa estrecha identidad. 

Lo segundo, el tono francamente autobiográfico que puede apreciarse en algunas frases en las que alude, en esencia, a sus relaciones con el padre. En especial, aquella que recoge en sus Cuadernos de apuntes: “Porque yo no extrañaría verte peleando un día por la independencia de tu tierra”.* 

Pero más allá de esas primeras consideraciones, si se quiere de carácter personal, llama la atención el hecho de que desde los momentos fundacionales —recuérdese que este artículo vio la luz el 14 de mayo— del Partido Revolucionario Cubano y su vocero, el periódico Patria, ya nuestro José Martí tenía definida con meridiana claridad la estrategia de la lucha que se avecinaba, estrategia en la que venía trabajando desde la Guerra Chiquita y que completó a partir del análisis de las causas que llevaron al fracaso de la Guerra de los Diez Años, así como del estudio de otras guerras de su tiempo. 

Es por eso que, como se sabe, el reclamo de la unidad —entre los veteranos del 68 y “los pinos nuevos”, entre blancos y negros, entre españoles y cubanos— constituye la esencia misma de la prédica martiana. Más adelante, en 1895, el Manifiesto de Montecristi e, incluso, algunas de las circulares que confeccionó en la manigua irredenta serán reflejo de esta concepción, que aflora, conmovedora por lo personal en este artículo de Patria, de mayo de 1892. 

Comienza Martí su trabajo refiriéndose a “[…] una carta inspirada de un español de Madrid, donde a la vez que se duele del odio innecesario con que por entonces parecían mirarse cubanos y españoles, dice que ‘los republicanos españoles de la Península, están dispuestos a secundar a los amigos de América’”. De igual modo, se refiere al relato que le hiciera un expresidiario cubano, acerca de la “[…] brava ternura con que un republicano de España, mozo rico y ardiente, en el banco del calabozo o en los sillones de su casa enseñaba a leer a los cubanos […] y los movía ‘a asegurar por la fuerza del brazo, que al cabo y al fin es la que lo crea todo en este mundo, un modo de gobierno bueno y libre donde cada hombre pueda llevar alta la cabeza, y clavar sus palabras en el aire y no cargar fusil sino contra el extranjero, y tener limpia su casa’”. Y añadía el español del relato: “Si España es un obstáculo para todo eso, el deber de hombre es superior al deber de español; ¡y es un canijo, y un coco de agua, el que no pelee contra España!”. 

Antes de entrar en materia, es decir, antes de comentar la carta que motiva su trabajo, se refiere aún, con hermosas y emotivas palabras al gallego Insua,** de quien cuenta que alimentaba dos clubs, no admitía en su manufactura a quien no se obligara a contribuir a la revolución y fue al cementerio en hombros de los cubanos. Y concluye el Maestro: “Porque el gallego Insua defendía la paz y justicia que vienen al hombre con la libertad; y el nombre de español le era aborrecible mientras significase odio e injusticia y esclavitud […] De la libertad vivía Insua enamorado; de Cuba libre, de España libre”.  

Insiste Martí en que los cubanos que hoy se alzan en armas contra España son hijos de españoles y allí aflora el recuerdo del padre valenciano: “[…] ¡y el que quiere hoy más a aquel empleado español, el que lo tiene a todas horas, en la sombra que hoy es, de compañía y de consejero, es un corazón cubano!”.  

Luego de esta larga introducción habla el Apóstol de la carta de Bonifacio Muñiz y Fernández, “un español separatista”, caracterizada por su “apasionada sencillez”, la cual se pronuncia “[…] contra ‘esas leyes inicuas que manda el gobierno a un país donde no necesitan los hombres más que su libertad’ y censura a los que en Cuba quieren dar a entender que hay algún otro remedio que el de que ‘cubanos y españoles acabemos de una vez con el yugo que nos oprime’”. 

Por último, cita las palabras finales de la misiva, “[…] que, a la verdad, expresa Martí, no pueden leerse con el corazón callado, ni con los ojos secos:

”Yo que soy español, siento hoy más por Cuba que por España, porque así me lo dice la vergüenza, porque yo, pobre viejo que tengo cuatro hijos que el que menos tiene veinte años, no solo los quiero para mí sino también para su Patria cuando los necesite, y yo también con ellos, porque así nos lo manda el deber, el decoro y la dignidad; porque cuando la vergüenza se pierde, vale más que los hombres se mueran”.  

Quizás pudiera aún, hacerse una última reflexión acerca de la frase final de este trabajo; pero es tan obvio su mensaje y tienen tanta vigencia, que nada más hace falta decir; solo retomar para nuestra vida cotidiana la esencia de la prédica martiana: nuestra victoria está en la unidad. 

Notas

* José Martí: Obras completas, Centro de Estudios Martianos, Colección digital, tomo 22, p. 250.

** Se refiere a Pablo Insua, manciano gallego vinculado a la emigración cubana. A su muerte, escribió Martí en Patria: “Sería injusticia suma, y suma ingratitud, al hablar de los gallegos en Cuba, no poner una flor de las que no se secan sobre la sepultura cubierta de nieve de Pablo Insua. Él fue el héroe modesto y eficaz de la tentativa de los cubanos por la independencia, después del Zanjón: el héroe en New York. Quien no conozca la larga lucha de Galicia por sus derechos ofendidos […]  hubiera extrañado aquella pasión de hijo, aquella abundancia de la bolsa, aquella república viva y ardiente, con que defendía Pablo Insua la libertad cubana”.

El resto de las citas procede de José Martí: “Carta de un español”. En: Obras completas, Tomo 4, pp. 410-412.

(Cubaperiodistas.cu)

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