En el recién concluido proceso de debate del proyecto de nueva constitución se ha puesto de manifiesto la capacidad y cultura política de la sociedad cubana para abordar responsablemente tan importante tarea nacional y se ha revelado el potencial participativo que tiene nuestro pueblo.

Los programas en la televisión y la radio dirigidos a explicar aspectos conceptuales, legales y procedimentales vinculados a los cambios que contempla el proyecto, han contribuido a esclarecer a la población. Hay aún insatisfacciones, pero es evidente que esta vez, los medios de comunicación tradicionales han dado mayor cobertura mediática al debate si lo comparamos con procesos similares anteriores en los que los criterios de la ciudadanía solo se conocían a través de la comunicación cotidiana entre las personas.

Una importante contribución la hizo el programa de la televisión nacional en la que se explicó el modo con el que se estaba procesando la información y que no soslayó los puntos de mayor controversia emanados del debate.

Junto con ello, se ha puesto de manifiesto una notable diferencia entre lo publicado por los medios tradicionales, prensa plana, radio y televisión y lo que ha circulado en los medios digitales visitados regularmente por personas que tienen acceso a la red y que además se interesan especialmente por estos temas, quienes obviamente no constituyen la mayoría de la población.

Los criterios que circulan en los medios digitales a que hago referencia, generados desde posiciones patrióticas, revolucionarias y socialistas a menudo tienen un rigor y enfoque sistémico que los hace ganar en profundidad y perspectiva sobre los temas que abordan. Los medios tradicionales hasta ahora han perdido la oportunidad de colocar en sus espacios importantes reflexiones aparecidas en el universo digital.

Es de notar que en los medios digitales y en general en la prensa internacional que tradicionalmente es crítica a ultranza y tergiversadora de la realidad cubana lo que predomina es el silencio; de tal envergadura, importancia y puntería política es este decisivo proceso político de discusión con toda la sociedad convertida en una gran escuela de constitucionalismo.

A la vez, el discurso político desde el Estado y el partido es todavía insuficiente en lo tocante a tocar temas controversiales con profundidad y con una perspectiva sistémica, y en algunos casos apela a formas trilladas de movilizar a uno u otro sector de la población, formas que resultan no solo ineficientes, sino contraproducentes al no tener contacto con la realidad.

Democracia es participación y el pueblo ha hablado desde todas sus capacidades, inteligencia y experiencia y en todos los espacios disponibles, desde la conversación coloquial hasta los medios digitales y de forma masiva en las reuniones convocadas en todo el país. Este proceso que ha conmovido a la sociedad cubana ha servido también para que todos cobremos conciencia sobre la importancia de las leyes, y ahora el pueblo nuevamente ejercerá su participación libre y democrática, más democrática cuanto más participativo y transparente ha sido el debate, y votará en el referéndum.

Es obvio que cualquier asunto que se ponga a consideración de toda la sociedad generará un rosario de criterios y propuestas a tono con la natural diversidad que emana de la complejidad existente en el país y que será imposible satisfacer todos los criterios, pero es obligación del partido y del Estado lograr una comunicación política de tal calidad que explique exhaustiva y profundamente, con realismo sobre el presente, pero también con perspectiva  histórica por qué la ANPP decidió la redacción que finalmente se presentará a la población. “Todo lo que hace la revolución necesita ser explicado…” señaló con acierto nuestro Presidente.

Una vez que la ANPP acuerde la forma final en la que será presentado y sometido a referéndum el texto constitucional se abrirá una oportunidad inestimable para profundizar en el papel que corresponderá jugar a la nueva constitución en el proceso de construcción social de orientación socialista en la sociedad cubana.

La batalla de ideas no puede pensarse solamente en el terreno de nuestras deficiencias, insuficiencias y errores, sin que por ello deje de prestarles particular atención.  Hay que darla también en el terreno de las soluciones que se proponen para superar la lentitud a que ha llevado la incorrecta interpretación de lo planteado por Raúl cuando habló de avanzar “sin prisa, pero sin pausa”.

En el terreno de las propuestas es tan negativo abrir paso a las soluciones viejas que no hacen sino repetir fórmulas que nos llevarían de regreso al capitalismo dependiente (solo que en condiciones aún peores), como temer a aceptar el reto de asumir con mayor flexibilidad la inversión extranjera y las soluciones económicas novedosas, y probarnos y crecer en esas condiciones sin comprometer los objetivos socialistas originales de la revolución cubana.

Y en el reto de evitar que los objetivos socialistas se vean comprometidos por los cambios imprescindibles es donde es más importante el rigor del texto constitucional, de las leyes que lo realicen en la práctica, de las formas organizativas que se adopten y la profundidad y calidad del discurso político.

El papel de la nueva constitución será el de ordenar, regular y enmarcar jurídicamente la imprescindible articulación entre los procesos económicos, organizativos, normativos y político- ideológicos, que permita avanzar en asegurar la fluidez y eficacia del metabolismo socioeconómico de la sociedad cubana para su avance y desarrollo. La tarea decisiva comenzará cuando se apruebe una nueva constitución.