¿Se ha tropezado usted con una de esas personas que cada dos palabras repite una tercera? ¿O quizás con una de esas que ignoran la riquísima variedad de nuestra lengua y repiten siempre las mismas frases?

Probablemente sí, porque abundan. No se dan cuenta de que afean su expresión por el facilismo que resulta de emplear siempre determinadas palabras y no recurrir a sus generalmente abundantes sinónimos.

Entre los muchos ejemplos disponibles tenemos el empleo abusivo del término afectación, puesto de moda tras el paso devastador de algún ciclón tropical. Se ignoran así otros términos, incluso más precisos, como daño, perjuicio, deterioro, estrago, estropicio, mal, avería, rotura y otros.

Y digo más precisos porque afectación, con esta acepción, constituye un cubanismo, recogido en el Breve diccionario de la lengua española, de nuestro Instituto de Literatura y Lingüística; mientras que el Diccionario de la Real Academia Española (2001) y el Diccionario de la lengua española (2014) solo expresan: “falta de sencillez y naturalidad”, “extravagancia presuntuosa en la manera de ser, de hablar, de actuar, de escribir, etc.”.

De igual modo, el Diccionario de sinónimos y antónimos Océano solo incluye términos al estilo de fingimiento, disimulo, doblez, hipocresía, falsedad, estudio, artificio, convencionalismo, falacia, paripé, simulación, farsa, aspaviento, que nada tienen que ver con la acepción que nos ocupa.

Otro ejemplo similar pudiera ser levantamiento —otro cubanismo, también registrado en el Breve diccionario de la lengua española y en el Diccionario básico escolar, del Centro de Lingüística Aplicada de Santiago de Cuba—, palabra que ha venido a sustituir a censo, en el sentido de padrón, lista, relación, estadística, registro; pero que tampoco está recogida con esas acepciones por los diccionarios académicos.

Y ¡claro!, el problema no está en usar o no los cubanismos, que son la sal y la pimienta que añadimos a la lengua de tantos: el problema está en abusar, en minimizar, en excluir otros términos igualmente válidos, en irnos quedando con un breve glosario que limita la infinita riqueza de nuestra lengua.

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