Diálogo contemporáneo con José
Martí
“Cuba no
tiene por qué temer: tiene hijos que sólo la abandonarían cuando
cierren los ojos.”
Wilkie Delgado Correa
Al adentrarnos en la historia,
quiérase o no, se interactúa, se intercambia, se dialoga, se
pregunta o se responde de las formas variadas en las que cada
ser humano tiene capacidades, posibilidades y propósitos para
ello. Por tanto, más que intentar asomarnos a la historia como
espectadores, se debe penetrar en ella hasta sentirnos como
coetáneos activos del tiempo en que se incursiona.
Por los caminos de la historia
pasada, presente o futura siempre habrán motivos para buscar el
encuentro con una respuesta verdadera, un juicio definitivo y
una defensa irreductible de lo justo. De esta manera es que he
llegado a concebir esta conversación contemporánea con José
Martí, fundador del Partido Revolucionario Cubano, líder y jefe
de la guerra de independencia de1895, Mayor General, Maestro y
Apóstol de nuestra lucha independentista, y Héroe Nacional.
Mis preguntas tienen una
respuesta cabal y contundente a través de sus ideas. Y son
respuestas textuales de ayer, pero válidas y necesarias hoy, y
que tal vez en el devenir histórico estarán vigentes siempre
Esta será, por lo tanto, una
conversación sui géneris. Así que, queridos lectores, permítanme
que les presente esta entrevista imaginaria, pero auténtica y
legítima, y que resulta, por eso mismo, tan real, verdadera y
contemporánea como si hoy mismo hubiera ocurrido. Y es que con
Martí, como con otros grandes hombres de la patria, sucede lo
que él vaticinara como realidad posible, que cuando se cae en
la patria del lado del deber y en brazos de la patria
agradecida, “empieza, al fin, con el morir, la vida”.
José Martí nació en La Habana
el 28 de enero de 1853 y cayó en combate el 19 de mayo de 1895,
para mantenerse vivo en el seno de su pueblo. Confirmación de
ello fue que al cumplirse el centenario de su nacimiento, y
producirse el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953,
Fidel Castro afirmó, al producirse su apresamiento, que Martí
había sido el autor intelectual de aquella acción armada, y en
su alegato de defensa titulado La Historia me Absolverá, se
preguntó qué hubiera sido de Cuba si hubiera dejado morir al
Apóstol en el año de su centenario.
Es hora, pues, que demos paso
al texto de esta entrevista cuyas preguntas están matizadas por
el enfoque contemporáneo de su autor, y las respuestas tienen
afincadas sus raíces en el pensamiento y las ideas expresadas
por José Martí, en diversos momentos de su vida ante los
acontecimientos, los sucesos y los avatares de la vida o de la
lucha en la época que le tocó vivir, pero en las cuales no
pueden faltar los sueños y las proyecciones hacia el futuro
W- Maestro,
vivimos hoy como antes tiempos difíciles en los cuales está en
juego la existencia misma de la patria. ¿Cómo Ud. interpreta el
deber de cada compatriota?
MARTÍ- El deber de un patriota
que ve lo verdadero está en ayudar a sus compatriotas, sin
soberbia ni ira, a ver la verdad…
…¿Qué deben hacer los
verdaderos amantes de la patria…?: Predicar revolución… Estamos
aquí para impedir que el enemigo acorrale al abanderado, o caiga
en malas manos la bandera:…Aquí somos la vigilancia y el amor,
la cordialidad y la centinela, la pasión, razonada por el
juicio, de cuanto lleve con decoro el nombre de cubano.
W- Ante la
situación que actualmente atraviesa el país, bloqueado
criminalmente por la potencia más poderosa de la tierra, y en un
mundo en que las fuerzas enemigas internas y externas se
confabulan con el propósito de un ajuste de cuentas a la patria
por su rebeldía, ¿qué estrategia general Ud. postula?
MARTÍ- A un plan obedece
nuestro enemigo: el de enconarnos, dispersarnos, dividirnos,
ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos,
burlarlo, hacer por fin nuestra patria libre. Plan contra plan.
