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Apuntes sobre la ética de José Martí
Rolando López del Amo
Entre los
aspectos más relevantes de la herencia cultural que nos legó José
Martí está su pensamiento ético, avalado siempre por una conducta
ejemplar. Martí creía en el valor de las ideas, pues sabía que sin
un pensamiento correcto no puede haber una conducta correcta. Pero
el pensamiento sólo no basta: debe completarse en la práctica, en el
hacer.
Para Martí el
hombre era el centro de su preocupación. Es por ello que su
pensamiento político y social contiene la enjundia de su visión del
mundo. No se trata de que no se interesara por otros temas, pero el
ser humano es el centro de la atención, porque él es el protagonista
de la experiencia de la vida.
Martí cree en
la capacidad del ser humano para forjar su destino y sabe que esto
sólo puede lograrlo como parte de la sociedad de la que es parte. El
hombre como ser social es lo que a Martí preocupa. No el individuo
aislado, sino el hombre como parte de la humanidad. Y la humanidad
está por encima de las preocupaciones de aldea y los nacionalismos.
Martí es internacionalista a la par que patriota. Hay un deber
primero hacia la patria que nos dio la vida, pero ahí no termina el
mundo, ni en nuestros connacionales se acaba la humanidad. ¡Somos
hombres, además de cubanos, y peleamos por el decoro y la felicidad
de los hombres! (4-243) Martí sabe que el hombre es el mismo en
todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa
las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive
(18-357) Por eso da un gusto grande…ver que todos los hombres tienen
las mismas penas, y la historia igual, y el mismo amor, y que el
mundo es un templo hermoso, donde caben en paz los hombres todos de
la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito
en sus libros que es útil ser bueno, y han padecido y peleado por
ser libres, libres en su tierra, libres en el pensamiento (18-460)
La única distinción que hace Martí entre los hombres es la de su
conducta: Así se dividen los hombres, en generosos que emplean sus
talentos en bien ajeno, y en egoístas, que los emplean en realzar
como primer objeto su propia persona (22-51) En cuanto a la valía de
cada ser humano considera que el hombre vale, no por sus títulos de
familia, ni por lo que hereda, sino por lo que por sí propio hace y
conquista (5-361)
Toda la vida
de Martí será un incansable bregar para el logro de la independencia
de Cuba –y la de Puerto Rico con ella- para poner fin a la
dominación colonialista española, tan cargada de esencias feudales y
esclavistas. Pero ello no bastaría. Un nuevo poder político y
económico amenaza con suplantar al viejo colonialismo con uno nuevo,
basado en el poder de los grandes monopolios capitalistas que dan
vida al imperialismo moderno. A la lucha anticolonial, hay que sumar
la lucha antimperialista que garantice una segunda y definitiva
independencia, no sólo para las Antillas aún esclavas, sino para
toda la América, con lo cual se haría una contribución de gran
importancia al equilibrio del mundo en general.
Esa visión
estratégica, que se fue forjando desde la adolescencia en la cárcel
y el exilio, va cuajando en la experiencia vital en la metrópolis,
en varios países hispanoamericanos y en los Estados Unidos de
Norteamérica, en la ciudad más cosmopolita, sede del capital
financiero del nuevo gigante de botas de siete leguas, presto a dar
zancadas por todos los rincones del planeta.
Martí, formado
en las ideas iluministas y en la tradición masónica de libertad,
igualdad y fraternidad que alentaron las luchas por la independencia
de Cuba, desde los tempranos precursores de 1810, como Román de la
Luz, hasta los hombres del 68 y del 95, era un partidario de la
democracia popular y participativa, en la que predominara la
justicia social. En Cuba vivió la esclavitud del negro. En
Hispanoamérica vio la discriminación y explotación del indio. En
Norteamérica vio con mayor claridad la explotación del obrero por
los capitalistas. Todo contribuyó a forjar un pensamiento que, a más
de un siglo de la muerte en combate de Martí, ciento quince años
exactamente, sigue teniendo un valor contemporáneo como guía para la
liberación humana y la forja de un mundo que permita ir alcanzando
toda la justicia.
En esa lucha,
además de que existan las condiciones objetivas para alcanzar los
fines deseados –cosa que Martí sabe que es indispensable, pues nada
ocurre antes de que pueda ocurrir- el papel consciente del hombre es
indispensable, pues las cosas no ocurrirán solas, de por sí. Hay una
relación entre la realidad existente y la realidad posible que pasa,
necesariamente, por la acción consciente del hombre.
