Buscando la verdad sobre EE.UU.
Miralys Sánchez Pupo
José Martí tenía 27 años cuando llegó a Estados
Unidos el 3 de agosto de 1880. De inmediato quedó impresionado por
el progreso material y espiritual de ese país, pero no demoró mucho
tiempo en que aquella imagen inicial se convirtió en su contrario.
De esa transformación conceptual dejó constancia en el diario La
Opinión Nacional de Caracas al afirmar: “Aquí se amontonan los ricos
en una parte y los desesperados de otra”.
La prensa de la época enfatizó los avances de
un poderío técnico nacional como el no alcanzado aún en ninguna otra
parte del mundo. Para ratificar esas ideas se difundieron, con
especial énfasis, las tesis del investigador Charles W. Elliot, de
la Universidad de Harvard, sobre los atributos asignados al hombre
norteamericano como poseedor de virtudes resumidas en “conservación
de la paz, tolerancia religiosa, desarrollo del sufragio universal,
acogida a los inmigrantes y difusión del bienestar”.
Entre los lectores se encontraba el joven
Martí, quien se informó sobre aquella realidad desde las páginas de
diferentes periódicos. Sus ojos escrutadores e intranquilos trataron
de hallar la verdad en esos periódicos que, al igual que hoy,
silenciaban, tergiversaban y manipulaban algunos de los principales
acontecimientos.
El Maestro se acostumbró a leer diariamente las
ediciones de los diarios que podía adquirir con los escasos recursos
monetarios de que disponía. Esa fuente se convirtió en esencial para
el cronista en su objetivo de conocer lo más profundamente posible
los problemas y retos de la sociedad norteamericana, llena de
contradicciones y matices diferentes.
Desde sus primeros trabajos periodísticos,
Martí logró hacerse de una firma respetable, e incluso su pluma
causó temor a algunos políticos norteamericanos, tal fue el caso de
James G. Blaine, entonces aspirante a la Presidencia.
Las preocupaciones sobre el alejamiento a hacer
más dignos a los seres humanos en la sociedad estadounidense,
constituyeron una piedra de toque en los trabajos periodísticos
martianos. Consideró que, dada la excesiva pasión por el
enriquecimiento material por parte de los poderosos a costa del
infortunio de los humildes y el desprecio hacia los inmigrantes,
ello a la larga iba a debilitar y resquebrajar los importantes
factores éticos.
Apenas medio año después de su llegada a
Norteamérica, Martí fue capaz, dado su cultura, talento e
inteligencia, unido a su aguda capacidad de observar e interpretar
con mucha objetividad cada fenómeno, cada hecho, cada
acontecimiento, dibujar la realidad de los Estados Unidos. La
lectura diaria de los principales periódicos le suministraba la
información elemental para sus acertados análisis sobre la vida
política, económica, social, cultural, etc., en Estados Unidos.
Y escribió sin descanso sobre lo pesado de la
carga de aquella vida nada igualitaria en un país donde la actividad
de los negocios era inmensa, y, al mismo tiempo, los políticos de
oficio olvidaban sus funciones de servir a su pueblo. Aquella era
una dura realidad donde observaba que esos personajes preferían
desde una máquina infernal levantar sus fortunas al mismo tiempo que
ignoraban a los demás seres humanos.
Las ideas martianas estuvieron presentes desde
su primer trabajo periodístico publicado en aquella nación, que
desde entonces contó con una afilada pluma para dibujar una realidad
que se ocultaba tras las bambalinas del periodismo sensacionalista.
Los lectores norteamericanos leyeron en la revista The Hour, el 10
de julio de 1880 la profunda visión del recién llegado quien
aseguró: “¿Dónde encontrarán suficiente razón para excusar esta
difícil carga de vida y sentir alivio a su aflicción? La vida
necesita raíces permanentes: la vida es desagradable sin los
consuelos de la inteligencia, loa placeres del arte y la íntima
recompensa que la bondad del alma y los primores del gusto nos
proponen” (1)
Martí, además, incorporaba a sus análisis su
propia vida como inmigrante en esa sociedad., en la cual el dinero
tenía un sentido dañino y de injusticia.
Más adelante, en las Escenas Norteamericanas,
publicadas por numerosos periódicos de América Latina a partir de
1881, la visión martiana sobre los Estados Unidos alcanza una mayor
profundidad. Entonces, Martì no tenía cumplidos los 30 años de edad.
Sin lugar a dudas, Martí fue uno de los
primeros revolucionarios que logró descubrir con una hábil lectura
de los diarios norteamericanos, con una lectura de entrelíneas, las
entrañas del monstruo capitalista que se gestaba en los Estados
Unidos, y que poco tiempo después derivó en monstruo imperialista.
Buscó así y logró encontrar la verdad que entonces esa gran prensa
donde se posaban sus ojos, siempre alertas, intentaba encubrir,
tergiversar o manipular. Lo tenebroso y lo que yacía escondido, el
genio periodístico de José Martí supo sacarlo a flote.
(1) Tomo 19, pp. 103-118 en
Obras Completas de José Martí, Editorial Nacional de Cuba, La
Habana, 1966
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