Sin plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque.
W- Martí,
hay quienes consideran que son tan enormes las dificultades,
como otros creían frente a España, que el país no le queda otra
alternativa que sucumbir ante el poderío de los Estados Unidos,
a pesar de que la Revolución ha demostrado que lo que parecía
imposible ha sido posible.
MARTÍ- Quizás crean que falta a
Cuba las dotes superiores, con que han de contar los pueblos
para aspirar con éxito a su independencia: la constancia, la
abnegación y la unión…En nosotros hay masa pública, que conoce y
adora la libertad, que la habla y la escribe, que la razona y la
acomoda a lo verdadero, que la defenderá con las uñas y con los
dientes… ¡Allí estaremos todos, defendiéndola! No hay placer
como el de defenderla: el cubano, antes que la libertad, se
arranca la vida.
W- Entonces,
¿piensa Ud. que en este asunto el país marcha por buen camino?
MARTÍ- El país va a donde debe…
Se calla lo que no es preciso decir… Mucho daño hace en este
mundo la cobardía, mucho la indecisión, mucho la política
importada… Los pueblos continúan, no retroceden… El cubano sabe
que hay un camino al frente, pero no sabe que haya ningún camino
atrás… El cubano es indómito… es independiente, moderado y
altivo. Es su dueño, y no quiere dueños… A tiempo, y con
dignidad, haremos lo que debemos.
W- Maestro,
¿y qué nos puede decir de esos que miran hacia el Norte
hechizados por las pompas y el poderío?
MARTÍ- Las malas acciones me
entristecen, como si las cometiera yo, y las buenas me dan bríos
para pelear… Son algunos los vendidos y muchos los venales, pero
de un bufido del honor puede echarse atrás a los que, por hábito
de rebaño, o el apetito de las lentejas, se salen de las filas
en cuanto oyen el látigo que los convoca, o ven el plato puesto…
Hay que cargar los barcos de
esos insectos dañinos, que les roen el hueso a la patria que los
nutre.
W- ¿Cómo Ud.
piensa que debe reflexionar cada cubano como parte esencial de
nuestro pueblo?
MARTÍ- El pueblo más grande no
es aquel en que una riqueza desigual y desenfrenada produce
hombres crudos y sórdidos y mujeres venales y egoístas; pueblo
grande, cualquiera que sea su tamaño, es aquel que da hombres
generosos y mujeres puras. No es rico el pueblo donde hay
algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco
de riqueza.
En economía política y en buen
gobierno, distribuir es hacer venturosos.
La honradez es el vigor en la
defensa de lo que se cree, la serenidad ante las exigencias de
los equivocados, ante el clamoreo de los soberbios, ante las
tormentas que levantan los que entienden mejor su propio
provecho que el provecho patrio.
W- Martí,
¿cómo Ud. califica a los Estados Unidos, país vecino cuya
política –mala política- ha sido siempre, me refiero a la de sus
gobiernos, la de interferir los anhelos independentistas y
soberanos de nuestro pueblo, además de pretender asfixiarnos en
esta época para apoderarse de Cuba a través de sus vasallos
mercenarios de afuera y de adentro?
MARTÍ- Vecino esencialmente
hostil y diverso…vecino avieso… desdeñoso vecino… Roma
americana.
W- ¿Cuál es
su pensamiento sobre esa política de los Estados Unidos, que la
concretó de hecho, tal como Ud. temía, después de su muerte, y
sobre la política correspondiente de nuestro país?
MARTÍ- Los peligros no se han
de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede
evitar… Para todo hay ciegos, y cada empleo tiene en el mundo su
hombre… Pueden creer los hombres superficiales, los hombres
ilusorios, los hombres imitativos, que un pueblo fuerte y
complacido en su primacía, reconocerá paridad a un pueblo
mínimo… Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los sacaría
de ella?... Cambiar de dueño, no es ser libre. Yo quiero de
veras la independencia de mi patria.
