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Cuando decidimos cooperar en vez de competir

La empatía es la razón última por la que decidimos cooperar en lugar de competir, incluso cuando tenemos una opinión negativa sobre la otra persona.

La empatía tiende a extenderse en toda la sociedad y ayuda a que el comportamiento cooperativo se imponga sobre el egoísmo.

La empatía puede ayudar a que el comportamiento cooperativo se imponga al egoísmo en un grupo social. A esta conclusión ha llegado un grupo de biólogos evolutivos de la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) tras aplicar la teoría de juegos para estudiar la cooperación.

Es más probable que cualquier persona ayude antes a alguien que considera bueno que a alguien que, según su percepción, no lo sea. La forma en que formamos estas evaluaciones morales de los demás tiene mucho que ver con las normas culturales y sociales, así como con nuestra capacidad de empatía, entendida como el ejercicio de asumir la perspectiva de otra persona.

En este nuevo análisis, los investigadores han estudiado la cooperación con un enfoque evolutivo, usando modelos guiados por la teoría de juegos, un área de la matemática aplicada que ha contribuido a comprender más adecuadamente la conducta humana frente a la toma de decisiones.

Según Joshua Plotkin, profesor en el Departamento de Biología de la Escuela de Artes y Ciencias de la Universidad de Pensilvania, estos modelos muestran que la capacidad de empatía fomenta la cooperación, y que la medida en que la empatía promueve esta cooperación depende del sistema de evaluación de una sociedad dada.

“Tener no solo la capacidad, sino la voluntad de tener en cuenta la perspectiva de otra persona cuando se formulan juicios morales, tiende a promover la cooperación”, explica Plotkin en un comunicado.

Además, el análisis del grupo apunta a una conclusión alentadora. En igualdad de condiciones, la empatía tiende a extenderse por toda la población en la mayoría de los escenarios.

La reputación y la empatía

Muchos científicos se han preguntado por qué los individuos cooperan a través de la reciprocidad indirecta, un escenario en el que una persona ayuda porque sabe que esa persona es “buena”, y no por recibir algo a cambio.

Mientras que otros estudios han asumido que las reputaciones son universalmente conocidas, Plotkin, su compañero Arunas Radzvilavicius, y Alexander Stewart (profesor asistente en la Universidad de Houston) se dieron cuenta de que esto no describía de manera realista a la sociedad humana, donde los individuos pueden diferir en su opinión sobre las reputaciones de los demás.

“En las sociedades grandes y modernas, las personas discrepan mucho sobre la reputación moral de cada una”, explica Plotkin. Los investigadores incorporaron esta variación de opiniones en sus modelos, que suponían a alguien que elige donar o no a una segunda persona según la reputación de ese individuo.

Los investigadores descubrieron que era menos probable que se mantuviera la cooperación cuando las personas no estaban de acuerdo sobre la reputación de los demás. Fue entonces cuando decidieron incorporar la empatía, o teoría de la mente, que, en el contexto del estudio, conlleva la capacidad de comprender la perspectiva de otra persona. Al hacerlo, la cooperación ganó a las estrategias egoístas.

Las normas sociales y la empatía

Para explorar más a fondo el impacto de la empatía en la cooperación, los investigadores analizaron una variedad de marcos o normas sociales que las personas podrían usar para asignar una reputación a otra persona en función de su comportamiento.

Plotkin, Radzvilavicius y Stewart descubrieron nuevamente que la capacidad de empatía importaba. Cuando las poblaciones eran empáticas, el juicio severo sobre el otro era el mejor para promover la cooperación. Pero cuando un grupo estaba menos dispuesto a adoptar la perspectiva de otro, otras normas maximizaban las tasas de cooperación.

Este resultado llevó al equipo a formular otra pregunta evolutiva: ¿Puede la empatía en sí misma evolucionar y estabilizarse en una población?. Y en la mayoría de los escenarios, la respuesta fue sí.

“Comenzando con una población donde nadie es empático, con personas que se juzgan entre sí según su propia perspectiva, vimos que al final los individuos copiarían el comportamiento de aquellos que juzgan empáticamente”, apunta Plotkin. “La empatía se extenderá, y la cooperación puede surgir”.

Futuro de la investigación: redes sociales

Los hallazgos abren una nueva área de investigación tanto para la teoría evolutiva como para los estudios empíricos sobre cómo se comportan las sociedades.

“La empatía es completamente ajena a la teoría de juegos”, dice Radzvilavicius. “Este es un nuevo nicho para que la investigación progrese en el futuro, teniendo en cuenta la teoría de la mente”.

De cara al futuro, el equipo espera continuar con estas preguntas, tal vez enfrentando diferentes normas sociales entre sí y, finalmente, probando sus ideas frente a las observaciones de personas reales, ya sea a través de experimentos que diseñen o a través de datos recopilados en las redes sociales.

“Es obvio que en las redes sociales las personas son muy conscientes de su persona pública y su reputación, y la cuidan”, explica Plotkin. “Sería fascinante analizar estas dinámicas evolutivas a medida que se desarrollan en las interacciones en línea”.

Tomado de Tendencias 21.net