El Departamento de Estado y la teoría de los puercos voladores

Por Sergio Alejandro Gómez                           Ilustración: Aldo Cruces/ Dominio Cuba

Al menos esa es la premisa entre los científicos que no se dejan llevar por teorías exóticas y especulativas.

Sin embargo, el Departamento de Estado norteamericano intenta lograr precisamente lo contrario: convencer al mundo de que los síntomas supuestamente presentaron un grupo de sus diplomáticos en La Habana fueron provocados por ataques con armas desconocidas para la ciencia, capaces de violar las leyes de la física.

En menos de 24 meses, sus hipótesis han pasado por “ataques acústicos”, virus, daños cerebrales difusos y armas de microondas. Todo sin una sola evidencia que lo soporte.

Es decir, quieren hacer creer que los puercos vuelan y ni siquiera muestran la foto que lo demuestre.

“¿Cómo es posible afectar selectivamente el cerebro sin afectar la piel o sin lesionar músculos que son muy sensibles a las microondas?”, se pregunta Mitchel Valdés-Sosa, director general del Centro de Neurociencias de Cuba y miembro del Comité de Expertos cubanos que se estableció para estudiar las alegaciones estadounidenses, en conversación con Dominio Cuba.

Valdés-Sosa es muy crítico del artículo publicado el sábado 1 de septiembre que lanza la teoría de las armas de microondas como la “principal sospechosa” de los síntomas alegados por el Departamento de Estado, que van desde mareos y dificultades para conciliar el sueño hasta pérdida auditiva y daño cerebral.

“Un científico de la Universidad de Pensilvania, Kenneth Foster, apunta que tendría que ser un emisor, una parábola grandísima, y la persona meter la cabeza adentro” para lograr ese tipo de daño, precisa el experto cubano.

“De la misma forma que se desbarató la hipótesis de que esto era un arma sónica, porque las leyes de la Física no permiten concebir una transmisión de sonido que pueda lesionar el cerebro, es muy difícil tener una explicación lógica con las microondas”, añade.

La comunidad científica respalda sus aseveraciones. La prestigiosa publicación de ciencia Nature publicó recientemente un artículo de Sharon Weinberger sobre el progreso en el desarrollo de las armas de microondas. Titulado “Armas de microondas: energía desperdiciada”, concluye que “a pesar de 50 años de investigaciones sobre microondas de alta potencia, el Ejército de los Estados Unidos todavía no cuenta con un arma funcional”.

Valdés-Sosa pone en duda incluso la premisa básica de todo el caso: que todos los diplomáticos están enfermos y existe una causa común para ello.

Un artículo con esa tesis fue publicado en febrero pasado por la Revista de la Asociación de Medicina Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés) y ha recibido fuertes críticas, dentro y fuera de Estados Unidos, por su falta de rigor científico.

“Lo que se ha visto en las personas que supuestamente están involucradas en los hechos son dolores de cabeza, trastornos del sueño, mareos; es decir, síntomas muy generales que prevalecen en la población de Estados Unidos”, señala Valdés-Sosa.

El experto cubano apunta que ese tipo de síntomas son aún más comunes en individuos sometidos a altas dosis de estrés, como es el caso de una Embajada. El sociólogo médico del Botany Downs Secondary College de Nueva Zelanda, Robert Bartholomew, también aboga por no descartar la posibilidad de que se trate de una enfermedad psicogénica masiva (conocida también como histeria colectiva).

En un reciente artículo, Bartholomew señala que las alertas del Departamento de Estado están basadas en efectos vagos como mareo y dolor de cabeza, dos síntomas que están entre los padecimientos médicos más comunes en el mundo.

“El mal manejo de este caso por parte del Departamento de Estado es una receta para que lo que llamo el susto de los ataques acústicos o el pánico a las microondas”, afirma.

“Los Estados Unidos tienen más de 300 embajadas físicas, consulados y misiones diplomáticas alrededor del mundo, con miles de empleados, desde Afganistán a Zimbabwe. Todos ellos están ahora en la búsqueda de vagas señales de enfermedad relacionadas con el sonido”.

Bartholomew considera que este es un escenario clásico de histeria colectiva, y el terreno “ha sido preparado” para futuros ataques por la vía de la “sugestión masiva”.

Si el Departamento de Estado no actúa con seriedad, no se puede descartar que amanezca cualquiera de estos días con más de un puerco volando por encima de sus oficinas en Washington.

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