Revista Bohemia, Edición de la Libertad, de 1959

Tras ser liberados del presidio, Fidel y sus compañeros llegaron a Nueva Gerona y allí, el líder revolucionario ofreció una entrevista a la prensa y entregó el “Manifiesto al pueblo de Cuba”, texto de clara filiación martiana, en el que recordaba que el Apóstol había definido que “[…] o la República tenía por base […] la pasión en fin por el decoro del hombre, o la República no valía una lágrima de nuestras mujeres, ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”.[1] De igual modo, aseguraba la disposición de sacrificio de los moncadistas: “Nosotros sabremos cumplir con el deber que demanda la patria. Nuestra libertad no será de fiesta o descanso, sino de lucha y deber, de batallar sin tregua desde el primer día, de quehacer ardoroso por una patria sin despotismo ni miseria, cuyo mejor destino nada ni nadie podrá cambiar”.[2]

La presencia de Fidel en las calles era causa de regocijo; en la noche, una multitud se congregó en el muelle para despedir a los moncadistas, que partían en El Pinero. Cuando este desatracaba, se escucharon las vibrantes notas de nuestro himno nacional. Esa noche, Fidel no descansó: después de tanto silencio, anhelaba conversar con sus compañeros; fue entonces cuando se tomó el acuerdo de nominar la organización que preparaban como Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Cuando arribaron a Batabanó, el pueblo les ofreció una cálida recepción: habían acudido al lugar familiares, amigos, simpatizantes y combatientes. Todos querían estrechar sus manos, darles un abrazo e intercambiar alguna idea.

Fidel y sus compañeros tomaron el tren con destino a La Habana. En la Terminal de Ferrocarriles, el gentío se aglomeraba emocionado. Les esperaban representantes de la Ortodoxia, la FEU, el Frente Cívico de Mujeres Martianas; combatientes del 26 de julio y otros jóvenes revolucionarios; madres de revolucionarios caídos y pueblo, en general.

Temprano en la mañana arribó el tren y, aún en marcha, se abalanzó sobre él un mar de personas, que sacó a Fidel por una ventanilla y lo paseó en hombros por el recinto. Las madres de los mártires del Moncada desplegaron una bandera cubana y las notas del “Himno de Bayamo” inundaron el lugar, entonadas por aquel coro gigante.

Al fin pudo Fidel llegar a la calle y trasladarse hacia el apartamento preparado por sus hermanas, en 23 y 18, en el Vedado, que resultó pequeño para contener el gentío. Allí lo esperaba también el coronel Orlando Piedra, jefe del Buró de Investigaciones, quien le tendió la diestra en saludo; pero Fidel rechazó aquella mano manchada de sangre.

Mientras, otros presos políticos fueron liberados del diferentes prisiones y regresaron del exterior numerosos exiliados. Muchos estaban ya comprometidos con el movimiento lidereado por Fidel; otros se acercaron a él.

Por su parte, el joven revolucionario comenzaría su batalla cívica: habló el 19 de mayo en un mitin; el 20, la policía le impidió asistir al acto convocado por la FEU en la escalinata, en el cual los estudiantes fueron agredidos por los uniformados; pero aparecieron en la prensa sus declaraciones: “Persistimos en nuestros propósitos de unir todas las fuerzas morales del país para exigir con el respaldo unánime del pueblo una salida decorosa y sin sangre a la trágica situación cubana aun cuando el gobierno se empeña resueltamente en cerrar todos los caminos de paz”.[3]

Claro que el dictador Fulgencio Batista no estaba dispuesto a permitir tales libertades: Fidel no era un enemigo pequeño; su prestigio y popularidad crecían con cada palabra y hasta con cada agresión sufrida por los recién liberados. La policía los asediaba: Pedro Miret Prieto fue apresado; se libró orden de detención contra Raúl Castro; el estudiante Jorge Valls recibió una golpiza y fue acusado de terrorismo. El periódico La Calle del 25 de mayo, presentaba en primera plana el siguiente titular: “Pese a la amnistía, ya están llenando de nuevo las cárceles de presos políticos” y el 28, publicó: “Sigue el predominio del fusil sobre la idea”, declaraciones de Juan Nuiry.

