José Aurelio Paz, JOPA, en uno de los espacios periodísticos de la radio.

Por Taissé Del Valle Valdés

Conservaré como una experiencia única y enriquecedora la plática que sostuve con el periodista José Aurelio Paz Jiménez, en una de las concurridas calles de Camagüey. A la también llamada Ciudad de los tinajones llegamos para participar en el I Coloquio Nacional sobre Periodismo Cultural. Y ese encuentro fue un camino sin retorno. Comparto las ideas de este hombre extremadamente humilde, natal de Ciego de Ávila, Premio Nacional de Periodismo José Martí y Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro.

“No tengo una bolita mágica. Cada periodista es un mundo y debe elaborar sus propias estrategias. El periodista no puede esperar a que le den los temas, sino salir a buscarlos. Un periodista joven tiene que ser consecuente con su tiempo. Tiene que tratar de buscar la verdad. No es que tú hagas lo que yo hice, es que repienses lo mío y lo hagas desde tu perspectiva. Todo periodista debe ser honesto en la búsqueda de la verdad.

“Me preguntaban si tenía el mismo ímpetu que antes y dije que no. El periodismo es como la vida sexual. En la adolescencia tienes la líbido y aquello de que quieres comerte el mundo, después te vuelves más mesurado. Me cuestiono si haría las preguntas tan punzantes que hice en aquel momento y me respondo que no, porque las pensaría más. Creo que el joven tiene que buscar su propio camino basado en su formación en la sociedad.

“A veces olvidamos que no eres resultado de ti mismo sino del cariño que te dio o no tu abuela, de la relación de tus padres… Dicen que los hijos son más hijos de su tiempo que de sus padres. El periodista va a responder a las inquietudes de su época en un mundo de tecnologías tan complejo, donde hay tanta diversidad de ideas. Independientemente de que el salario del periodista no es el más estimulante, de que puedan existir algún tipo de censura y de autocensura, el periodista tiene que abrirse un camino por sí mismo, tiene que lograr un lenguaje propio, una particularidad, porque la gente va a buscar firma a los periódicos.

“Lo único que no me pueden quitar es el alma de periodista. Perro huevero, aunque te quemen el hocico. El periodista tiene un poder en la mano, pero ese poder hay que manejarlo con humildad. Creo que los buenos periodistas cubanos han sido muy humildes. La mayoría de los que se han jubilado no tienen bienes materiales importantes, pero tienen bienes espirituales que nadie les quita, como haber defendido su utopía, y todo no fue color de rosa. El periodismo es una profesión de riesgo, en la búsqueda de la verdad, de los sueños y aspiraciones de los cubanos.

“Como el médico de la familia, eres periodista las 24 horas del día si logras que la gente crea en ti. Sales a la calle y quisieras entrar a un café y olvidarte de que eres periodista. No estar pensando y repensando la realidad todo el tiempo; pero alguien te llama y te dice: periodista ven acá, mira lo que está pasando. No eres una estrella de cine, eres vehículo, un espejito de la sociedad, entonces tienes que escuchar a quien te llama, aunque estés apurado. Y si no puedes solucionar su problema, o sabes que ha sido ´hipertratado´ y no te van a publicar otro trabajo sobre el asunto, de todos modos tienes que escuchar a la persona. En ese sentido, el periodista es como el médico, una esponja que lo absorbe todo.

“Tan encerrado en tu cuestionario, a veces pasa el ángel que dice Silvio Rodríguez y se va. Hay que estar  siempre a la expectativa de lo que te vas a encontrar, porque ahí hallas la piedra que nadie vio.  El periodista tiene que tener una visión particularizada, y además está expuesto a la crítica, porque publica sus errores. Entonces, tiene que ser sobre todo un cubano autentico. Y contestatario, en el sentido de no conformarse. Ser agudo y no ingenuo.

“Martí tiene que ser siempre el paradigma: tiene que haber equilibrio entre el látigo y el cascabel. A veces los periodistas nos vamos al látigo o al cascabel. Para la construcción del periodismo, el corazón es la sala de redacción y la impresión del periódico está en la mente. Si tienes mucho en la cabeza, pero poco en el corazón, de nada sirve. Sobre la moda, decía Martí, que el vaso no sea más que la flor, así que el periodista no debe ser más que la noticia, sino un  reservorio, un  sostén de la noticia, que puede ser la flor”.

José Aurelio Paz firma sus críticas culturales como JOPA y labora en el periódico Invasor de Ciego de Ávila entre otros espacios. Es un personaje no grato para muchos artistas y sus rencillas le han legado el sobrenombre de José Aurelio-Paz con nadie.

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