|
Los pueblos de América son más libres…
María Luisa García Moreno
Un artículo escrito por José Martí bajo el
título de “Las guerras civiles en Sudamérica”1 apareció publicado en
Patria, el 22 de septiembre de 1894. Es un trabajo corto, de un par
de cuartillas –pero no por ello menos trascendente–, cuyo título se
debe a que en las últimas líneas, Martí se refiere directamente a
otro, muy celebrado entonces, firmado por Estanislao Zeballos,
ministro de la República Argentina en Washington, que fue publicado
en la North American Review, de Nueva York.
Si se tiene en cuenta que por esta época, nuestro Héroe Nacional se
hallaba plenamente enfrascado en la preparación de la “guerra
necesaria” –de la cual Patria sería un soldado más–, y que en su
mente rondaban ideas que luego concretaría en su carta de despedida
a Manuel Mercado, considerada su testamento político –“[…] impedir a
tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las
Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre
nuestras tierras de América […]”–,2 queda claro que en los meses
finales de 1894, para Martí estaba muy definido el peligro que,
desde entonces y hasta hoy, Estados Unidos representaba para la
América Latina.
Es por eso que, aunque desde el título se refiere al artículo de
Zeballos, este no aparece mencionado de modo directo hasta el final
del breve trabajo. Sin embargo, ideas más interesantes y actuales
aparecen en el texto martiano. En primer término –y probablemente a
ello se deba la importancia que Martí concede al trabajo del
diplomático argentino, reitera la tesis de que “De nuestra América
se sabe menos de lo que urge saber […]”,3 que ya había expresado en
su trascendental ensayo “Nuestra América”, publicado en El Partido
Liberal, de México, el 30 de enero de 1891:
[…] Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América […] y es la hora
próxima en que se le acerque […] un pueblo emprendedor y pujante que
la desconoce y la desdeña […] el deber urgente de nuestra América es
enseñarse como es, una en alma e intento […] El desdén del vecino
formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra
América; y urge […] que el vecino la conozca, la conozca pronto,
para que no la desdeñe.4
Luego, y aquí establece la relación con el trabajo de Zeballos, se
refiere a los críticos tenaces que, desconociendo los valores de
esta América nuestra, fustigan sus errores en la misma medida en que
ensalzan la fuerza pujante de Estados Unidos.
Con palabras premonitoras, el Apóstol de nuestra independencia
afirma que “[…] los países de nuestra América ascienden a la
libertad segura y generosa en la misma proporción en que los Estados
Unidos descienden de ella […]”,5 idea que queda aún más explicitada
en otro artículo, también publicado en Patria, en diciembre de 1894:
Andemos nuestro camino, de menos a más, y sudemos nuestras
enfermedades. La grandeza de los pueblos no está en su tamaño […] El
pueblo más grande no es aquel en que una riqueza desigual y
desenfrenada produce hombres crudos y sórdidos […] pueblo grande,
cualquiera que sea su tamaño, es aquel que da hombres generosos y
mujeres puras. La prueba de cada civilización humana está en la
especie de hombre y de mujer que en ella se produce.6
Estados Unidos se ha venido transformando, desde su independencia
para acá, de una nación en la que el heroísmo de sus hijos conquistó
a fuerza de valor y grandeza la libertad de manos de Inglaterra, en
otra que cercena y arrebata la libertad a otros pueblos y por eso
“descienden” de la libertad o van de más a menos. Porque, como
también dijera el Maestro en artículo publicado en El Partido
Liberal, de México, el 19 de abril de 1887 ( y posteriormente, el 26
de junio del propio año, en La Nación, de Buenos Aires): “¿Quién es
el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los
pueblos […]”.7 Y aquí vale entender “poesía” como cultura, como
espiritualidad, lo que puede contraponerse con facilidad al
pragmatismo que caracteriza a la sociedad norteamericana: “[…] La
poesía, que congrega o disgrega, que apuntala o derriba las almas,
que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a
los pueblos que la industria misma, pues esta les proporciona el
modo de subsistir, mientras que aquella les da el deseo y la fuerza
de la vida […]”.8
Por último, antes de mencionar el artículo de Zeballos, con palabras
de cuya trascendencia y actualidad no se ha perdido un ápice aunque
fueron escritas hace más de un siglo, el Apóstol expresa: “[…] los
pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se
apartan de Estados Unidos […]”.9
Quizás fuera bueno que algunos gobernantes neoliberales que van
quedando en esta América nuestra en plena ebullición transformadora
leyeran o releyeran a este Martí, profundo periodista de aguzado
pensamiento y plena vigencia.
Notas
1 José Martí: Obras completas, tomo 6, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1975, pp. 26-27.
2 Hortensia Pichardo: José Martí. Lecturas para jóvenes. Editorial
Gente Nueva Pueblo y Educación, La Habana, 1989, p. 251.
3 José Martí: Ob. cit., p. 26.
4 Ibídem, pp.21-22.
5 Ibídem, p. 26.
6 José Martí:“Honduras y los extrajeros”. En: Hortensia Pichardo:
José Martí. Lecturas para niños. Editorial Pueblo y Educación, La
Habana, 1990, p. 169.
7 __________: “El poeta Walt Whitman”. En: Antología mínima.
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1972, p. 261.
8 Ibídem.
9 José Martí: Obras completas, tomo 6, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1975, p. 27.
|