La editora Juventud Rebelde regresaba a su salida diaria y el semanario financiero, comercial y turístico Opciones nacía como un aliciente económico cuando me senté en un parquecito, frente a la sede del Comité Provincial del Partido en Guantánamo, con la entonces directora de esa plataforma. De alguna manera gran parte de mi carrera profesional ha estado acompañada por el ángel de esta peculiar cubana, al punto de que, sin conocerla personalmente, no pocos en mi familia la ven como una protectora.

Creo que de muchas formas alimentó bellamente eso que llamamos el “alma” de JR con su singular carácter, lleno de cubanía, alegría, valentía y desenfado, y sus concepciones del Periodismo, que van desde la defensa de este como espectáculo y entretenimiento —recuérdese aquello del perro que hablaba—, hasta los abordajes más hondos y cuestionadores en su condición de contrapeso o contrapartida.

De alguna forma el editor que fui después se lo debo a esa impronta en el diario, en el que siempre fueron más importantes los líderes creativos que los jefes ordinarios. Ha dado brillo a casi todo lo que ha tocado en esta profesión, en la que desde hace mucho tiempo se le puede considerar como una periodista multiplataforma. Su periodismo, hondo y sensible, siempre termina pasando por el corazón. Un corazón que, como decimos los cubanos, le late precioso y preciso en el medio del pecho. Eso lo saben bien sus colegas, que la mantienen en la presidencia de la Upec, como ese ángel protector de las mejores de nuestras causas.