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“La historieta en Cuba goza de muy buena salud”

Afirmó el cineasta chileno Fernando de Peña en visita reciente a la editorial Pablo de la Torriente, donde dialogó sobre el estado actual de la historieta latinoamericana

Por Pablo Noa Noa

Como escapado de uno de sus guiones llegó Fernando de Peña a la editorial Pablo de la Torriente, interesado en conocer detalles relacionados con la producción y promoción de las historietas en Cuba.

Su propósito es escribir un artículo sobre el estado actual del género en la Isla. Quiere incluirlo en el primer número de una revista digital dedicada a la historieta en América Latina que espera publicar en enero de 2019.

Fernando de Peña estudió en la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de  San Antonio de los Baños, y se graduó en el 2007, como guionista de cine. Escribió el documental ‘El año cero’, presentado en varios Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano. Ahora está escribiendo un guion para un  documental que se realizará en México. La oportunidad de entrevistarlo, se pintó sola.

— ¿Por qué  la historieta?

—Soy un ferviente admirador y seguidor de las historietas. Compro muchas. La primera que conseguí se llama ’Che nada más’. Fue en el 2005. Luego las compraba donde quiera que las encontraba. Para mí fue una sorpresa, todas tenían la misma identificación: el logo o marca de la editorial Pablo de la Torriente. Conservo muchas de ellas. Por eso decidí visitarlos.

—Antes descubrí en La Habana Vieja una figura de Elpidio Valdés,  franqueando la puerta de un local. Era la Vitrina de Valonia, que no conocía. Allí  me informaron  sobre sus proyectos para promover la realización de  historieta entre los jóvenes, de hacer algo similar a lo que se hizo con la revista Cómicos, de la Editorial Pablo de la Torriente, en la década los 80 del siglo pasado.

Cuenta que en el 2002 un amigo chileno vino a Cuba por una convocatoria de dicha  editorial, para participar en un Encuentro Iberoamericano de Historietistas.

—Me confesó que fue un encuentro muy bueno, porque además de conocer e intercambiar con destacados realizadores de historietas procedentes de distintos países, tuvo la oportunidad de adquirir ejemplares de la revista teórico- informativa Estudio sobre  la Historieta Latinoamericana.

—Estos encuentros contribuyeron a reunir, consolidar y fortalecer el posible movimiento regional en torno a la creación, divulgación y comercialización de la historieta latina. También impulsó al resto de los creadores a revisar y realizar sus propias historias y, hoy día, los  pequeños grupos que existen se deben al resultado de dichos encuentros y a la revista, que dieron sus frutos, aunque han transcurrido varios años desde que ambos dejaron de realizarse.

La revista de Estudios sobre la Historieta Latinoamericana, es una maravilla, añade Fernando de Peña. “Algunos números están en Internet, pero muchos no lo conocen. Es un documento para investigadores, estudiosos y para personas interesadas en el estado, evolución y posible desarrollo de la historieta en nuestro continente”.

—Todo ello aporta al campo de la extensión científico, histórico y cultural y esa contribución se aprecia con mayor magnitud desde afuera.

— ¿Cuál es el estado actual de la historieta en nuestro continente?

—La historieta en Latinoamérica tiene muy poco público. La mayoría de los consumidores son los propios autores y algunos fanáticos. En la Vitrina de Valonia me informaron que tenían un contacto en Bruselas que les había propiciado la posibilidad de publicar una colección con obras de artistas cubanos. Es muy importante establecer colaboraciones para publicar  colecciones. En nuestros países el mercado no es suficiente para lograr el éxito (desde el punto de vista financiero) de los libros de las historietas.

—La historieta en  América Latina es un arte de resistencia, un arma política utilizada por los movimientos de izquierda. Siempre ha venido luchando desde abajo. La valoran como algo de segunda necesidad.

—Los nuevos artistas nunca saben que hizo el anterior. El arte latino vive en un permanente colonialismo. Siempre en la misma ignorancia. Los artistas siempre creyendo que están haciendo algo nuevo; nunca recurren a la investigación para conocer que se ha hecho antes y a partir de ahí crear su obra.

— ¿Esta  situación  se manifiesta  solo  en  países latinos?

