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El
fiel cubano Pedro Santacilia y José Martí
Marta Denis Valle*
El santiaguero
Pedro Santacilia (1826-1910), conocido poeta cubano del destierro,
comenzó su vida intelectual en las aulas como maestro y en las
páginas de diarios, semanarios y otras publicaciones de Cuba y el
extranjero. Fue un servidor consecuente de la soberanía de México,
país en el que sentó raíces sin olvidar la causa cubana.
A instancias
de Santacilia, México constituyó el primer país en reconocer la
beligerancia de la República de Cuba en Armas, lo cual agradeció
Carlos Manuel de Céspedes en carta al presidente Benito Juárez, el 9
de junio de 1869.
En primer
término promovió un decreto presidencial, el 3 de abril de 1869,
para recibir en los puertos de ese país barcos con bandera cubana y,
después, presentó en el Congreso Mexicano un proyecto de ley de
reconocimiento a la beligerancia.
A los 22 años
recién cumplidos llega José Martí a la capital mexicana, el 10 de
febrero de 1875, a reunirse con sus padres y hermanas, con las
huellas en el alma y el cuerpo de las penas sufridas en la cárcel y
la deportación.
Ese mismo día
conoce a Manuel Mercado, quien será su amigo hasta la muerte y la
persona que le presenta a Santacilia, ya próximo a los 50 años,
diputado federal y yerno de Benito Juárez (1806-1872), casado con su
hija mayor Mañuela Juárez y Maza, desde mayo de 1863.
La mitad de la
existencia de Santacilia transcurrió en México donde defendió la
independencia de su segunda patria y de la tierra que lo vio nacer.
La fantasía no alcanza a imaginar que le habrá preguntado el joven
Martí sobre Juárez, de quien fue también secretario particular.
Hubo alguna
coincidencia en ellos, ambos hijos de militares españoles, lanzados
muy jóvenes al destierro, y patriotas que vivieron la mayor parte de
su tiempo en el extranjero. La vida cubana de los dos resultó breve,
pero intensa.
Pedro Antonio,
nacido el 24 de junio de 1826, en Santiago de Cuba de la dominicana
Isabel Palacios y del catalán Joaquín Santacilia vivió la tragedia
del desterrado siendo un niño de 10 años.
Su padre,
teniente de granaderos, fue expulsado de Cuba por el capitán general
Miguel Tacón, al fracasar el movimiento constitucionalista del
mariscal de campo Manuel Lorenzo, Gobernador del Departamento de
Oriente.
En 1845, con
19 años de edad, regresó a su ciudad natal donde se dedicó al
magisterio y en poco tiempo llegó a colaborar con diversas
publicaciones, entre ellas El Redactor, El Orden, Semanario Cubano,
El Colibrí, Revista de Cuba, El Artista, El Almendares, La Piragua y
La Semana Literaria.
Junto a otros
intelectuales fundó, en Santiago de Cuba, la publicación Ensayos
Literarios y fue Socio de Mérito del Liceo Científico, Artístico y
Literario de La Habana. Pero la felicidad en su patria solo duró
hasta cumplir 25 años de edad.
Se le formó
expediente al igual que a otros jóvenes, por impedir un baile en El
Caney, el 17 de agosto de 1851 y, el convocado nuevamente para el 10
de octubre de ese año en la Sociedad Filarmónica de Santiago de
Cuba. El fundamento de la protesta juvenil expresaba el luto por el
fusilamiento en Puerto Príncipe, Camagüey, de Joaquín de Agüero y
otros patriotas, el 12 de agosto de 1851.
Fue deportado
a la Península, en la primavera de 1852, tras guardar prisión en
Santiago de Cuba y en El Castillo del Príncipe de La Habana, acusado
de conspirador.
Meses después,
en 1853, escapó de España a Gibraltar y luego a Estados Unidos; allí
estuvo en Nueva York y en Nueva Orleáns donde conoció a Juárez y se
convirtió en simpatizante de sus luchas y unió su destino al pueblo
mexicano. Colaboró con armas y pertrechos, en 1859 y 1860, año en
que marchó a México.
Santacilia
salió al exterior con la familia del presidente en labor diplomática
para buscar apoyo, mientras Juárez encabezaba la lucha de su pueblo
contra la intervención extranjera que impuso como emperador, en
1864, al archiduque de Austria Maximiliano (hecho prisionero y
fusilado en 1867).