La revista Bohemia dio a conocer la respuesta de Fidel a las mentiras acerca de lo ocurrido el 26 de julio, divulgadas por Chaviano: “¿Qué quiere pues Chaviano?, ¿qué narre los crímenes espeluznantes que se cometieron con los prisioneros?, ¿qué hable de los ojos arrancados y de los hombres enterrados vivos?, ¿qué señale por su nombre a cada uno de los asesinos? […] No importa que nuestras manos estén sin armas. Hoy somos columnas morales de la patria y, como columnas, nos desplomaremos antes que doblegarnos. […]”.[4]

De igual modo, se desató una campaña calumniosa contra los asaltantes, de la cual se hicieron eco publicaciones como Ataja y Alerta, al servicio del gobierno. El 30 de mayo, Fidel dio respuesta desde las páginas de La Calle, en un artículo titulado “Chaviano, el provocador”, su primer trabajo para este modesto diario.

La dictadura planeaba descabezar aquella pujante fuerza con el asesinato de su líder: sus voceros divulgaron la noticia de que Carlos Prío planeaba asesinar a Fidel: no era más que una cortina de humo, con la que el régimen trataba de evadir su responsabilidad. La respuesta de Fidel fue tajante: “Batista, […] los elementos gangsteriles que están a su servicio, serán los únicos responsables de mi muerte”.5

Juan Manuel Márquez, miembro de la dirección del Partido Ortodoxo, el 5 de junio resultó víctima de una brutal golpiza, que lo  obligó a ingresar en la clínica Santa Emilia para reponerse de las lesiones.

En la noche siguiente, Fidel se dirigió a Unión Radio, para leer un documento en la Hora Ortodoxa; pero el programa había sido suspendido por una semana —lo mismo le ocurriría poco después en la televisión. Sin embargo, La Calle publicaría ese texto el 8, bajo el título de “Lo que iba a decir y me prohibieron”; el día anterior había incluido el artículo “Manos asesinas”, escrito en respuesta a un amenazante discurso pronunciado por Batista en el Comodoro Yatch Club; el 9 saldría “¡Estúpidos!”, en el que condenaba la agresión a Juan Manuel Márquez, a quien había visitado en la clínica y captado para su organización; el 11, “Frente al terror y frente al crimen”, denuncia del asesinato del combatiente de la Guerra Civil Española y opositor al cuatelazo Jorge Agostini. Todos esos artículos son de la autoría de Fidel.

Las presiones, amenazas, golpes y asesinatos evidenciaban la imposibilidad de solucionar los problemas que enfrentaba el país mediante la lucha cívica: había llegado el momento de reorganizar y consolidar el movimiento revolucionario.

En la noche del 12 de junio, en la casa situada en Factoría no. 62, en la Habana Vieja, se reunió un grupo de revolucionarios citados por Fidel para constituir la dirección nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, cuyo nombre —acordado cuando la salida del presidio— se adoptó oficialmente en esta ocasión. Se crearon varios frentes: económico, propaganda, acción, juvenil y obrero; esta estructura se extendería a cada provincia y municipio, donde se realizarían las captaciones y se crearían numerosas células. En la dirección nacional, además de Fidel, quedarían Pedro Miret, Ñico López y Faustino Pérez, entre otros. Ese día se decidió que Fidel partiría hacia México para preparar el contingente que reiniciaría la lucha armada contra la dictadura.

Mientras tanto, Fidel escribió un nuevo artículo: “Aquí ya no se puede vivir”. Lo llevó a Bohemia; pero su director se negó por temor a las represalias. En cuanto a La Calle, las fuerzas policiales, tras asaltar el local del periódico y llevar presos a algunos empleados, fue clausurado. En las prensas quedó el artículo de Fidel, que no sería conocido hasta después del triunfo de la Revolución.

El jueves 7 de julio, partiría Fidel hacia México. Antes de embarcarse en la nave de Mexicana de Aviación, dejó una carta en la que explicaba sus razones: “Me marcho de Cuba, porque me han cerrado todas las puertas de la lucha cívica”.[5]

[1] Fidel Castro: “Manifiesto al pueblo de Cuba”, La Calle, 16 de mayo de 1955, en Antología de documentos y discursos, t. 1, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2016, p. 80.

[2] Ibídem, p. 82.

[3] La Calle, 21 de mayo de 1955.

[4] Fidel Castro: Mientes, Chaviano”, revista Bohemia, 29 de mayo de 1955, en Antología de documentos y discursos, t. 1, ob. cit., p. 84.

[5] Fidel Castro: “Declaración al salir de Cuba”,  7 de Julio de 1955, en Archivo Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado (OAH).

 

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