Pero esa
acción debe tener una guía, un elemento aglutinador. Y ese elemento
no puede ser otro que las ideas. Claro que las ideas encarnan en
hombres; pero los hombres pueden fallarles a las ideas. Eso Martí lo
sabe bien por las experiencias de los caudillos hispanoamericanos
que ha visto en México, Guatemala y Venezuela. De hombres que no
pueden vivir por sí, sino apegados a un caudillo que los favorece,
usa y mal usa, no se hacen pueblos respetables y duraderos (8-285)
Por ello, tempranamente, Martí aboga por la creación de un partido
político revolucionario como fuerza colectiva que encarne las ideas
en un programa político. Ese partido estará basado en la acción
democrática de todos sus militantes, quienes elegirán periódicamente
a sus más altos dirigentes. El partido se basará en organismos de
base en el que militarán sus miembros y se sostendrá con su aporte
financiero. El origen de los fondos del partido ha de ser limpio. No
admitirá dineros logrados por medios sucios y deshonestos. A partir
de esa estructura de plena democracia, el partido se dirigirá
centralmente y contará con órganos de Dirección intermedios sobre
una base territorial.
La máxima
Dirección será simple, ligera, como corresponde a un partido
sustentado, básicamente, en el óbolo obrero. La Dirección se
renovará anualmente, para que esté sometida al control de las bases.
Y podrá ser reelecta cuantas veces la militancia lo entienda así. No
podía ser de otra manera. Martí tenía que vencer las divisiones
regionalistas y caudillistas que dieron al traste con la Guerra de
los Diez Años, malograda en la Paz del Zanjón, e incapaz de
reponerse tras la Protesta de Baragua y de la Guerra Chiquita. Había
que crear confianza y dotar a la revolución, en su máxima fuerza
dirigente, de los hábitos y prácticas democráticas que debían
caracterizar a la república futura, la que se asomó en Guaimaro con
la primera Constitución de la República en Armas. Por eso es que el
partido de Martí, que es el de los revolucionarios cubanos todos, se
funda en la fecha de un aniversario de la Asamblea Constituyente de
Guáimaro.
Todo este
accionar está íntimamente relacionado con lo que piensa Martí que ha
de ser el destino del hombre. Pesan mucho sobre el corazón del genio
honrado las rodillas de todos los hombres que las doblan (5-172). Él
no podrá andar de rodillas, sufriendo el despiadado yugo colonial. Y
proclama: Hombre es algo más que ser torpemente vivo: es entender
una misión, ennoblecerla y cumplirla (6-232). Su patria no puede
convertirse en lo que está viendo que sucederá: ¡No es hombre
honrado el que desee para su pueblo una generación de hipócritas y
de egoístas! Seamos honrados, cueste lo que cueste.
Así, Martí
entiende su misión apostólica y redentora y la asume a plena
responsabilidad, sacrificando toda gloria y beneficio personal: El
verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado
está el deber; y ese es el verdadero hombre, el único hombre
práctico, cuyo sueño de hoy será la ley de mañana. (4-247)
Y para los
descreídos, para los arrepentidos y pesimistas, para los cansados de
luchar, Martí dice: Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y
desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que
se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece
(6-22) Él no se rendirá, él confiará en lo mejor del hombre y hará
todo cuanto esté a su alcance para que lo mejor prevalezca: su
misión es unir, unir para salvar porque los ojos de los hombres, una
vez abiertos, no se cierran (8-15) y así se es hombre: vertido en
todo un pueblo (6-314).
Pero Martí no
solamente es hombre de ideas espirituales, de valores morales. Su
pensamiento es tan alto porque tiene los pies en la tierra, porque
es hombre que sabe ver las raíces de las cosas.
En pueblos,
como en hombres, la vida se cimenta sobre la satisfacción de las
necesidades materiales (5-337). Esta verdad elemental, tan olvidada
a veces, Martí considera necesario recordarla. Y en eso de buscar
las causas de los asuntos, opina que hay que ser radical. ¿Y qué es
ser radical? Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No
se llame radical quien no ve las cosas en su fondo. Ni hombre, quien
no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres (2-380). Porque
hombre es el que le sale al frente al problema, y no deja que otros
le ganen el suelo en que ha de vivir y la libertad de que ha de
aprovechar. Hombres es quien estudia las raíces de las cosas. Lo
otro es rebaño…Se busca el origen del mal: y se va derecho a él, con
la fuerza del hombre capaz de morir por el hombre. (2-378)
Siempre
consideró Martí que el individuo era un producto de la sociedad,
independientemente del talento con que naciera. Para él, la
colectividad es superior al individuo: Nada es un hombre en sí, y lo
que es, lo pone en él su pueblo. En vano concede la Naturaleza a
algunos de sus hijos cualidades privilegiadas; porque serán polvo y
azote si no se hacen carne de su pueblo, mientras que si van con él,
y le sirven de brazo y de voz, por él se verán encumbrados, como las
flores que lleva en su cima una montaña (13-34) En esa relación
individuo-pueblo Martí insiste: No es que los hombres hacen los
pueblos, sino que los pueblos, con su hora de génesis, suelen
ponerse, vibrantes y triunfantes, en un hombre (8-251) Pero el
hombre es perecedero, en tanto que la idea pervive. Martí luchará
incansablemente por defender las ideas, los programas, las
instituciones por encima de los hombres, aunque sean los de mayor
mérito, porque la obra no puede terminar cuando el hombre muere. La
vida es carrera de relevos hacia el progreso de la humanidad. La
obra para todos deben hacerla todos, cada cual de acuerdo con sus
posibilidades: la patria no es de nadie, el mundo no es de nadie.