No deduzco de los vítores que
sean reconocidos por los Estados Unidos los derechos cubanos:
tengo fe en que el martirio se impone, y que lo heroico vence.
Ni esperamos su reconocimiento, ni lo necesitamos para vencer…
Pero si los gobiernos se hacen egoístas, y los pueblos ricos se
apegan a sus riquezas y obran como avaros viejos, la humanidad
es en cambio perpetuamente joven. El entusiasmo no ha tenido
nunca canas… Podrán los gobiernos desconocernos, los pueblos
tendrán siempre que amarnos y admirarnos.
W- Maestro,
tal como Ud. temía los norteamericanos entraron aviesa y
oportunistamente en la guerra que Ud. organizó. Pero fue posible
sacarlos con la fuerza del pueblo encarnada en la Revolución
Cubana. ¡No fue fácil! Y aún prosiguen haciéndonos la vida
difícil. ¿Algún recuerdo particular que podamos proyectarlo, con
sus matices de diferencias, a los tiempos que vivimos?
MARTÍ- De un punto si recuerdo
que tratamos más a la larga en nuestra conversación, porque me
tenía en aquellos días entre indignado y piadoso, siendo la
indignación para con los entendidos, y la piedad para los
ignorantes, y fue de los rumores que por entonces corrían en
Cuba sobre la anexión de nuestra Patria a los Estados Unidos.
Sólo el que desconozca a nuestro país, o éste o las leyes de
formación y agrupación de los pueblos puede pensar honradamente
en solución semejante, o el que ame a los Estados Unidos más que
a Cuba. Pero quien ha vivido en ellos, ensalzado sus glorias
legítimas, estudiando sus características, entrando en las
raíces de sus problemas, viendo como subordinan a la hacienda su
política, confirmando con el estudio de sus antecedentes y
estado natural sus tendencias reales, involuntarias o confesas;
quien ve que jamás, salvo en lo recóndito de algunas almas
generosas, fue Cuba para los Estados Unidos más que posesión
apetecible, sin más inconveniente que sus pobladores, que tienen
por gente levantisca, floja y desdeñable, quien lee sin vendas
lo que en los Estados Unidos se piensa y escribe, quien ama a su
patria con aquel cariño que sólo tiene comparación por lo que
sujetan cuando prenden y por lo que desgarran cuando se
arrancan, a las raíces de los árboles, ése no piensa con
complacencia, sino con duelo mortal, en que la anexión pudiera
llegar a realizarse, y en que tal vez sea nuestra suerte que un
vecino hábil nos deje desangrar a sus umbrales, para poner al
cabo, sobre lo que quede de abono para la tierra, sus manos
hostiles, sus manos egoístas e irrespetuosas.
He vivido muchos años en los
Estados Unidos y he tenido oportunidad de estudiar atentamente y
de cerca sus instituciones políticas y su sociedad, he admirado
su poder y su riqueza; pero esa admiración no me lleva hasta el
servilismo de pensar que el éxito, debido a circunstancias
naturales e inevitables, sea originado por superioridad de raza,
ni por antecedentes de las instituciones de la época de la
colonia.
En Cuba la idea de la anexión…,
ha mudado de intento y motivo, y no es hoy más que el deseo de
evitar la Revolución. ¿Por qué querer anexarse? ¿Por qué es esta
tierra grande, sino por la Revolución? Pero en los días que
corren, y en las relaciones de ambas partes, nosotros podremos
gozar de los beneficios de la Revolución sin exponernos a sus
peligros…
Es la única forma, es la única
vía porque podemos llegar tan pronto como nuestras necesidades
imperiosas quieren, a la realización de nuestros brillantes y
enérgicos destinos.
W- Maestro,
¿cómo Ud. aprecia la esencia de las relaciones de nuestros
pueblos en el contexto del continente americano?
