Por Ángela Oramas Camero

De acuerdo con el intelectual Cinto Vitier, nuestro Héroe Nacional José Martí es el misterio que nos acompaña, no permanece en el pueblo ni inerte, ni insomne.  Son varias las más importantes esculturas distribuidas en La Habana para recordarnos su presencia, especialmente su pensamiento trascendente en los siglos, como la que está alzada en la Plaza de la Revolución. Los primeros proyectos datan de 1935.

Muchas fueron las tribulaciones que antecedieron la mencionada estatua y el monumento que se yergue en este sitio. La colosal obra requería de grandes fondos, asunto bien calculado por el entonces coronel Fulgencio Batista, ideólogo de la fórmula que posibilitaría obtener millones de pesos para la supuesta inversión.

Fue así como Batista, con vistas a la recaudación del dinero, logró imponer dos veces el descuento de un día de haber a todos los empleados públicos.  Al principio de la década de 1940 quedó fijado el lugar definitivo para el emplazamiento del conjunto arquitectónico, en el área denominada Colina de los Catalanes, donde hoy se hallan las sedes del Consejo de Estado, del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el Memorial José Martí  y la Plaza de la Revolución.

También se había celebrado con mucha pompa el cuarto y último concurso para seleccionar el mejor proyecto. El primer premio correspondió al escultor Juan José Sicre y al arquitecto Aquiles Maza. Todo parecía listo para el comienzo de los trabajos, sin embargo las iniciativas quedaron archivadas por bastante tiempo.

El propio Batista, que tanto alarde hiciera sobre estos planes, nada acometió durante su mandato de 1940 a 1944. Sus sucesores en la presidencia de la república, Ramón Grau San Martín y Carlos Prío, tampoco desempolvaron los proyectos. Aunque sí hubo suficiente presupuesto para iniciar las construcciones de los edificios en áreas de la llamada Plaza Cívica, destinados al Tribunal de Cuentas, el Ministerio de Comunicaciones y el Teatro Nacional, entre otros.

Se acercaba el centenario del natalicio de José Martí y Cuba sufría uno de los períodos más trágicos y sangrientos de la historia. Batista de nuevo se encontraba en el poder, tras su golpe militar el 10 de marzo de 1952. Entre tanto, crecía la preocupación del pueblo acerca de la paralización de los trabajos del monumento al Apóstol y se reiteraba la pregunta “¿dónde está el dinero de la contribución pública?

Al dictador no le quedó otro remedio que poner en marcha el plan, cuyo compromiso había contraído hacía ya más de veinte años. Para la ejecución de la obra finalmente se escogió el proyecto premiado en el tercer lugar del último certamen, correspondiente a Enrique Luis Varela, quien había sido nombrado ministro de Obras Públicas. No obstante, la estatua fue esculpida por Sicre.

La estatua de Martí fue esculpida en mármol proveniente de la entonces Isla de Pinos, por el artista cubano Juan José Sicre (1898-1974) y se considera su obra más conocida.

El monumento tiene un diámetro de 78,50 metros y la pirámide es de 27,29 metros en su base, con una altura total de 112,075 metros desde la calle a la torre de remate. La pirámide forma una planta de estrellas de cinco vértices.  Posee un elevador interior, y una escalera de 579 peldaños. La armazón llevó 200 000 metros cúbicos de hormigón y 40 mil quintales de acero, toda revestida de 10 000 toneladas de mármol.

En cuanto a la estatua de Martí, tiene 18 metros de alto y es de mármol de la Isla de la Juventud.  Su estilo es moderno. Martí aparece sentado en actitud meditativa y envuelto en los pliegues blancos de una toga. La obra no llegó a terminarse bajo el batistato, pues dos años después del centenario del Apóstol, el monumento y las zonas aledañas se encontraban en total abandono. La yerba comenzaba a trepar hacia el obelisco cuando ocurrió el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959. Este acontecimiento trajo la esperanza de ver concluido el proyecto arquitectónico, además del homenaje político, cultural y social a nuestro Héroe Nacional.

Desde el triunfo revolucionario, ante la imagen de Martí en la Plaza de la Revolución han acontecido las más grandes concentraciones y actos populares de reafirmación patriótica, antiimperialista y revolucionaria liderados por Fidel Castro Ruz, como la Segunda Declaración de La Habana y las Marchas del Pueblo Combatiente.

En la Plaza de la Revolución la presencia simbólica de José Martí, bajo el cielo abierto, recuerda su deseo de estar “batido por las brisas/ frente al alarde de los soles plenos/ y a las calladas señas de la luna”.  Alejado del insomnio mudo y del silencio inerte. Tal como profetizara.

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