La idea de la
persona redentora es de otro mundo y edades, no de un pueblo critico
y complejo, que no se lanzará de nuevo al sacrificio sino por los
métodos y con la fuerza que le den la probabilidad racional de
conquistar los derechos de su persona…y el orden y firmeza de su
bienestar (2-281)
Refiriéndose a
su propia persona Martí expresa: No es mi nombre, miserable pavesa
en el mundo, lo que quiero salvar: sino la patria. No haré lo que me
sirva, sino lo que la sirva (2-417) Aquí el hombre no tiene nada que
hacer. Hoy es uno y mañana es otro. La persona hemos puesto de lado:
¡bendita sea la Patria! (2-280)
A Maceo le
había escrito:
Yo no trabajo
por mi fama, puesto que toda la del mundo cabe en un grano de maíz.
(2-489 Y en sus apuntes escribió: Esa arrogancia, ese ceño, esa
pelea por la autoridad o la fama, que son cosa que en lo grande del
mundo caben en un grano de anís o en la cuenca de la pluma de un
ruiseñor que se lleva el viento. (22-194) Pero esa posición radical
no le impide reconocer los méritos de los grandes hombres, porque el
que no sabe honrar a los grandes no es digno de descender de ellos.
Honrar héroes, los hace (9-404) Sólo que el genio no puede salvarse
en la tierra si no asciende a la dicha suprema de la humildad
(4-473) porque en hombres como en pueblos, la mayor humildad es
corona (4-381)
Martí
insistirá en la preeminencia de las ideas por encima de las
personas:
...sombra es
el hombre, y su palabra como espuma, y la idea es la única realidad
(4-387) Y confía en el triunfo de las ideas justas: una idea justa
que aparece, vence (5-105) Una idea enérgica, flameada a tiempo ante
el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un
escuadrón de acorazados (6-15) Trincheras de ideas valen más que
trincheras de piedra (6-15) Pero Martí sabe que las ideas, aunque
sean buenas, no se imponen ni por la fuerza de las armas, ni por la
fuerza del genio. Hay que esperar que hayan penetrado en las
muchedumbres (19-96) De lo que sí está convencido es de que si somos
lo que somos, no es por nosotros mismos sino por la idea que
encarnamos, que nos da autoridad y prestigio…Por nuestra idea, pues,
somos lo que somos (22-13)
¿Y cuáles son
las ideas de Martí en relación con su patria? Veamos:
La patria se
levanta sobre los hombres unidos de todos sus hijos. No se tiene el
derecho del aislamiento; se tiene el deber de ser útil (6-331)
Patria es
comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines,
fusión dulcísimo y consoladora de amores y esperanzas (1-93)
A la patria no
se le ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea
de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer
desinteresado de serle útil (1-196)
La patria no
es de nadie: y si es de alguien será, y eso sólo en espíritu, de
quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia (1-179)
A esos
conceptos y al muy conocido y repetido de que la patria necesita
sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma
para servirse de ella (1-296) habría que añadir estos otros:
La patria está
hecha del mérito de sus hijos, y es riqueza de ella cuanto bueno
haga un hijo suyo ((5-203)
La patria es
de todos, y es justo y necesario que no se niegue en ella asiento a
ninguna virtud (1-304)
Las cosas de
muchos hombres no se hacen con la voluntad, ni con el heroísmo, de
un solo hombre. Héroes, se lo puede ser todos los días: pero el
verdadero héroe es el que sacrifica su heroísmo al bien de su patria
(5-334)
Cuando se
lucha por la existencia de la patria, la división y la rivalidad son
crímenes (1-159)
Para la patria
nos levantamos. Es un crimen levantarse contra ella (2-96)
Con estos
principios éticos convocaba Martí a los cubanos de su tiempo para
ganar la patria que la nación cubana merecía, independiente y justa.
Pero no hay que olvidar la amplitud del concepto martiano de patria:
Nuestra patria es una, empieza en el Río Grande, y va a parar en los
montes fangosos de la Patagonia (11-48) Y el otro de: Patria es
humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de
cerca, y en que nos toco nacer (5-458)
Herederos
somos de la grandeza del pensamiento del mayor de los cubanos, el
que inspiró a nuestra generación de los héroes del Moncada.
Se acerca otro
aniversario, el quincuagésimo séptimo, del 26 de Julio de 1953.
Honremos, a nuestros mártires inolvidables, a nuestros héroes vivos
y al autor intelectual de la gesta gloriosa, nuestro maestro de ayer
y de hoy, insistiendo en la causa de todos los cubanos dignos,
convencidos de que la política virtuosa es la única útil y durable
(13-320) y que la política, o modo de hacer felices a los pueblos,
es el deber y el interés primero de quien aspira a ser feliz, y
entiende que no lo puede ni merece ser quien no contribuya a la
felicidad de los demás (4-303)
Bibliografía:
Obras Completas José Martí, Editorial
Nacional de Cuba.
(Fuente:
CUBARTE)
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