Los hospitales de sangre mambises

Soporte indispensable del Ejercito Libertador, los llamados hospitales de sangre mambises, itinerantes o asentados en intrincadas regiones, inscribieron su propia historia en las luchas independentistas, con el apoyo de la familia cubana.

Las avanzadas de estos hospitales ambulantes marcharon muy cerca de las tropas y cuando era necesario, trasladaban a los heridos a los lugares donde recibían mejores cuidados.

Centenares de camilleros, en su mayoría desarmados auxiliaron, a riesgo de sus vidas, a los médicos mambises que participaron en escaramuzas, combates y batallas.

En bohíos, ocultos en el monte, cientos de familias principalmente mujeres, cuidaron heridos, enfermos y convalecientes de múltiples dolencias.

A falta de otros medicamentos, aplicaban a los heridos de urgencia remedios elaborados a partir de plantas medicinales.

Los hospitales de sangre del Ejército Libertador estuvieron enclavados cerca de alguna prefectura, en lugares intrincados del monte o de la sierra.

Eran colgadizos rectangulares, techados de guano para proteger a los pacientes de la intemperie; en tarimas hechas con cujes, sostenidas por unas horquetas clavadas en el suelo, y sobre las que se colocaban colchones de paja.

Las prefecturas y subprefecturas, entre sus diversas funciones, ejercieron el control de los hospitales de sangre y les brindaron apoyo, siempre que fue posible, en el abastecimiento de víveres.

En Sancti Spíritus, Camagüey y Oriente existieron hospitales con sitios de labranzas y criaderos de aves anexas.

Como organización civil, las prefecturas y subprefecturas mambisas fueron creadas en Sibanicú, el 8 de agosto de 1869, a inicios de la Guerra de los Diez Años, y por su utilidad, restablecidas en la Guerra de 1895-1898.

Los hospitales mambises corrían el peligro de ser asaltados por las fuerzas españolas y con frecuencia eran cambiados de sitio.

Fueron más permanentes en Oriente, Camagüey y Las Villas, por lo accidentado del terreno en esas regiones, que en el resto de la Isla grande.

Hubo un importante hospital en la Sierra Maestra, permanente y seguro en el cafetal La Guásima de la Marquesa.

Rosa la Bayamesa, de Alberto Lescay.

Los hospitales de Rosa Castellanos (1834-1907) La Bayamesa, en Camagüey e Isabel Rubio (1837-1898), en Pinar del Río, ambas capitanas, salvaron muchas vidas. Asaltado su campamento, esta valiente sanitaria fue asesinada.

Mariana Grajales (1815-1893) y sus hijas, y María Cabrales (1847-1905), la esposa de Antonio Maceo, fundaron hospitales de sangre ambulantes donde fueron enfermeras. También Victoriana Nogueras (1848-1922), la esposa del después brigadier mambí Prudencio Martínez Hechavarría (1844-1919).

Dominga Moncada (1810-1905) –la madre de Guillermón- y su hija Felipa actuaron como enfermeras en las montañas orientales y fueron eficientes mensajeras.

La capitana Cristina Pérez Pérez (1848-1947), al frente de los servicios médicos del Regimiento Hatuey, trabajó en los hospitales de campaña en La Piedra, Purialitos y Jucaral, Guantánamo; organizó pequeñas producciones de medicamentos tradicionales, con plantas medicinales cuyos beneficios conocía y estableció normas sanitarias.

Ana Cruz Agüero (1840-1936), también capitana, estableció un hospital de campaña en su finca Jesús María, en La Legua, Las Tunas, donde atendía a los heridos y enfermos, y con sus propios medios les procuraba alimentos; fue una experta en el uso de la llamada medicina verde.

El general Dr. Eugenio Molinet Amorós (1865-1959) redactó una Cartilla de gran utilidad a los miembros de la Sanidad Militar, en la Guerra del 95, cuyos consejos sirvieron a las familias campesinas en su labor humanitaria de cuidar a los enfermos y heridos.

Se establecieron, sobre todo en la última guerra, farmacias con productos de la botánica criolla, entre ellas en Jiguaní, Holguín, Tunas, dos en Camagüey, Remedios, Sancti Spiritus, Santa Clara, Cienfuegos, dos en Matanzas y una en La Habana.

Comandante mambisa, única mujer con ese grado, la doctora en farmacia Mercedes Sirvén Pérez-Puelles (1872-1948), solo acompañada por su mula y un fusil, abastecía con su botiquín revolucionario a los hospitales mambises en el territorio holguinero durante la Guerra del 95.

Comentario

  1. Idalberto Aguilar Macias.

    Buen trabajo. Solo agregar que dentro de la zona oriental, también existieron hospitales de sangre en la Región de Mayarí Arriba, con mayor presencia en la Guerra del 95, diseminados en Seboruco, Mícara, Sabanilla, y en el propio Mayarí. Estos estuvieron supervisados por el gran amigo de Martí. Doctor: Fermín Valdez Domínguez.

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