Aunque nunca
más volvió a la patria siguió siendo cubano hasta el día de su
muerte, en Ciudad México, el 2 de marzo de 1910, a la edad de 76
años. Por ello fue el primero en reclamar su ciudadanía al abrirse
el Consulado de Cuba en México, el 20 de mayo de 1902. ¿Verdad que
es muy agradable eso de ser paisano de Heredia y de Maceo?”,
escribió el 15 de diciembre de 1901 al también santiaguero Francisco
Sellén.
Por su
iniciativa fue publicada en 1858 una antología llamada el Laúd del
Desterrado en la que incluye poesías patrióticas suyas y de José
María Heredia, Miguel Teurbe Tolón, Juan Clemente Zenea y otros
poetas.
Ejerció el
periodismo a lo largo de su vida. En Estados Unidos, colaboró en El
Filibustero, El Guao y La Verdad. En México, entre otros, en el
Diario Oficial, La Chinaca, el Heraldo y El Nuevo Mundo, así como en
El Cura de Tamajún, todo escrito en verso.
Se dice que
Martí le tomó gran estimación por su talento y patriotismo. Con dos
pinceladas lo caracteriza: “gracias a usted distraje estas penas con
el sabroso castellano de Santacilia…” (1) “…el amigo pobre del
fiel cubano Santacilia…” (2)
Varios autores
señalan que Mercado le propició trabajar de corrector de pruebas en
el periódico El Federalista y Santacilia lo presentó a Vicente
Villada, el director de la publicación en la cual Martí se dio a
conocer en México. Otros adjudican la presentación al primero.
En México
Martí cultivó su gusto por el periodismo; colaboró en el periódico
Revista Universal de Política, Literatura y Comercio (marzo de
1875-noviembre de 1876) y al cierre del mismo publicó algunos
trabajos en El Federalista, entre ellos La Situación y El
Extranjero.
En el primer
párrafo de La Situación escribe: “Sin formación de causa, sin orden
de juzgado, sin tiempo para arreglar sus asuntos, sin una
explicación siquiera, han sido presos y desterrados a Querétaro los
señores Delfín Sánchez, Manuel Sánchez Mármol, Pedro Santacilia
y Felipe Sánchez Solís. (3)
Ha sido
derrocado por el general Porfirio Díaz, el presidente Sebastián
Lerdo de Tejada -consejero y ministro de Juárez- quien le sucedió en
el cargo (primero interinamente y después, por elección popular) y
prosiguió en la misma línea política del Benemérito de la patria
mexicana y de las Américas.
Por su
dignidad y por hombres como Santacilia, que amaron a Juárez y su
ideario, Martí se va de México el 2 de enero de 1877; embarca en
Veracruz, en el vapor Ebro, rumbo a La Habana con la identidad de
Julián Pérez (su segundo nombre y su segundo apellido).
Antes publica su artículo El
Extranjero en el cual pregunta y se contesta: Y tú, extranjero, ¿por
qué escribes? Valdría tanto como preguntarme por qué pienso. Y más
adelante dice, “…me sentí como herido en el pecho, la tarde en que a
la luz opaca del crepúsculo,… leí aquel documento inolvidable en que
un hombre se declaró, por su exclusiva voluntad, señor de hombres;
por eso, cercano ya mi día de despedida, tomé amorosamente la pluma
de la indignación entre mis manos, y escribí La Situación, y otros
artículos anteriores…” “…Por serlo, me yergo contra toda coacción
que me comprima; por serlo, me esclaviza y me sacude cuanto sea para
otros hombres motivo de dolor”. “Y así, allá como aquí, donde yo
vaya como donde estoy, en tanto dure mi peregrinación por la ancha
tierra,-para la lisonja, siempre extranjero; para el peligro,
siempre ciudadano”. (4)
Notas:
(1) Martí José. Carta a Manuel Mercado, Veracruz, primero de enero
de 1877. Obras Completas, Tomo 20. Editorial de Ciencias Sociales,
La Habana, 1975.
(2) Martí José.
El día de Juárez. Patria. Nueva York, 14 de julio de 1894. O. C.,
Tomo 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975.
(3) Martí José.
La Situación. El Federalista, México, 10 de diciembre de 1876. Obras
Completas Edición Crítica Tomo 2. Centro de Estudios Martianos. La
Habana, 2010.
(4) Martí José.
El Extranjero. El Federalista, México, 16 de diciembre de 1876. Obra
citada.
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La autora es
historiadora y periodista.
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