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Miércoles, 05 de Septiembre de 2007


Con los pobres de la Tierra…

María Luisa García Moreno

En una y otra oportunidad reafirmó José Martí su vocación solidaria, su posición al lado de los humildes y desposeídos. Una de esas ocasiones tuvo lugar cuando redactó la primera crónica que publicó en el periódico La Nación, de Buenos Aires, crónica que vio la luz en la edición del miércoles 13 de septiembre de 1882 –aunque fue escrita y fechada por Martí en Nueva York el 15 de julio de ese año.

De esta forma se inició una larga colaboración de casi diez años –hasta el 20 de mayo de 1891–, con la cual, este hombre singular ofrecía a los lectores argentinos, y suramericanos en general, sus criterios acerca de los más trascendentes acontecimientos ocurridos en Nueva York. Esta primera crónica fue censurada por los Mitre, directivos del prestigioso diario, quienes así explicaron a Martí sus razones:

La supresión de una parte de su primera carta, al darla a la publicidad, ha respondido a la necesidad de conservar al diario la consecuencia de sus ideas […] Sin desconocer el fondo de verdad de sus apreciaciones y la sinceridad de su origen, hemos juzgado que su esencia, extremadamente radical en la forma y absoluta en sus conclusiones […] La parte suprimida de su carta, encerrando verdades innegables, podía inducir en el error de creer que se abría una campaña de “denunciación” contra los Estados Unidos […]1

El interesante trabajo comienza refiriéndose a la muerte de Charles J. Guiteau, autor del asesinato del presidente James Abraham Garfield (1831-1881), suceso ocurrido apenas cuatro meses después del ascenso de este  al poder. Acerca del criminal, nuestro Apóstol expresó: “Su vida fue la de una fiera cobarde, flaca y hambrienta”2 y aunque repele el acto cometido y está profundamente convencido de la maldad del asesino, su profunda esencia humanista advierte que la muerte no puede ser nunca motivo de alegría y jolgorio para los demás, por eso rechaza el “carnaval” organizado alrededor del ajusticiamiento.

Luego se adentra en la temática obrera y a pesar de la censura sufrida, la crónica aborda con crudeza la lucha entre capitalistas y obreros y se refiere a las primeras rebeliones de los trabajadores en defensa de sus derechos. Martí denuncia con valentía:

[…] Para el capitalista, unos cuantos céntimos en libra en las cosas de comer, son apenas una cifra en la balanza anual. Para el obrero, esos centavos acarrean, en su existencia de centavos, la privación inmediata de artículos elementales e imprescindibles. El obrero pide salario que le dé modo de vestir y comer. El capitalista se lo niega.3

La extraordinaria vigencia de este texto, incluso 125 años después de su publicación, revela no solo el espíritu crítico y la profundidad con que había calado en la sociedad norteamericana, sino que evidencia el análisis realizado por Martí acerca de la esencia explotadora del capitalismo como régimen social, y en especial, del norteamericano –pues en ese país vivió durante tanto tiempo–; muestra también su toma de partido a favor de los desposeídos de siempre y su admiración por el naciente sentimiento de solidaridad que madura y fructifica entre los obreros, en este caso entre los huelguistas y los contratados por los dueños –como rompehuelgas– para sustituirlos:

Toda la ciudad está al lado de los cargadores desatendidos. ¡Con qué entereza están llevando su mes de penuria! […] Está siendo una interesantísima batalla.

[…] merced a su cordura y paciencia, abandonan en masa los trabajadores nuevos a sus empleadores, y se unen bravamente a la protesta de los cargadores rebeldes […]4

Para concluir esta interesante y extensa crónica –vale decir que sus trabajos siempre aparecieron en primera plana en el prestigioso diario bonaerense–, una vez más, Martí retoma el tema del papel que corresponde a la prensa, para afirmar con palabras que parecen dichas para nuestro tiempo: “La prensa no puede ser, en estos tiempos de creación, mero vehículo de noticias, ni mera sierva de intereses, ni mero desahogo de la exuberante y hojosa imaginación”.5

Y continúa con su elocuente verbo advirtiendo con meridiana claridad que  la prensa ha de estar al servicio de las nobles causas y ha de estarlo plena de creatividad:

La prensa es Vinci y Ángelo, creadora del nuevo templo magno e invisible, del que es el hombre puro y trabajador el bravo sacerdote. Aquí hierven, en junto con los modernos problemas humanos, los problemas concretos de América, y ambiciones que alarman y grandezas que deslumbran. ¿Qué mucho que, movida del ansia de cumplir estos grandes deberes, la pluma, a riesgo de parecer cansada, se abandone a considerarlos?6

Bellas palabras en las que se nos exhorta a hacer arte del bueno, pero profundo, combativo, renovador y revolucionario. Esa es también una forma de servir, de estar junto a los pobres de la Tierra…

Notas
1 Raúl Rodríguez La O: La Argentina en José Martí. Ediciones Abril, La Habana, 2007, pp. 29-30.

2 Ibídem, p. 186.
3  Ibídem, p. 192.
4  Ibídem, pp. 192-193.
5  Ibídem, p. 196-197.
6 Ibídem, p. 197.

 

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