MARTÍ- En América hay dos
pueblos y no más de dos, de alma muy diversa por los orígenes,
antecedentes, y costumbres, y sólo semejantes en la identidad
fundamental humana. De un lado está nuestra América, y todos sus
pueblos son de naturaleza y de cuna parecida o igual, e igual
mezcla, de otra parte está la América que no es nuestra… De
nuestra América se sabe menos de lo que urge saber, aún por
aquellos que fungen de opinadores… y celebran a los Estados
Unidos con tanta pasión como la que ponen en denigrar a los
demás pueblos de América, sin conocer de estos ni de aquellos
más que la engañosa superficie…
Los pueblos de América son más
libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados
Unidos.
El fiel de América está en las
Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de
una república imperial contra el mundo celoso y superior que se
prepara a negarle el poder –mero pontón de la Roma americana y
si libres- y libres de serlo por el orden de la libertad
equitativa y trabajadora– serían en el continente, la garantía
del equilibrio, la de la independencia para la América española
aún amenazada, y la del honor para la gran república del Norte.
No a mano ligera, sino con
conciencia de siglos se ha de componer la vida nueva de las
Antillas.
W- Sin
embargo, Maestro, hay quienes que, dentro y fuera, manifiestan
una especie de idolatría hacia los Estados Unidos y restan
méritos a nuestros pueblos.
MARTÍ- ¡Oh, no!: la simpatía no
puede estar con la boca del león… La yanquimanía…Esos se han
manchado ofreciendo a los Estados Unidos pedazos de la tierra
nacional o ayuda contra sus repúblicas hermanas…, esos pretenden
entregar sus ruinas a un extranjero ávido y desdeñoso…; esos
desertores que piden fusiles en los ejércitos de América del
Norte…; esos que dicen y viven: que mi patria piensa unirse al
bárbaro extranjero…; a los sietemesinos… los que no tienen fe en
su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor
a ellos, se lo niegan a los demás… Oligarquía pretenciosa y
nula… (con) un amo yanqui o español, que les cree, en premio de
oficio de celestinos, la profesión de prohombres, desdeñosos de
la masa pujante…
¡Para todo hay en este mundo
imbéciles y viles!... De traidores está América cansada, y que
sólo le hablan de su muerte fatal y de su ineptitud… Hay que
cargar los barcos de esos insectos dañinos…Es preciso que se
sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos.
W- Maestro,
¿pudiera señalarnos quienes han querido la anexión o quieren el
sometimiento y sujeción de nuestro país, mejor sería decir de
nuestros países, a los Estados Unidos?
MARTÍ- Es preciso que Cuba sepa
quiénes y para qué, quieren la anexión… Esta clase de hombres
que favorecen vehementemente la anexión de Cuba a los Estados
Unidos… Todos los tímidos, todos los irresolutos, todos los
apegados a la riqueza, tienen tentaciones marcadas a apoyar esta
solución…
W- ¿Cómo Ud.
enfocaría las tendencias vitales que se desarrollan en el
continente?
MARTÍ- Proclamamos, contra
lacayos y pedantes, la gloria de los que en la gran labor de
América, se van poniendo de quicio y abono para la paz libre y
decorosa del continente… Padézcase, carézcase, trabájese; ámese;
estúdiese con el valor y la libertad de sí; vélese con los
pobres; llórese con los miserables; ódiese, la brutalidad de la
riqueza; vívase, en el palacio o la ciudadela, en el salón de la
escuela y en sus zaguanes… y así se podrá opinar con asomos de
razón, sobre la república autoritaria y codiciosa, y la
sensualidad creciente de los Estados Unidos… y es de justicia, y
de legítima ciencia social, reconocer que, en relación con las
facilidades del uno y los obstáculos del otro, el carácter
norteamericano ha descendido desde la independencia, y es hoy
menos humano y viril… Demuestran las dos verdades útiles a
nuestra América: el carácter crudo, desigual y decadente de
los Estados Unidos y la existencia , en ellos continua, de
todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes
de que se culpan a los pueblos hispanoamericanos.. Sé que
a esta nación enorme falta honradez y sentimiento.
