Por Ángela Oramas Camero

“El Vedado de mi infancia era un peñón marino sobre el que volaban confiadas las gaviotas y en cuyas malezas crecía silvestre y abundante la uva caleta.  Las cercas eran de tunas espinosas, el aire lo poblaban las auras tiñosas, los totíes, los gorriones, las bijiritas y los sinsontes y en las furnias gigantescas de la orilla derecha del Almendares, de las que serían la calle 23 y la calle 15, anidaban las iguanas, los hurones y las ratas.  Los gatos jíbaros salían de noche y todavía al amanecer y poco antes de llegar la noche, atravesaban por el cielo bandadas de palomas rabiche y por el norte aparecían en invierno bandos de patos de la Florida”, así contó Renée Méndez Capote cómo era El Vedado a comienzos del siglo XX.

El lunes 9 de septiembre de 1569 las autoridades coloniales dieron a conocer que el monte próximo a La Habana quedaba vedado al pastoreo del ganado y  a la apertura de senderos. La orden se efectuó con miras a que se borraran los caminos y con ello se dificultaría la entrada de los corsarios y piratas, por sorpresa, a la villa San Cristóbal de La Habana.

Cuando se funda La Habana en 1519, todo el territorio ocupado por el bosque, que tras la prohibición de deambular por él fue llamado Monte Vedado, se hallaba tupido de árboles de madera preciosa como caoba, roble y cedro. Años después, comenzaría la tala de aquella fabulosa arboleda para la construcción de puertas y ventanas de las residencias habaneras o para el monasterio de los reyes, El  Escorial, en Madrid, y la fabricación de barcos.

La construcción de El Escorial, con más de mil puertas, ventanas y adornos de madera, duró 20 años y en 1563 fue inaugurado por el rey Felipe II. Ya en el siglo XIX Monte Vedado se halló dividido en grandes barriadas denominadas El Vedado, El Carmelo y Medina. Hoy en la calle Línea y J encontramos la estatua de Francisco Frías y Jacott (1809-1877), Conde de Pozos Dulces, agrónomo y publicista, a quien se le debe el diseño urbanístico de El Vedado.

En el ensayo El Vedado 1850-1940, de monte a reparto, de Jorge Pavez Ojeda, leemos que en 1858, el Ayuntamiento de La Habana “ aprueba la parcelación de la Estancia El Carmelo, propiedad de José Domingo Trigo y Juan Espinosa, que comprende 105 manzanas.  Al año siguiente , Francisco Frías y Jacott, Conde de Pozos Dulces y sus hermanas Dolores y Ana  obtienen la autorización para la parcelación de su finca de El Vedado, que incluye 29 manzanas, entre las cuales se encuentra su residencia ( entre 11,13,C y D).” Y, en 1883 se aprueban los planos del reparto Medina.

Por su lado, el Historiador de La Habana Emilio Roig de Leuchsenring, señaló: “Las manzanas median uniformemente 100 metros por cada costado, y por primera vez se introdujo el uso, muy racional,  de números y letras para distribuir las calles, en lugar del antiguo, indudablemente más pintoresco, que se empleaba en La Habana Vieja y sus ampliaciones”.

Con el proceso de urbanización se fueron perdiendo las identificaciones de los principales territorios: El Carmelo, El Vedado y Medina, para finalmente nombrase El Vedado.

Esta barriada ecléctica alcanzó su mayor esplendor arquitectónico a partir de 1902, con la proclamación de la República, pues fue el sitio escogido por la burguesía habanera para construir sus moradas, de gran belleza, además del  surgimiento de obras monumentales con diversos estilos y usos, sin olvidar los parques arbolados, las atractivas avenidas como la de Línea y la de 23. En esta última se encuentra La Rampa, que hasta hace poco se le llamaba el corazón de La Habana, así como el Malecón donde suele reunirse especialmente la juventud durante las tardes y noches. También es sitio de pescadores que lanzan los cordeles con anzuelos hacia las aguas desde el emblemático muro.

En El Vedado se encuentra además una de las cuatro necrópolis más célebres del mundo por su belleza arquitectónica y escultórica (lo último devino en museo a cielo abierto), y gran extensión territorial: El Cementerio de Colón, al cual dio origen el arquitecto gallego Calixto Loira Cardosa con el proyecto Pallida Mors.  El lunes 30 de octubre de 1871, en el sitio donde se edificaría la portada principal, Loira colocó la primera piedra inaugural de la construcción de esta fastuosa necrópolis cubana.

Según la escritora Renée Méndez Capote, “hasta la segunda intervención norteamericana (1906-1909) no se metió el Vedado a barrio residencial de moda.  Entonces empezó a ser el sueño realizado de los nuevos ricos, que con la subida de los liberales al poder, empezaron a transformar la vida criolla.”

Otros textos destacan el nivel de higiene que mostraba El Vedado. Hoy, con pena, lo observamos muy diferente: es característico el cúmulo de basura y desechos de todo tipo en muchas de sus esquinas, a lo cual se unen aguas albañales que recorren orillas de calles y avenidas.

Distribuidos a todo lo largo y ancho de esta barriada costera, entre los edificios que más llaman la atención distinguimos La Universidad de La Habana, Focsa, Hotel Nacional, López Serrano, auditórium Amadeo Roldan (sometido  a reparación en la actualidad), Restaurante 1830, la heladería Coppelia, el Castillo del Príncipe, etc. Y en la Plaza de la Revolución resalta el monumento a José Martí.

Deja un comentario

Cubaperiodistas se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.