La frase se ha hecho popular, con su implícito el deseo de animar. Se agradece, pero hace  sonreír cuando ya se conoce un complejo diagnóstico médico y queda hecha pedazos la bien intencionada teoría sobre el poder de la mente sobre el cuerpo.

Resulta elemental, que no hay voluntad capaz de ahuyentar los procesos degenerativos del organismo humano. ¡La fuerza solo juega su rol a la hora de enfrentar síntomas, cirugías y tratamientos para llegar a una posible recuperación!

Buena experiencia para los escépticos o los pusilánimes que evaden  el más simple chequeo médico que permita frenar consecuencias graves, porque en esas citas periódicas al consultorio se conoce —a tiempo— cualquier disfunción silente.

También es errado pensar que el cuerpo avisa. Múltiples enfermedades transitan de forma asintomática hasta colapsar en una crisis, a veces, irreversible y letal. Entre muchos ejemplos, la hipertensión arterial, denominada por la ciencia tormenta silenciosa.

Los médicos insisten en los chequeos sistemáticos para determinar los índices clínicos, que incluye al estomatólogo, porque cualquier afectación bucal no detectada a tiempo puede degenerar en un proceso oncológico. Increíblemente, hay personas que prefieren sobrellevar sus malestares, a escuchar un dictamen médico.

En nuestro sector —la prensa—, el tiempo conspira contra la salud: coberturas, conferencias de prensa, cierres de publicaciones, fechas de entregas. Mientras, el mal cobra fuerzas en nuestro cuerpo,  y al final, ya no se puede continuar.

Prevención, es la palabra de orden en cuanto a salud se refiere. Saber cómo marcha nuestro organismo, es la forma real de cuidarnos y garantizar una buena calidad de vida.

Entonces, es válido el “pensamiento positivo” a la hora de enfrentar un tratamiento médico de larga duración… sin dejarse vencer.