Canal RSS

Videos

       
       
 Portada
Secciones
Columnistas
Geografía Polémica
Periodistas contra el terrorismo
Enciclopedia sobre Terrorismo de Estado
SIP vs. La Verdad
CIAP/FELAP
Denuncia y Solidaridad
Efemérides de Periodismo
Humor Gráfico
Reflexiones de Fidel
LOS CINCO
en Antiterroristas.cu

en "Miami 5"
Gerardo: Caricaturas
Baúl de Recuerdos
Las perlas de Pascual

El periodismo de José Martí

Rafael María Merchán bajo la pupila martiana

Sección Constante
(Ilustrada y con coletillas)

Este idioma nuestro

Nuevo director de la Real Academia Española

Humor Letras

Información
Solidaridad con Cuba
Prensa cubana en Internet
Prensa Extranjera en Cuba

TV Cubana en vivo

Contáctenos
vpetica@upec.co.cu
Especiales

Fidel Castro: sobre papel de la prensa en Cuba y en el mundo


El periodismo en la Revolución Cubana
(English)

Directorio de Blogs de periodistas cubanos

Martes, 19 de Octubre de 2010


La patria es sagrada

María Luisa García Moreno

Mientras el Partido Revolucionario Cubano estuvo conducido por José Martí, realizó una inteligente y callada labor para preparar la “guerra necesaria” y procurar que las ansias se calmaran y la impaciencia ocupara su justo lugar, hasta que se crearan las condiciones mínimas indispensables para que el empeño no se viera frustrado. 

Fue así que tras los fallidos alzamientos de Purnio y de Las Villas, liderados, el primero por los hermanos Ricardo, Miguel y Manuel Sartorio, y el segundo, por Higinio Esquerra y Manuel Quevedo, José Martí escribió y publicó el 27 de mayo de 1893, en Patria, el manifiesto titulado “El Partido Revolucionario a Cuba”. 

En este interesante trabajo puede leerse: “La patria es sagrada, y los que la aman, sin interés ni cansancio, le deben toda la verdad. Cuando acaba de sorprender a Cuba el alzamiento aislado de un grupo rebelde que solo pudo durar en el campo el tiempo necesario para que apareciese nula su tentativa, pujante el gobierno, abandonada la idea de independencia y supremo el influjo de los amigos de la paz, o para que el fracaso aparente de la rebelión aturdiera o desbandase las emigraciones dispuestas a auxiliar la guerra por donde Cuba entre en el goce de sus capacidades y su suelo,—cumple al Partido de la revolución, censor enérgico de toda rebelión parcial o insuficiente, declarar que el alzamiento de Holguín, que de mantenerse en armas habría recibido su ayuda, como cualquiera otro por donde el país mostrase su deseo de ser libre, no obedeció a orden ni consejo del Partido Revolucionario Cubano, creado y regido por el voto de las emigraciones unidas, en un plan hostil al despotismo y el desorden, para allegar todos los elementos de emancipación que existan dentro y fuera de Cuba […]”. 

La penetración política de Martí fue, incluso, capaz de ver la posible provocación de elementos colonialistas que en estas prematuras rebeliones buscaban no solo que los conspiradores se delataran, sino que los revolucionarios, dentro y fuera de Cuba, se sintieran frustrados por el nuevo fracaso: “Reciente aún el alzamiento de Holguín, no puede de seguro decirse que fuera causa de él la precipitación heroica, sorda a veces a la más cariñosa prudencia, o un ardid del gobierno de España, que, conocedor del espíritu de la localidad, la forzó a rebelión antes de que madurase […]”. 

Y añade: “Ni a la demagogia ni a la pasión debe su fuerza el Partido Revolucionario, sino al concepto y análisis de nuestros problemas, al propósito de convertir en agencias útiles los errores del pasado, y al cariño y respeto con que junta a los cubanos que en la Isla desesperan sin ayuda ni voz, con los desterrados cuya culpa única será ante la historia aprovechar su libertad en el extranjero para auxiliar a su patria inerme”. Porque aun el revés aprovecha el hábil conductor para predicar la unión de todos los que desean hacer de Cuba una tierra libre. 