—He tenido la posibilidad de asistir a algunos encuentros de latinos y afronorteamericanos dibujantes de historietas y escritores de guiones  que quieren fomentar espacios para dedicarlos a este medio de comunicación. Sostuve encuentros  en  Los Ángeles, San Francisco, California, incluso en Ohio, donde son muy fuertes los llamados ‘estados azules’, es decir que votan por Donald Trump, en pleno estado de derecha. A pesar de todo, en esos lugares hay creadores que se han unido para salvar sus orígenes, su identidad: dar a conocer la diáspora y trasmitirla a sus descendientes.

—Trabajo en colaboración con  un profesor americano, de descendencia mexicano-guatemalteca, que trabaja en  la Universidad de Ohio y tiene una importante trayectoria como investigador de los problemas de los chicanos y latinos; conoce  cómo asimilan y se identifican con los mensajes de los personajes y superhéroes de aquella cultura. Fuimos los primeros que llegamos allí preocupados por estos problemas. Así nos planteamos cómo enfocar las historietas con temas latinos y afronorteamericanos, a partir del destacado trabajo cultural que han hecho con los niños inmigrantes de cualquier país: árabes, africanos, latinos, musulmanes…No importa el lugar de procedencia, cultura ni religión. Sus programas se contraponen a la narrativa oficialista que han mantenido por años las historietas que publican  las grandes empresas editoriales capitalistas dedicadas a este género.

En estos colectivos —asegura— hay un poco de todo. El dialogo es muy abierto.Hay una dirección cultural que inevitablemente es política. Y como procedo de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, las experiencias me parecieron cercanas, precisamente por las que había adquirido durante mis estudios y contactos con los cubanos.

—Conocí a una joven que ha preparado dos antologías con obras de dibujantes e historietistas latinos y chicanos, de la diáspora. Una de ellas lleva el título de La raza. Formamos un grupo con que queremos iniciar la publicación de una revista digital, para colocar en Facebook la obra de autores de nuestra región y darla a conocer. Aunque tenemos que dirimir puntos de vistas, porque todavía hay algunos que son ‘gringocentristas’ a la hora de proponer contenidos de las historietas. Así que propuse que pongamos comics latinoamericanos.

—Los argumentos están latentes allí: el racismo y la discriminación que tienen que enfrentar los latinoamericanos en los Estados Unidos es muy fuerte, situaciones que obligan a que el tema que se aborda en sus comics sean muy locales, muy brown, muy café, como dicen ellos, donde no se refleja la experiencia blanca. Hablan de la esclavitud, de los indígenas, del colonialismo, de la explotación capitalista. Están en evidente choque cultural contra la hegemonia blanca, mucho más ahora conTrump.

— ¿Qué significa Cuba para usted?

—Tenía 20 años cuando vine a Cuba. No sabía nada. La Escuela Internacional de Cine, me cambió la vida. En Chile una carrera universitaria puede costar 30 mil  o  40 mil dólares. Para mí, San Antonio de los Baños es como una isla dentro de otra.

—Retorné a mi país y allí estuve seis años tratando de lograr un trabajo estable. No lo conseguí. Regresé de nuevo a Cuba e hice una maestría en la misma escuela de San Antonio. Aquí está la red latinoamericana con la que yo puedo trabajar. Llegué dos semanas antes del fallecimiento de Fidel.

—He  escrito tres guiones, impartido dos talleres, hecho historietas, he viajado muchísimo. Me formé en la voluntad internacionalista del pueblo cubano. No sería nada sin ella. Es la fuerza, la capacidad con la que me puedo enfrentar al mundo.

—Cuando volví a Chile, quise hacer cine. Como me fue imposible por los entuertos del sistema neoliberal, me puse a escribir guiones para historietas. Hice La Revolución Pingüina, basada en las protestas de los estudiantes para  lograr una educación gratuita. Otra en México: Lucha Libre, basada en las contradicciones de militantes y radicales; es decir, luchadores sociales y fuerzas oficialistas.

— ¿Qué piensa de la Editorial Pablo de la Torriente?

—Ante tantas  limitaciones y dificultades, la editorial Pablo de la Torriente, de los periodistas cubanos, es un ejemplo de consagración y resistencia, de la  que hay que aprender. Me gustan las direcciones hacia donde orientan el contenido de trabajo de las publicaciones que producen.

Con la experiencia obtenida del contacto con ustedes —dijo al concluir Fernando de Peña— puedo  afirmar que el estado de la historieta cubana goza de buena salud, que está viva. Es muy difícil frente a una crisis constante lograr la estabilidad y la calidad que han conseguido por más de 30 años, en los que no han dejado de publicar historietas con temas variados para todos los públicos.

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