Canal RSS
       
       
 Portada
Secciones
Columnistas
Centinela Digital
Periodistas contra el terrorismo
CIAP/FELAP
Denuncia y Solidaridad
Efemérides de Periodismo
Humor Gráfico
Reflexiones de Fidel
LOS CINCO
en Antiterroristas.cu

en "Miami 5"
Gerardo: Caricaturas
Baúl de Recuerdos
Las perlas de Pascual

El periodismo de José Martí

Hacer un periodismo nuevo y diferente fue siempre la tarea de José Martí desde que comenzó a escribir en "El Diablo Cojuelo". Esta sección reflejará su inmensa y ejemplar obra periodística.
Transparencia del "retrato" martiano
Narrativa martiana en el periódico El Latinoamericano
Boletines
Compacto Electrónico

 Nº:

73 72 71 70 69
Boletín Económico

Nº: 

26 25 24 23 22
Información
Solidaridad con Cuba
Prensa cubana en Internet
Prensa Extranjera en Cuba

TV Cubana en vivo

Contáctenos
vpetica@upec.co.cu
Especiales

Fidel Castro: sobre papel de la prensa en Cuba y en el mundo


El periodismo en la Revolución Cubana
(English)

Declaración de la UPEC contra el bloqueo impuesto por EE.UU. a Cuba (English)


Che Guevara, una perspectiva del periodismo


De la Editorial Pablo de la Torriente
(Descargar el libro en formato PDF)

Directorio de Blogs de periodistas cubanos

Grandes momentos del fotorreportaje cubano
Jorge Oller Oller, Premio Nacional de Periodismo José Martí, está inmerso en la tarea de investigar sobre los grandes fotógrafos de prensa cubanos y sus obras más relevantes.
Hoy se habla sobre
Fernando Lorenzo Lezcano Miranda y, en particular, de su foto Rafael Trejo cae herido mortalmente.
Martes, 01 de Enero de 2008


Nota del editor: Poco antes de morir, el periodista Joaquín G. Santana escribió especialmente para esta sección el artículo siguiente:

Transparencia del “retrato” martiano

Joaquín G. Santana 

Tiene mucha carga de impacto pictórico la prosa periodística de nuestro Martí. Si se desea confirmarlo basta hurgar en sus cuantiosos textos para verificar cuántos excelentes “retratos” deslizó, entre ellos, con premeditado encantamiento. Divino regusto produce esa búsqueda … 

Su lente retratista, instantáneo y sin embargo eterno, sólo se detecta por el impecable brillo fugaz que obliga a regresar para posesionarse mejor en la observación. Lo tengo comprobado a través de lecturas dirigidas a ese objetivo.  

La violeta y la nube

En 1875, durante su residencia mexicana, Martí comentó para la “Revista Universal”, el día 28 de agosto, la recepción de un libro, publicado en París y titulado “Poetisas americanas”, que incluía a dos cubanas: Luisa Pérez de Zambrana y Gertrudis Gómez de Avellaneda. 

El joven poeta, entonces de 22 años de edad, ya tenía bien esclarecida su posición ante el magisterio de Luisa y Gertrudis. Sencillamente, resumió a las dos en diez palabras:  

“La Avellaneda es atrevidamente grande; Luisa Pérez es tiernamente tímida”.  

Pero, vayamos al “retrato” semioculto, que apenas se hace evidencia genial, cuando en medio de ciertas precisiones dirigidas al autor de tal antología, José Domingo Cortés, el desterrado describe a Gertrudis:

“era su cuerpo alto y robusto, como su poesía ruda y enérgica (…) era algo así como una nube amenazante…” 

Y, desde luego, a Luisa: 

“Violeta casta, nulumbio quejumbroso, pasionaria triste”.  

“Como quien ha cerrado mucho los ojos …” 

Mucho se ha escrito sobre Darwin. Su libro “El origen de las especies” le hizo célebre. La celebridad le obligó a la concesión de entrevistas, con pormenores de absoluta minuciosidad, que solían iniciarse en su cuarto lleno de huesos y de flores.

Cada uno de sus entrevistadores describió aquel rostro que sus contemporáneos conocían suficientemente. Pero, sin duda, entre los mejores “retratos escritos” del científico estuvo aquel con el que el cubano inició el comentario de su muerte: tres párrafos breves cuya reproducción el lector me agradecerá: 

“Darwin era un anciano grave en quien resplandecía el orgullo de haber visto. El cabello, cual manto blanco, le caía sobre la espalda.  

“La frente remataba en montículos en las cejas, como quien ha cerrado mucho los ojos para ver mejor.  

“Su mirada era benévola, cual la de aquellos que viven en trato fecundo con la Naturaleza, y su mano, blanda y afectuosa, como hecha a cuidar pájaros y plantas”.  