Jamás hubo en América, de la
independencia para acá, asunto que requiera más sensatez, ni
obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y
minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes,
repletos de productos invendibles, y determinados a extender
sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de
menor poder. .. De la tiranía de España supo salvarse la
América española; y ahora, después de ver con ojos
judiciales, los antecedentes, las causas y factores del
convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para
la América española su segunda guerra de independencia.
W- Los
Estados Unidos, al menos sus gobernantes, pretenden erigirse
en los campeones de la democracia y de la defensa de los
derechos humanos. ¿Pudiera referirse Ud. a la práctica de esa
política en los Estados Unidos, salvando, por supuesto, las
distancias entre nuestra época y la suya?
M- Es recia y nauseabunda
una campaña presidencial en los Estados Unidos… una vez
nombrados en las convenciones los candidatos, el cieno sube
hasta los arzones de las sillas. Las barbas blancas de los
diarios olvidan el pudor de la vejez. Se vuelcan cuba de lodo
sobre las cabezas. Se miente y exagera a sabiendas. Se dan
tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas
todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal de aturdir al
enemigo… Las elecciones llegan… se ve aturdir, escamotear,
comprar, falsear el voto… Se vive de mayo a noviembre, viendo
ruindades, y en disgusto y alarma.
Ayudaban los políticos a los
ricos y los ricos a los políticos. Los poderosos del mercado
vaciaban sus mejores bolsas para cosechar votos, ganarse
empleados, y favorecer ardides en la hora de las elecciones,
a trueque de que los electos favorecieran luego con sus
votos los planes en que se cifraban mayores esperanzas de
fortuna los ricos mercaderes.
W- ¿Y sobre
las libertades y la justicia social, Maestro, hoy que como
ayer las masas desheredadas manifiestan su indignación y se auto
titulan indignados?
M - En los Estados Unidos,
como en todas partes, si bien se ve crecer la indignación
y el malestar, conforme se ven peligrando los derechos
privados y las libertades nacionales, la cólera no se
condensa y estalla hasta que el efecto de estos abusos y
abandono, lastima el interés o priva a los menesterosos de
medio de subsistencia… ¿Qué ha hecho para atajar esos males
el senado, donde los millonarios, los grandes terratenientes,
los grandes ferrocarrileros, los grandes mineros, componen
mayoría, aunque los senadores son electos por las
legislaturas, elegidos directamente por el pueblo, que no
tiene las minas, ni las tierras, ni los ferrocarriles?
Pero no pueden creer
honradamente que el individualismo, la adoración de la
riqueza, y el júbilo prolongado de una victoria terrible,
estén preparando a los Estados Unidos… -un pueblo que
comienza a mirar como privilegio suyo la libertad… y a
invocarla para privar a los otros pueblos de ella-…
La libertad ha de ser una
práctica constante para que no degenere en una fórmula banal.
W- ¿Cómo
Ud. concibe la solidaridad de nuestra América para frenar la
avalancha yanqui, que Ud. califica “imperialistas de allá”, con
sus formas de anexión, injerencia, dependencia o agresión
contra Cuba y los pueblos de nuestra América?
MARTÍ– Confío en los
guardianes de la América cordial y verdadera, que sobrepujará
al fin a la América ambiciosa… Las mismas obligaciones…de los
pueblos…vitalmente interesados en impedir que en Cuba se
abra, por anexión de los imperialistas de allá…el camino que
se ha de cegar, con nuestra sangre estamos cegando, de la
anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto
y brutal que los
desprecia…
¿Cuál, cuál será el pueblo
de América que se niegue a declarar que es un crimen la
ocupación de un pueblo hermano…? …Y uno tras otro, los
pueblos de América, votan en pro del proyecto contra la
conquista: “sí”, dice cada uno, y cada uno lo dice más
alto. Un solo “no” resuena: el no de los Estados Unidos…
W- Maestro,
¿cómo es que Ud. ha podido someter a análisis tantas facetas
de la realidad política norteamericana, con su madeja de
confusiones ideológicas?
