El artículo 4 del Proyecto de Constitución que hoy se analiza y debate en toda Cuba dice: “Los símbolos nacio­nales son la bandera de la estrella solitaria, el himno de Bayamo y el escudo de la palma real”. Con esa ortografía aparece, además, desde la Constitución aprobada en 1976 y sus modificaciones de 1992 y 2002. En la Ley Fundamental de 1959, así como en la Constitución de 1940, se afirma: “El himno nacional es el de Bayamo, compuesto por Pedro Figueredo […]”.

Sin embargo, “La bayamesa”, como la tituló Perucho, o el “Himno de Bayamo”, como se le conoce más hoy, son nombres propios de una composición musical y, como tal, según las normas ortográficas vigentes, deben escribirse con mayúscula inicial y entre comillas.

Además, es bueno precisar que himno nacional no es nombre propio, sino genérico y no lleva mayúscula inicial, de la misma forma que no lo llevan otros genéricos: ciudad de La Habana, río Cauto, cine Yara y muchos más.

En cuanto a “La bayamesa” o “Himno de Bayamo”, escribirlo a tono con lo que la normativa ortográfica prescribe implica, además, darle el carácter que le corresponde como título original. De igual modo, incluir el título que el propio Perucho Figueredo dio a su composición es cuestión de respeto a la historia de nuestro himno y a la de nuestra nación, pues el texto de “La bayamesa” fue escrito al calor de los más puros ideales libertarios, representados en esa época por la Revolución Francesa y “La marsellesa”. Incluso, así se le dio a Perucho la indicación de escribirlo, cuando los bayameses decidieron organizarse y el abogado Francisco Maceo Osorio le dijo: “Ahora te toca a ti, que eres músico, componer nuestra Marsellesa”.

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