Sin embargo, reitera, una y otra vez, su posición: “Cree el Partido Revolucionario que la revolución no se ha de intentar hasta no haber allegado los acuerdos y recursos necesarios para su triunfo; pero sabe también cómo la patria padece y piensa; y—si el pundonor o el genio estallan, y los cubanos levantados desafían el poder que una banda atrevida burla felizmente desde hace años, nada podrá sujetar la rebelión que aguarda impaciente—oculta solo a los que no la desean—en el alma de la Isla, ni el auxilio dispuesto de las emigraciones, que indignadas pasarían sobre quien quisiese negar a los sublevados de Cuba el oportuno amparo”.  

Llama la atención que al explicar que las condiciones no están aún creadas habla el Apóstol de “acuerdos y recursos”. Bien sabe que no son las armas lo que falta, esas se les arrancan al enemigo; pero a qué acuerdos se refiere. ¡Está claro!, a los errores que han hecho fracasar no solo la Guerra de los Diez Años, también la Guerra Chiquita y cada una de las fallidas intentonas de alcanzar la libertad; se refiere a la falta de unidad entre los cubanos, entre las nuevas y las viejas generaciones, entre los que sufren dentro y fuera de Cuba; a los diferentes criterios acerca de cómo conducir la guerra; a la no comprensión de que la guerra no es el objetivo en sí, sino solo un medio de alcanzar los fines de libertad y democracia; al regionalismo, al racismo, a la indisciplina y otros tantos errores que provocaron que dejáramos caer la espada. 

Sabe  Martí que no estaban creadas las condiciones, que tal y como había le escrito Máximo Gómez, en carta del 20 de julio de 1882: “no ha[bía] sonado la hora”;1 pero creía en el deber del PRC de apoyar cualquier estallido que lograra consolidarse. Durante años, había desestimulado los intentos de diferentes jefes cubanos como José Leocadio Bonachea y Emilio Núñez —sin dejar de admirar su valor—, mientras trabajaba por levantar “el levantamiento vigoroso y total”; sin embargo, estaba dispuesto “como soldado y ciudadano” a seguir “la marcha de los ejércitos libertadores”.  

Por ello reitera que la labor del PRC es “[…] la obra donde trabajan a la vez todos los cubanos libres […] sin más anhelo que el de procurar a la Isla los medios de lograr en una guerra fácil la posesión de la patria detentada, y el derecho de levantar la frente entre los hombres […]”. 

Sus valoraciones y análisis de la Guerra Grande le permiten comprender que en 1893 aún no han desaparecido los errores que en el trágico 1878 provocaron que dejáramos caer la espada: De ahí que considere responsabilidad del Partido Revolucionario velar “[…] para que el país,  […] halle abierta a su hora la vía de la emancipación”.  

La profunda labor política de Martí no oculta a los cubanos que claman por la independencia dentro y fuera de Cuba “las dificultades y obstáculos de la guerra de independencia contra el último poder de España en América”; tampoco intenta el Partido Revolucionario “una guerra que condene el país” pues “el Partido Revolucionario acataría la voluntad de la patria”. Por el contrario, “el Partido existe, seguro de su razón, como el alma visible de Cuba”.  

De ahí su callada labor para allegar “los recursos indispensables para poner […] la República en donde puedan vivir en paz cubanos y españoles”, porque “la separación de España es el único remedio a los males cubanos”.

Así define Martí la labor del Partido: al servicio de la Patria, porque “la Patria es sagrada”.

Notas:
Máximo Gómez: Carta a José Martí del 20 de julio de 1882. En: CEMI: Historia militar de Cuba. Tomo 3, volumen 1, Casa Editorial Verde Olivo, 2009, p. 62
.
 

© 2005-2006 Unión de Periodistas de Cuba
Presidente:
Tubal Páez Hernández | Edición y Realización: Equipo de Comunicación UPEC
Ave. 23 # 452 esquina a I, Vedado, La Habana Cuba (10400)
Telf. (53 7) 832 4550 | Fax: (53 7) 333079