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Con los pobres
de la Tierra…
María Luisa García Moreno
En una y otra
oportunidad reafirmó José Martí su vocación solidaria, su posición
al lado de los humildes y desposeídos. Una de esas ocasiones tuvo
lugar cuando redactó la primera crónica que publicó en el periódico
La Nación, de Buenos Aires, crónica que vio la luz en la edición del
miércoles 13 de septiembre de 1882 –aunque fue escrita y fechada por
Martí en Nueva York el 15 de julio de ese año.
De esta forma
se inició una larga colaboración de casi diez años –hasta el 20 de
mayo de 1891–, con la cual, este hombre singular ofrecía a los
lectores argentinos, y suramericanos en general, sus criterios
acerca de los más trascendentes acontecimientos ocurridos en Nueva
York. Esta primera crónica fue censurada por los Mitre, directivos
del prestigioso diario, quienes así explicaron a Martí sus razones:
La supresión
de una parte de su primera carta, al darla a la publicidad, ha
respondido a la necesidad de conservar al diario la consecuencia de
sus ideas […] Sin desconocer el fondo de verdad de sus apreciaciones
y la sinceridad de su origen, hemos juzgado que su esencia,
extremadamente radical en la forma y absoluta en sus conclusiones
[…] La parte suprimida de su carta, encerrando verdades innegables,
podía inducir en el error de creer que se abría una campaña de
“denunciación” contra los Estados Unidos […]1
El interesante
trabajo comienza refiriéndose a la muerte de Charles J. Guiteau,
autor del asesinato del presidente James Abraham Garfield
(1831-1881), suceso ocurrido apenas cuatro meses después del ascenso
de este al poder. Acerca del criminal, nuestro Apóstol expresó: “Su
vida fue la de una fiera cobarde, flaca y hambrienta”2 y aunque
repele el acto cometido y está profundamente convencido de la maldad
del asesino, su profunda esencia humanista advierte que la muerte no
puede ser nunca motivo de alegría y jolgorio para los demás, por eso
rechaza el “carnaval” organizado alrededor del ajusticiamiento.
Luego se
adentra en la temática obrera y a pesar de la censura sufrida, la
crónica aborda con crudeza la lucha entre capitalistas y obreros y
se refiere a las primeras rebeliones de los trabajadores en defensa
de sus derechos. Martí denuncia con valentía:
[…] Para el
capitalista, unos cuantos céntimos en libra en las cosas de comer,
son apenas una cifra en la balanza anual. Para el obrero, esos
centavos acarrean, en su existencia de centavos, la privación
inmediata de artículos elementales e imprescindibles. El obrero pide
salario que le dé modo de vestir y comer. El capitalista se lo
niega.3
La
extraordinaria vigencia de este texto, incluso 125 años después de
su publicación, revela no solo el espíritu crítico y la profundidad
con que había calado en la sociedad norteamericana, sino que
evidencia el análisis realizado por Martí acerca de la esencia
explotadora del capitalismo como régimen social, y en especial, del
norteamericano –pues en ese país vivió durante tanto tiempo–;
muestra también su toma de partido a favor de los desposeídos de
siempre y su admiración por el naciente sentimiento de solidaridad
que madura y fructifica entre los obreros, en este caso entre los
huelguistas y los contratados por los dueños –como rompehuelgas–
para sustituirlos:
Toda la ciudad
está al lado de los cargadores desatendidos. ¡Con qué entereza están
llevando su mes de penuria! […] Está siendo una interesantísima
batalla.
[…] merced a
su cordura y paciencia, abandonan en masa los trabajadores nuevos a
sus empleadores, y se unen bravamente a la protesta de los
cargadores rebeldes […]4
Para concluir
esta interesante y extensa crónica –vale decir que sus trabajos
siempre aparecieron en primera plana en el prestigioso diario
bonaerense–, una vez más, Martí retoma el tema del papel que
corresponde a la prensa, para afirmar con palabras que parecen
dichas para nuestro tiempo: “La prensa no puede ser, en estos
tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de
intereses, ni mero desahogo de la exuberante y hojosa imaginación”.5
Y continúa con
su elocuente verbo advirtiendo con meridiana claridad que la prensa
ha de estar al servicio de las nobles causas y ha de estarlo plena
de creatividad:
La prensa es
Vinci y Ángelo, creadora del nuevo templo magno e invisible, del que
es el hombre puro y trabajador el bravo sacerdote. Aquí hierven, en
junto con los modernos problemas humanos, los problemas concretos de
América, y ambiciones que alarman y grandezas que deslumbran. ¿Qué
mucho que, movida del ansia de cumplir estos grandes deberes, la
pluma, a riesgo de parecer cansada, se abandone a considerarlos?6
Bellas
palabras en las que se nos exhorta a hacer arte del bueno, pero
profundo, combativo, renovador y revolucionario. Esa es también una
forma de servir, de estar junto a los pobres de la Tierra…
Notas
1 Raúl Rodríguez La O: La Argentina en José Martí. Ediciones Abril,
La Habana, 2007, pp. 29-30.
2 Ibídem, p. 186.
3 Ibídem, p. 192.
4 Ibídem, pp. 192-193.
5
Ibídem, p. 196-197.
6 Ibídem, p. 197.
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