Las “filtraciones de la luz” en el periodismo martiano

Martí admiraba a Mariano Fortuny con devoción sincera. Muchas veces lo llamó: “el gran pintor de la luz”. Esa misma y excepcional cualidad tiene toda su obra periodística, penetrada espléndidamente de luminosidad y transparencia. Incluso, con la misma intensidad y precisión con que los “acuarelistas franceses”, que tanto admiró, crearon una escuela propia: “luminosa, flexible y etérea”, según la definió.   

En cierta ocasión, al reseñar “El libro talonario”, de José Echegaray, el cubano advirtió: “El crítico debe ver y deducir; debe analizar, presumir, explicar y adivinar”.

He ahí parte de su credo periodístico que, en la práctica, traía consigo resultados similares a esa sentencia: visión profunda y deducción sorprendente por su exactitud, análisis de conjunto, presunciones ciertas, muchas explicaciones y adivinaciones enigmáticas, lo que le comunica, de modo revelador, con una conclusión del poeta Lezama Lima, recogida en “Imagen y posibilidad”, que a muchos puede parecer esotérica:  

“(En Martí) está muy apegada y en rápida correlación la cantidad de luz verbal (…) Descubierta su palabra por las filtraciones de la luz, mantiene el misterio, esa nocturnidad del vegetal al sentir que en su oscuro penetra otra luz”.

Esa definición exacta del autor de “Dador” tiene más resonancia pictórica que literaria. Lezama, apegado a la idea de que Martí fue desde siempre “un misterio que nos acompaña”, no aludía gratuitamente a la “nocturnidad del vegetal”.  

Recuérdese la entrañable confesión martiana: “Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche”.    

Abel Prieto, en el prólogo a “Confluencias”, nos amplificó esa concepción:  

“Martí protagoniza una de las más importantes intuiciones de Lezama: aquella que pugna por extraer su reflexión sobre la historia y sobre la utopía del terreno especulativo o de  ingenuas proposiciones destinadas al pequeño burgués habanero, para columbrar un camino martiano en el futuro de Cuba”.

Del azar y la deliberación martianas 

Hay mucho de azar y deliberación en las notas escritas por Martí para la prensa. Azar en la frecuente inusitada aparición de un neologismo y deliberación en el propósito de la utilidad informativa de su labor de difusión. Fue exactamente eso lo que le prometió a Manuel Mercado cuando, en 1886, le propuso, para “El Diario Oficial de México”, una colaboración regular acerca de “asuntos norteamericanos”. ¿Elaborada cómo? Así:  

“Muere un hombre notable: estudio su vida. Aparece acá, o en cualquier otra parte del mundo, un libro de historia, de novela, de teatro, de poesía: estudio el libro. Se hace un descubrimiento valioso: lo explico, luego de entenderlo. En fin, una Revista hecha desde Nueva York sobre todas las cosas que puedan interesar a nuestros lectores cultos, impacientes e imaginativos; pero hecha de modo que pueda publicarse en periódicos diarios. Siete, ocho, diez, yo no sé cuántos …” 

Esa fue la intención que le guió el pulso y la mente, a no dudarlo, cuando escribió sus antológicas “Escenas norteamericanas”.  

En sus páginas el “retrato escrito” no siempre revela rasgos de un personaje de ocasión sino, también, del paisaje. El 3 de septiembre de 1881, en su correspondencia al Director de “La Opinión Nacional”, “dibujó” esta postal enternecedora: 

“Aún no empieza el otoño, aún no juegan los niños en las esquinas con los montones de hojas secas; aún no encienden en medio de las calles, poseídos de una extraña e indómita alegría, las vivas llamaradas que se truecan en copos densos de humo odorífero y lechoso, cargado con la savia de las ramas (…) y ya los neoyorkinos previsores, abren sus teatros, anuncian sus modas, recuentan sus placeres, preparan sus lecturas”.  

Aún nos queda mucho de Martí por desentrañar. La luz de su prosa de utilidad inmediata es una de esas indescifrables virtudes del más abarcador de los cubanos. En su biografía, y su escritura, todavía nos convocan a la interpretación final muchas de las facetas que Lezama Lima invocó en sus “Confluencias”:

“Su sobremesa familiar, las noches en que llegó a ciudades lejanas, sus amistades mexicanas, los finales de sus clases en los otoños neoyorkinos, sus lecturas en las casas paradojales de los revolucionarios anticuarios, sus conversaciones ya indescifrables con Rubén Darío, el hechizo con que penetró en el bosque de la muerte, todos los signos que corren a su totalidad son los que tenemos que tocar y reverenciar, descifrar y habitar”. Sea.
 

© 2005-2006 Unión de Periodistas de Cuba
Presidente:
Tubal Páez Hernández | Edición y Realización: Equipo de Comunicación UPEC
Ave. 23 # 452 esquina a I, Vedado, La Habana Cuba (10400)
Telf. (53 7) 832 4550 | Fax: (53 7) 333079