Los elementos compositivos o formadores de palabras onoma-, -onimia y –ónimo aportan a la palabra que se crea el significado de “nombre”.

Entre los más conocidos y con carácter de categoría dentro de la lengua están sinónimos, antónimos, homónimos (homógrafos y homófonos) y parónimos. Entre los menos, los hiperónimos —palabra formada por los elementos compositivos hiper-, “superioridad”, “exceso” + -ónimo— y los hipónimos.

Se denomina hiperónimo a aquel término general que puede ser utilizado para referirse a una realidad nombrada por un término más específico, el hiperónimo es un término más abarcador. Por ejemplo, flor es el hiperónimo para mariposa, margarita, azucena, rosa, clavel, girasol, marilope y muchas otras. De igual modo, a manera de ejemplo, familia para madre, padre, hermano, abuelo, tío, primo, pariente…; día para lunes, martes, miércoles… o también para mañana, tarde, noche…; ropa para blusa, falda o saya, pantalón, pulóver…; vivienda para casa, apartamento, chalet…

Y el asunto se vuelve complejo porque ser vivo es el hiperónimo para los términos planta y animal que, a su vez lo son para palmácea, rutácea, meliácea… y ave, mamífero, anfibio… Mientras que ave, a su vez, sería el hiperónimo de zunzún, colibrí, tocororo… y ya aquí entra el problema de las especies y la subespecies, porque existen diversas subespecies de colibríes o de palmas.

En cuanto a hipónimo —formado por los elementos compositivos hipo- “debajo de”, “escasez” + –ónimo—, por el contrario, es la palabra cuyo significado está incluido en el de otra; por ejemplo, mariposa respecto a flor o insecto.

Otras clasificaciones llevan también este elemento compositivo:

  • ecónimos. Nombres propios de los lugares habitados.
  • hidrónimos. Nombres propios de accidentes geográficos hidrográficos.
  • litónimos. Nombres propios de accidentes geográficos del litoral marino.
  • odónimos. Nombres propios de las calles y vías de circulación.
  • orónimos. Topónimos relacionados con el relieve.
  • topónimos. Nombres propios de lugares.

Están también los fitónimos —nombres comunes de las diferentes plantas— y los zoónimos —de los diferentes animales—; así como los antropónimos —nombres propios de personas—. Y, además, los seudónimos —pseudo, “falso” + ónimo.

Si lo pensamos bien, este es un tema que puede ayudar mucho a enriquecer la expresión, oral o escrita, y evitar la repetición innecesaria de palabras, porque —aunque no son sinónimos— resultan equivalentes y contribuyen a hacer más rica y variada la lengua que hablamos.

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