El vertiginoso desarrollo  de  la  ciencia  y  la  técnica  constituye  una importante vía para el enriquecimiento y renovación del  idioma.  Cada  nuevo  descubrimiento científico, cada nueva tecnología aporta un  importante  número  de vocablos nuevos que no pueden ser ignorados.

Algunas disciplinas que desempeñan un papel protagónico en la revolución científico-técnica que hoy enfrenta la humanidad (como la cosmonáutica —sputnik, astronauta—, la computación —software, escáner, clic— y la biotecnología —clonación, transgénico—) han aportado y aportan cada día nuevas realidades a las que dar nombre en la lengua española. También ocurre que viejas  palabras  adquieran  nuevos  significados: es el caso, solo por ejemplificar, de red  y página.

De los nuevos términos, el uso va creando derivados y así decimos cliquear, escanear; es decir, que se van creando en español términos derivados del inglés, lo cual, sin dudas, resulta un procedimiento curioso para la formación de palabras.

Lamentablemente, el inglés es el idioma de las ciencias. Lamentable, porque tras esa realidad lingüística se esconde un problema de carácter socioeconómico: el subdesarrollo a que han sido condenados por las grandes potencias los pueblos del Tercer Mundo, buena parte de ellos, hispanohablantes. Incluso, la propia España, que pertenece al Primer Mundo, marcha a la zaga con respecto a los países industrializados: China, Japón, Estados Unidos, Inglaterra —todos anglófonos o con el inglés como segunda lengua—; a ello hay que sumar el hecho de que más del 70 % de los usuarios de internet también lo son.

A veces, el vocablo empleado es innecesario, pues en español existe uno equivalente; pero en otros casos se hace necesario crear un término que llene el vacío y entonces surge un neologismo. Hay que decir, sin embargo, que no siempre ocurrió así: importantes inventos científico-técnicos de tiempos pasados fueron nombrados con elementos tomados de las lenguas grecolatinas, por ejemplo: teléfono, telégrafo, fotografía, gramófono, cinematógrafo.

El desarrollo actual exige la creación de neologismos y generalmente se opta por usar la palabra en su idioma original. Pero en ello debemos ser muy cuidadosos. ¿Por qué decir e-mail y no correo electrónico? ¿Por qué exit y no simplemente salida? ¿Por qué printear y no imprimir, o delete y no borrar o chatear y no charlar o conversar que significan lo mismo en español?

Sustituir vocablos que existen en la lengua española es atentar contra la unidad y corrección del idioma. Lo cierto es que no todos están conscientes de que el idioma es un bien cultural que debemos proteger.

Digamos como José Martí y actuemos en consecuencia: “[…] usaré de lo antiguo cuando sea bueno, y crearé lo nuevo cuando sea necesario: no hay por qué invalidar vocablos útiles, ni por qué cejar en la faena de dar palabras nuevas a ideas nuevas”.1

 

Nota

1 Leticia Rodríguez y otros: Español-Literatura 9.o grado, Pueblo y Educación, La Habana, 1991, p. 15.

 

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