Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, durante una visita a la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, en octubre de 2018  (Foto: VMZ)

El viejo tren lechero llegó atrasado a Santiago de Cuba.  A bordo venían decenas de estudiantes de la región oriental para matricularse en la Universidad de Oriente. Ricardo Ronquillo Bello tuvo que hacer el viaje de pie y su padre, un hombre mayor, logró sentarse en un lugarcito que encontraron. Era su primera vez fuera de Camagüey.

Descubrió la ciudad con asombro. Las calles empinadas y llenas de comercios, el calor de aquel septiembre de 1988. Pensó sentirse fuera de lugar, como aquellos guajiros que llegan y no logran dejar de voltear la cabeza de un lado a otro. Pero cuando vio la beca le volvió el alma al cuerpo. Comprendió que la Universidad no era para finos ni recatados, y en algún momento utilizó una pizarra como puerta para el cuarto.

“Fueron años muy bonitos- recuerda de vuelta a aquella segunda casa. “Pensar que uno viene de una familia pobre, campesina, y de momento está en la Universidad adquiriendo conocimientos que casi te sacan de tu origen social, es muy grande”.

El actual presidente de la Unión de Periodistas de Cuba empezó a amar la profesión desde la radio. Vivía en un poblado del municipio de Esmeralda, muy cerca de la Sierra de Cubitas. Escuchaba un programa de Radio Rebelde que daban sobre las seis de la tarde: Exclusivo de Rebelde, donde criticaban problemas sociales. No fue cuestión de “formación vocacional”, sino de entender el valor del periodismo y “su capacidad sanadora”.

– ¿Cómo se despertó esa “vocación” por ser periodista?

– “La radio me ayudó a descubrir las enormes potencialidades sociales del periodismo, aunque curiosamente después no me incliné por ese medio, sino por la prensa escrita. Leía las columnas de opinión, que no eran muy habituales en la época. Casi se concentraban en el periódico Juventud Rebelde y otros medios muy escasos. Yo seguía el periódico porque era un referente en la década de los 80. Había un movimiento que tenía que ver con tendencias del periodismo literario, narrativo, el columnismo de opinión, la caricatura”.

– ¿Cómo veía la Universidad de aquel momento y la carrera de Periodismo?

– “Parece manido decir que la etapa universitaria es la mejor. Yo la recuerdo por un debate intelectual importante. Llegué a la Universidad cuando el socialismo parecía que estaba en la plenitud de su desarrollo y un día, allí mismo, todo un modelo socialista se cayó en Europa del Este y eso fue un shock para los cubanos y los intelectuales que nos preparábamos. Todo aquello generaba inquietudes por buscar información. Era una etapa de debates políticos. También teníamos profesores que nos despertaban esa capacidad de analizar, de preguntarnos”.

– ¿A cuáles profesores recuerda?

– “A Yamilé Haber, Rafael Fonseca, Vicente Guasch, a Lechuga. Creo que ellos le dieron a la Universidad de Oriente mucho prestigio en la formación académica. Nos formábamos para un modelo de periodismo del siglo XX que es muy diferente al que se hace en el XXI. He dicho en otras ocasiones que llegué al periodismo cuando todavía había teletipos en los periódicos”.

– ¿Y cómo se ha transformado la visión del periodismo desde entonces?

– “Cuando era corresponsal de Juventud Rebelde mi gran sueño era tener un teletipo en la casa, para poder transmitir para el medio. Si usted pone ese aparato en un barrio cubano, con las quejas sobre el ruido, nos hubieran demandado… Eran equipos muy escandalosos”.

“Ahora vivimos en una época en la que el desarrollo de las tecnologías ha cambiado radicalmente al periodismo, no solo desde el punto de vista tecnológico, sino de cómo miramos la comunicación humana. Han variado todos los códigos, y aquella idea que tuvimos durante mucho tiempo de un modelo de prensa basado en un sistema de medios estatales o públicos, realmente ha comenzado a ser desafiada por el desarrollo de tendencias que tienen que ver con el periodismo ciudadano y la desaparición del modelo mediocéntrico”.

– Retomando el aspecto de la formación profesional de los periodistas, ¿qué diferencias encuentra respecto a la formación universitaria de aquel momento y la que existe ahora?

– “Creo que la diferencia está marcada porque son otros los desafíos, atendiendo al contexto de la comunicación. En aquella época se daban asignaturas de investigación y otras más generales. Ahora se están agregando a los contenidos elementos que tienen que ver con las necesidades y transformaciones actuales”.

“Sin embargo, creo que aún se deben agregar otras asignaturas. Por ejemplo, estamos en un debate sobre los modelos de gestión económica de la prensa cubana y prácticamente no tenemos referentes teóricos de cómo resolver el tema de la economía de los medios. Venimos de una experiencia de la sustentabilidad de los medios a partir del presupuesto del Estado y tenemos que buscar nuevas fórmulas. Esto todavía no lo hemos incorporado en la forma que se requiere en los contenidos”.

“Otro tema son los modelos de prensa. Una de las tareas principales que nos dejó el X Congreso de la Upec fue la fundación de un nuevo modelo de prensa socialista, como una deuda no solo del país, sino del Socialismo. Creo que los cubanos tenemos el talento, las posibilidades, el conocimiento y un sedimento cultural e investigativo que hemos ido acumulando”.

– ¿Cómo la carrera de Periodismo pude contribuir a esas transformaciones tan necesarias?

– “En la medida que las universidades, los eventos que propicia la Upec, los cursos en el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí” y las acciones de capacitación en el país pongan en función los contenidos para la transformación de ese modelo, vamos a lograrlo. Yo siento  ahora, mirando hacia el pasado, que en aquel momento la Universidad nos dio una formación humanista, intelectual, que creo que ahora es más amplia en los planes de estudio”.

“Ha habido un debate incluso sobre la enseñanza del periodismo en la academia o a través de la práctica profesional. Pienso que la diferencia entre una y otra tiene que ver con el periodismo al que aspiramos. Si usted quiere un periodismo propagandístico, de reproducción mimética, no hace falta darles una visión científica amplia a los estudiantes. Pero si usted comprende los inmensos desafíos que hay en el aspecto espiritual y material de la sociedad, se percata de que un periodista que no tenga una formación humanística amplia no puede dar respuesta a las necesidades de nuestro tiempo. El arte del periodismo es aquel de preguntar y de preguntarse. Pero para eso debes tener dudas”.

– ¿Cómo la Upec proyecta su vinculación con las universidades y las carreras de Periodismo a partir de los desafíos actuales de la profesión?

– “En los últimos años ha ido creciendo el vínculo entre la academia y la Upec. De hecho, muchos de nuestros periodistas son profesores y participan en las actividades de superación, de debate. Ahora mismo estamos tratando de rescatar el Festival Nacional de la Prensa y ese proyecto lo están haciendo profesores de la Universidad de La Habana que colaboran con nosotros. En las provincias también existe un lazo fuerte entre la organización y las facultades de comunicación y periodismo”.

“No se puede pensar en la transformación del modelo de prensa en nuestro país sin la participación de las universidades, de los estudios que se realizan. Hemos insistido en que los medios utilicen la ciencia en función perfeccionar sus prácticas. Esa visión empírica con la que pretendíamos cambiar las cosas ya no es posible ahora”.

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