MARTÍ- Viví en el monstruo,
y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David.
W- Martí,
¿cómo Ud. vislumbra el futuro?
MARTÍ- …se viene encima,
amasado por los trabajadores, un mundo nuevo.
W- Maestro,
¿quisiera darnos su última advertencia, alerta o mensaje?
MARTÍ- Lo que tengo que decir,
antes que se me apague la voz y mi corazón cese de latir en
este mundo, es que mi patria posee todas las virtudes
necesarias para la conquista y el mantenimiento de la
libertad.
La libertad cuesta muy cara,
y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse
a comprarla por su precio… Ningún beneficio se adquiere sin
gran costo… Que nadie goce de un beneficio cuyo precio no ha
pagado…
Unos hombres piensan en sí
más que en sus semejantes, y aborrecen los procedimientos
de justicia de que les puedan venir incomodidades o riesgos.
Otros hombres aman a sus
semejantes más que a sí propios, a sus hijos más que a la
misma vida… y se exponen a la muerte por dar vida a la patria
…Hemos peleado como hombres,
algunas veces como gigantes, para ser libres…
Esto es muerte o vida y no cabe
errar…; un error en Cuba, es un error en América, es un
error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba,
se levanta para todos los tiempos.
…de nuestras esperanzas, de
nuestros métodos, de nuestros compromisos, de nuestros
propósitos, de eso, como del plan de las batallas, se habla
después de haberlas dado…
Eso es lo que debemos hacer
todos juntos, los de mañana y los de ayer, los convencidos
de siempre y los que se vayan convenciendo…; juntos, pues, de
una vez, para hoy y para el porvenir…
Que todos nos ocupemos,
juntos siempre, en conocer lo que tratamos de mejorar, todos
juntos. Que la Patria tiene hoy una gran necesidad, y es
desertor el que no acuda hoy mismo a ella…
De mi natural inquietud, nada
le diré: sepa sólo que mi energía para obrar es tanta como mi
prudencia para decidir. Ni me aloco, ni pierdo minuto. Es la
revolución lo que tenemos que salvar…
La revolución nos salvará. La
revolución puede ser. La revolución crece.
A los que a la par que se
oponen a la Revolución, admiran a este pueblo, ¿cómo pudo ser
este pueblo lo que es, sino por la Revolución?
Siento que jamás acabarán mis
luchas… Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que
usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la
ternura.
¡Cómo me regocijo al volver
hacia atrás mis ojos, de no haber concebido un solo
pensamiento, ni dicho una sola palabra de intransigencia o de
odio, ni siquiera cuando, para encauzar males que no se podían
suprimir, para dar forma útil a grandezas adorables, tenía las
manos puestas en la guerra!
No hay más medio de vivir
después de muerto, haber sido un hombre de todos los
tiempos, o un hombre de su tiempo.
Debemos vivir en nuestros
tiempos, batallar en ellos, decir lo cierto bravamente, desamar
el bienestar impuro y vivir virilmente.
Yo moriré sin dolor, será un
rompimiento interior, una caída suave, y una sonrisa… Se ha de
vivir y morir abrazado a la verdad. Y así, si se cae, se cae
en una hermosa compañía… Triunfaremos.
W. Gracias,
Maestro, porque supo vivir abrazado a la libertad y a los sueños
de redención de Cuba, de la América nuestra y del mundo, y
gracias mil veces por alertarnos y luchar con sus ideas y
acciones para que las apetencias del vecino codicioso de
apoderarse de Cuba no pudiera materializarse como un destino
manifiesto y, al fin, después de un largo camino recorrido, con
victorias y reveses, con aciertos y entuertos, pudiéramos lograr
la verdadera libertad, la justicia social y la dignidad plena en
una patria soberana, independiente y solidaria. Sí, Maestro,
hemos triunfado y no le defraudaremos jamás. Este es nuestro
homenaje y nuestro juramento.
(Cubaperiodistas.cu)